Cultura>>

Comunidad Las Terrazas
Proyecto de altura (I)

Tomado de Bohemia


Radiografía de un barrio en la montaña a punto de cumplir 35 años como proyecto ecológico y social, que ha echado mano al turismo para alcanzar la autosuficiencia
Por: ARMANDO PÉREZ FERNÁNDEZ

Aproximadamente media docena de kilómetros antes de llegar nos dimos de bruces con una estación de peaje. Nos identificamos. "Sí, Freddy los está esperando", nos comunica uno de los jóvenes encargados del lugar.

Continuamos camino por la carreterita ultramontana flanqueados por una tupida vegetación que se enmaraña más y más cuanto más se interna la vista en la campiña. Los verdes, carmelitas, rojos, amarillos del follaje no escatiman tonos, van desde el tenue a los muy intensos y los árboles crecen vigorosos, agarrados firmemente de sus raíces a las laderas de las montañas.

El canto de las aves le da un matiz sonoro al denso susurro del monte, que nos llega preñado de aromas frescos. Olores a los que no estamos acostumbrados en la ciudad.

De ayer y de hoy

Según me cuentan, esta naturaleza no siempre tuvo el mismo vigor que viste hoy. La deforestación una vez se cebó en este lugar. Fue necesario crear un proyecto que permitiera poblar el lomerío. En 1968 se comenzó la recuperación del bosque en un área de 50 kilómetros cuadrados. A través del sistema de terraceo se plantaron varias especies de árboles maderables en estas lomas, y se instauró un sistema de protección de plantas y animales que habían sido blanco de la expoliación.

Pero hubo más. A la par se concibió construir una comunidad para los guajiros de la zona, donde pudieran gozar de las ventajas de vivir en sociedad, con todos los servicios al alcance de la mano. Ya no hubo que caminar leguas hasta la escuelita, por ejemplo; y el médico ahora sí les quedaba "al cantío de un gallo". Además... ¿quiénes iban a ser los sustentadores del cambio?, se preguntaron los promotores.
Al frente del proyecto desde el primer momento, Osmani Cienfuegos es el padre de la criatura y hoy todavía su tutor. De ahí que por antonomasia en muchos lugares se le conoce a este enclave como "Plan Osmani". Pero en realidad se llama comunidad Las Terrazas, también por antonomasia del sistema de repoblación empleado.

El pobladito es de lo más vistoso que he visto. Un puñado de casitas blancas de techo de tejas rojas, cuelgan de las laderas de las montañas, entre palmas, mangos, naranjos, almácigos y algarrobos forrados de curujeyes. En la disposición de las viviendas también se empleó el sistema de terrazas siguiendo las curvas de nivel del lomerío. De modo que de forma caprichosa están sucediéndose escalonadas. A medida que te adentras vas ascendiendo hasta llegar a la plaza de la comunidad. Un lugar, con fuente incluida, donde se asienta la red de servicios del pueblo y el centro de la vida social. Eso lo veríamos después. Ahora estamos por llegar.

Llegamos al Complejo

Seguimos por la zigzagueante carreterita. Cruzamos el arroyo Pedernales y pasamos frente a la Estación Ecológica, una institución fruto del cambio encargada de velar por el equilibrio natural del entorno. Más adelante sobrepasamos el río San Juan y el primer desvío a la derecha nos lleva a las oficinas del Complejo. Desde aquí se administran todos los servicios que dan sustento al proyecto. Llegamos a las once de la mañana. Freddy nos espera desde temprano.

El Complejo es una empresa gestora de todo el desarrollo alternativo que ha tenido lugar en los últimos ocho años. A principios de la década de los 90 se comenzó a amasar la idea de aprovechar los bellos escenarios del lugar para crear espacios al turismo.

En 1994 cuajó la idea y se creó oficialmente el Complejo Turístico Las Terrazas. Un cambio importante en la vida social y económica de la pequeña ciudad serrana, que a partir de ese momento asumió el reto de la autogestión y, sobre todo, de ser rentable.

Freddy, Jorge Freddy Ramírez -melena por los hombros, mirada cansada, hablar pausado y seguro- es el director del producto turístico del Complejo. Él tiene en sus manos parte de lo que más vale y brilla por estos contornos: lugares paradisíacos, paisajes esplendorosos, flora, fauna, todo lo necesario para ser un destino de puntería. Sin embargo él lo asume y lo valora de otra manera.

"Somos más que un proyecto turístico, un proyecto social que basa su supervivencia en el manejo de recursos turísticos sobre bases sostenibles. El turismo es solo una justificación, viene siendo como la gallina de los huevos de oro, que resuelve el problema económico."

El objetivo principal de todo este engranaje montado es alcanzar la equidad social y calidad de vida de los pobladores de la comunidad, a través de derechos prioritarios para los ciudadanos. "Sobre todo a disfrutar y a percibir beneficios en el orden material y espiritual en correspondencia con la gestión que hacemos nosotros de los recursos que atesora el lugar en el orden cultural, medioambiental, histórico y social", argumenta Freddy en clave.

Para que se entienda mejor. Por ejemplo, entre otras facilidades de orden material, en cuanto a electricidad, plomería, carpintería y otras reparaciones, no tienen mayor preocupación. Cualquier avería es diligentemente atendida, canalizada y resuelta por la dirección del Complejo. Eso sí, nadie puede alterar las construcciones por su propia cuenta, de hecho está prohibido cualquier tipo de edificación o ampliación. Esta es una comunidad que tiene una integridad urbanística que hay que respetar. Pero lo cierto es que desde que se fundó en 1971 no se ha puesto un ladrillo más para vivienda.

En buena hora va a llegar la ansiada ampliación. Está previsto que se construyan 20 casas más. A muchas familias les resultan pequeñas las suyas, algunas de dos habitaciones, puesto que se ha producido un crecimiento natural, incluso como efecto positivo de la estabilidad que ha producido el turismo en la comunidad.

"Hay que destacar que cuando se está vendiendo Las Terrazas -se me adelanta Freddy- se está vendiendo un entorno protegido, biodiversidad, valores naturales, históricos, atractivos recreativos. Cuando se 'venden' esos servicios hay una resultante económica, un ingreso en divisas que se revierte también en quienes prestan esos servicios. Al medio ambiente por un lado y a la sociedad. De ahí el ciclo cerrado que contribuye a aliviar al Estado la carga que constituye una comunidad." Desde 1995 no reciben ni un solo centavo del Estado.

Tomado de Bohemia