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La gran aventura del libro
Por Fernando Rodríguez Sosa
Fotos: Celso Rodríguez



Mil millones de ejemplares impresos desde 1959 confirman la validez del programa editorial cubano

"EL escritor, antes del triunfo de la Revolución, tenía que costear la edición de sus libros, distribuirlos… y recogerlos, al cabo de algún tiempo, cuando estos, por la indiferencia general ante la producción nuestra, no se habían vendido". Con tales palabras, el narrador, ensayista, musicólogo y periodista Alejo Carpentier caracterizaba, en una ocasión, el panorama editorial cubano anterior a 1959.

De entonces a acá, ha pasado casi medio siglo. Cuba y el mundo han cambiado. La mayor de las Antillas se ha convertido, en estas últimas décadas, en paradigma de inimaginables transformaciones en más de una esfera del quehacer humano. Y el libro, a pesar de las fatalistas teorías que hoy anuncian su desaparición ante las nuevas tecnologías, sigue siendo -al decir de un antiguo proverbio ruso- como el agua, que por doquier se abre paso.

De un país en que publicar un libro, y leerlo, era casi un lujo, Cuba ha logrado la hazaña de convertir tan valioso vehículo del conocimiento en el centro de la atención de millones de sus habitantes. Así, en el año 2001, se publicaban 1 831 títulos, con una tirada superior a los 18 millones de ejemplares. La historia de tal proeza, y los retos de los próximos tiempos, bien merecen ser contada.

La verídica historia

La imprenta llegó tardíamente a Cuba. Fue hacia 1720, más de un siglo después de su introducción en otros países del continente americano, para así convertir a La Habana en la séptima ciudad bajo el dominio colonial español en contar con tan novedosa técnica. Ya tres años más tarde, en el taller del flamenco Carlos Habré, aparecía el primer impreso de que se tiene noticias: Tarifa general de precios de medicinas.

El desarrollo de la imprenta, en los siglos posteriores, no significó, necesariamente, el desarrollo del libro. Hasta la segunda mitad de la pasada centuria, salvo raras excepciones, los libros de autores cubanos se imprimían en el extranjero o, en la Isla, en exiguas ediciones costeadas por los propios escritores. No era imprescindible, tampoco, atesorar un amplio catálogo, pues el alto índice de analfabetismo no exigía una elevada producción editorial.

El crucial año 1959 inauguró una colosal cruzada en favor del libro y la lectura. Son bien conocidos los hitos de esa historia: la creación, ese propio año, de la Imprenta Nacional de Cuba; la publicación, en 1960, de 100 000 ejemplares de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra; la realización, en 1961, de la Campaña Nacional de Alfabetización… Acciones que, poco a poco, cimentaban un sistema que revolucionaría, hasta índices nunca imaginados, la producción editorial de la Isla.

Un futuro esperanzador

El Instituto Cubano del Libro (ICL) fue fundado en 1967. Además de las ocho editoriales a su cargo, entre otras funciones dirige 14 Centros del Libro en el territorio nacional. Y, quizás lo más importante, es la institución rectora de la edición, comercialización y promoción de libros y publicaciones seriadas, producto del empeño de las 130 editoriales y las 700 revistas existentes.

El poeta y narrador Edel Morales se desempeña, desde el verano del 2000, como vicepresidente editorial del ICL. Por su doble condición de escritor y funcionario, resulta una voz autorizada sobre el tema. En su criterio, el libro cubano se enfrenta hoy a dos coyunturas contrastantes: el enorme crecimiento de la producción de la década de los 80 de la pasada centuria y la profunda crisis de los 90.

-El libro -comenta-, en la actualidad, ha elevado su papel social y se ha convertido en un elemento esencial de la política del país. Puede afirmarse, sin temor, que el estado de la producción es favorable y en pleno crecimiento. A ello ha contribuido el esfuerzo de las editoriales y el apoyo financiero brindado para la impresión por el estado cubano.

Se refiere, igualmente, a dos programas que han potenciado la difusión del libro: el impulso dado, en sus últimas ediciones, a la Feria del Libro, ya extendida más allá de la capital, y el crecimiento de las ediciones territoriales. Sin olvidar, por supuesto, otras acciones dirigidas a perfeccionar los eslabones que permiten hacer un libro y estimular la creación intelectual de los más de 10 000 autores con que cuenta la nación.

-La industria -concluye- está en disposición de satisfacer la demanda de autores cubanos y recuperar la publicación de escritores extranjeros y de los clásicos. El esplendor del libro, sin embargo, no estará, como en los años 80, en el número de títulos y de ejemplares impresos, sino en una coherente política editorial, que dé respuesta a las necesidades de la sociedad. De ahí que el futuro sea esperanzador.

Leer es crecer

Como una gran fiesta del libro y la literatura, puede catalogarse la XII Feria Internacional del Libro de La Habana. Del 30 de enero al 9 de febrero del 2003, en el Parque Morro Cabaña, y luego, hasta el 2 de marzo, en 30 ciudades del país, esta edición tuvo como invitados de honor a los países andinos y se dedicó a homenajear a Pablo Armando Fernández, Premio Nacional de Literatura 1996.

El balance de estas jornadas es harto elocuente. Se comercializaron aproximadamente tres millones de ejemplares, con ingresos que sobrepasan los 15 millones de pesos; se llevaron a cabo 1 537 presentaciones de libros, de ellas 368 dedicadas a niños y jóvenes; se organizaron 494 encuentros literarios y 2 366 representaciones artísticas, y más de tres millones 400 000 visitantes asistieron a los recintos habilitados en todo el país.


Mas, el alcance y trascendencia de estas citas anuales, no puede solo medirse por esas sorprendentes cifras. Su real significación está más allá, en el interés que, en niños y jóvenes, despierta el libro. Un interés que reconoce el valor que, para el conocimiento y entendimiento del mundo, encierran las páginas de tan necesarios instrumentos de enseñanza y disfrute.

Esfuerzos y empeños

Como el principio de una nueva forma de acceso al libro, calificaba el Comandante en Jefe Fidel Castro, en la inauguración, en abril del 2002, de la Imprenta Alejo Carpentier, la Biblioteca Familiar. Una novedosa experiencia que ponía, a disposición de los lectores, 25 obras clásicas, de autores de dentro y fuera del país, en una masiva tirada de 100 000 ejemplares.

Mas, la Biblioteca Familiar no es, en realidad, un hecho aislado. Es una fehaciente muestra de los esfuerzos y empeños del actual renacer del libro cubano. Ese que abarca otras muchas líneas de desarrollo, desde la garantía de los textos necesarios para la educación hasta la búsqueda de nuevos mercados y vías de promoción internacional de las ediciones de la Isla.

Mil millones de libros han sido impresos, desde que Don Quijote y Sancho Panza comenzaron a contar sus aventuras a los cubanos. Así se iniciaba otra gran aventura, esa que, con éxitos y reveses, han protagonizado escritores, editores, diseñadores, ilustradores, impresores, libreros, lectores… Esa aventura que, aún hoy, cautiva y enriquece a quienes hojean las páginas de cada nuevo libro.

(Tomado de Cuba Internacional)