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Museo Nacional de Bellas Artes
El sueño cumple un año
Por Shelly P. Mayán


Es el principio de una tarde aciaga de julio que cae plomiza sobre La Habana, y empiezo a temer que con esos truenos no encontremos a nadie en las salas del Museo Nacional de Bellas Artes. Pero más de un visitante cruza el umbral del edificio, que desde sus exteriores promete un intenso viaje por la historia de la plástica cubana. Cerca de allí, en el que otrora fuera el Centro Asturiano, ocurre una escena similar. Los niños llevan de la mano a padres y abuelos, y por el camino andan contando las maravillas que en recorridos anteriores con la escuela descubrieron en esta exposición gigantesca de Arte Universal.

Día tras día se juntó un año desde que la instalación emergiera de un pasado herrumbroso completamente restaurada, y en condiciones físicas y ambientales óptimas para la exhibición, conservación, estudio y disfrute de una de las más importantes colecciones de arte de América Latina. Y si antes constituyó un reto la obra constructiva, no menos ocurrió después con la reapertura de un espacio cuyo mantenimiento ha requerido la entrega y el talento de sus trabajadores.

La subdirectora general, Reina García Henry, accede gustosa a hacer el recuento del breve, pero intenso período. Con el sol que le falta a la tarde alumbrándole la mirada, enumera cifras que para ella encierran mucho más que meras estadísticas:

"No tenemos dudas de que nuestra institución ha sido recibida con beneplácito por el público. Hasta el momento nos han visitado cerca de 200 mil personas de todas las edades y sectores de la población, el 17 por ciento de las cuales son extranjeras. Más de tres mil usuarios se han beneficiado con los servicios del centro de documentación, y nuestros especialistas han dado más de siete mil consultas.

"Alrededor de 200 actividades colaterales tuvieron lugar durante todo el año. Los sábados en la noche, conciertos musicales, los domingos en la mañana, espectáculos para los niños, y los jueves, conciertos corales, además de la proyección de películas infantiles, el ciclo Cine de Arte y las exposiciones transitorias. Todas estas opciones, junto a otras especiales, se mantienen durante el verano.

En su relación con instituciones afines de otros países, García Henry alude a las muestras conjuntas en las que se exhibieron obras de importantes artistas internacionales como Penagos, Max Jiménez, Günter Grass, Franco Azzinari y un grupo de diseñadores ingleses, entre otros. También hubo intercambios con restauradores, curadores y conservadores de obras de arte de otros museos.

Pero lo que a su juicio constituye el logro mayor de este año, es el hecho de que, contrario a la malsana costumbre de inaugurar y luego olvidar, el Museo luzca hoy la misma calidad en las instalaciones y servicios con las que abrió las puertas al público el 18 de julio de 2001.

La visitante 200 mil

En busca de un testimonio que apuntalara nuestras impresiones dimos casualmente con el de Sigrid Padrón, profesora de Historia del Arte de la Universidad de La Habana. De camino al Museo, no imaginaba que minutos después, justo a las tres de la tarde, adquiriría la entrada 200 mil en la taquilla del edificio de Arte Cubano. Aún sorprendida, confesó a Tribuna sus opiniones acerca de la institución, y del trato que habitualmente allí recibe:

"Los trabajos de restauración y refuncionalización del Museo fueron excelentes. La colocación de las obras en áreas especializadas en Arte Cubano y Universal favoreció notablemente a las exposiciones. Pienso que la distribución temporal, estilística y autoral de las muestras resulta ahora mucho mejor. La magnitud de la colección de Bellas Artes ameritaba ese mayor espacio para que salieran a la luz importantes piezas que permanecieron durante años en los almacenes.

"Desde el punto de vista profesional me complace mucho poder contar con esta nueva instalación. Los alumnos tienen aquí una unidad docente de indudables ventajas, porque el Museo no solo les brinda la posibilidad de apreciar los originales de muchas de las obras que estudian en clases, sino también de investigar y consultar el amplio fondo bibliográfico de su centro de documentación.

En encuestas aplicadas, otros visitantes coinciden con la opinión de la profesora en lo referido a la impecabilidad de la museografía y el esmero con que sus trabajadores atienden al público. Con respecto a las cuestiones prácticas, confesaron desconocer todas las actividades que allí se ofrecen, por lo que sugieren se les de mayor promoción. También solicitaron sean valoradas otras opciones de precios y variedad de productos en la cafetería.

De verano a verano

Para niños y jóvenes es una gran suerte que los festejos por el aniversario del Museo coincidan con el tiempo distendido del verano. Los programadores pensaron especialmente en ellos al diseñar la cartelera de estos días. Los miércoles y viernes, a las 3:00 p.m., disfrutarán de dibujos animados; los viernes, a las 6:00, de un ciclo de cine de aventuras; los sábados, a partir de las 3:00 p.m., podrán apreciar las versiones fílmicas de los animados proyectados, siempre en la Sala de Audiovisuales del edificio de Arte Cubano.

Teatro de títeres, presentación y venta de libros, variedades circenses, entre muchas otras golosinas, les aguardan los miércoles, sábados y domingos, a las 11:00 de la mañana, en el patio de la instalación. Todas las actividades que oferta la institución, incluida la entrada al área expositiva, son gratuitas para los niños de hasta 15 años.

Tres grandes exposiciones descorren sus telones este mes y se extenderán hasta el 15 de septiembre. El siglo de Pogolotti, una muestra que recoge sus primeras experiencias abstractas, la incursión en la pintura social y su exploración del futurismo. Para el 18 y 19 (días de aniversario), a las cinco de la tarde, quedan reservadas Wifredo Lam: Mito y convivencia (edificio de Arte Cubano) y Roma: Grabados de Giovanni Batista Peranesi (en el de Arte Universal). La primera, de carácter antológico, intentará un recorrido por la obra del pintor cubano que mayor contribución realizó a la plástica del siglo XX, a partir de una rigurosa selección de 25 piezas, entre los 230 dibujos, pinturas y grabados suyos que atesora el Museo.

Muchas son las propuestas y poco el espacio de este Semanario para relacionarlas. Esperamos haberle motivado a explorar personalmente esas otras opciones, que junto a la muestra de obras ejemplares de la plástica cubana y universal, convierten al Museo Nacional de Bellas Artes en un destino tentador para este y otros veranos.

 

(Tomado de Tribuna de La Habana)