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Industria deportiva: Soporte de campeones
Héctor Miranda
Cuba Internacional
Mayo, 2004
El inicio de la década de los años 60 del siglo pasado marcó el despegue definitivo del deporte cubano, que comenzó su ascensión a los primeros planos de la actividad física en competencias regionales y Juegos Olímpicos.
Con anterioridad, solo dos leyendas como Ramón Fonst y José Raúl Capablanca llevaron el nombre de Cuba por escenarios deportivos del mundo en disciplinas ajenas al boxeo y el béisbol, en las cuales el país tuvo siempre una cantera importante de luminarias.
Eligio Sardiñas “Kid Chocolate”, Kid Gavilán y Benny “Kid” Paret se coronaron alguna vez campeones mundiales del boxeo profesional, mientras una pléyade de peloteros hacía historia en el béisbol estadounidense.
El tenis y otros deportes eran privilegio de unos pocos, casi siempre —o siempre— familias de cuantiosos recursos que podían costearse vestuario e implementos deportivos.
Algunos bates de béisbol y guantes se producían en Cuba casi de manera artesanal en pequeños talleres, con los cuales algunos daban sus primeros pasos en el deporte y soñaban convertirse en estrellas a la manera de Conrado Marrero, Camilo Pascual, Adrián Zabala o Roberto Ortiz.
Sin embargo, el bloqueo económico decretado por el Gobierno de Estados Unidos contra Cuba obligó a buscar alternativas internas para enfrentar la creciente demanda de artículos que reclamaba el pujante movimiento deportivo.
El 25 de junio de 1965 nació la Industria Deportiva, en un principio con la unión de los pequeños artesanos que proliferaban en la capital cubana, pero rápidamente aumentó el número de talleres hasta llegar a su momento de máximo esplendor a mediados de la década de los años 80, según cuenta Mercedes Rodríguez Torres, trabajadora del centro y con larga experiencia laboral.
“Así nació el proyecto. Al principio todo estaba destinado a la pelota, pero luego se incorporaron las demás disciplinas deportivas y además de uniformes para peloteros, guantes y bates comenzaron a fabricarse botes, remos, balones para cualquiera de las disciplinas con pelotas y muchas otras cosas”, añade Rodríguez.
El licenciado Orlando González Castellanos, su director en los últimos seis años, habla con un poco de nostalgia de los tiempos en los cuales la materia prima no era una preocupación y la entidad surtía las competiciones de todas las categorías que se realizaban en Cuba.
“Se traía de la ex Unión Soviética o de otros países del desintegrado bloque socialista, lo mismo que la tecnología”, dice González Castellanos, quien dirigió durante muchos años el movimiento deportivo en la provincia de La Habana.
“Batos” es la marca de comercialización de las producciones de la Industria Deportiva, en homenaje al juego que practicaban los nativos cubanos antes de la llegada de los conquistadores españoles.
La marca trascendió el tiempo y se utilizó también para identificar una de las organizaciones económicas que integran la Empresa Productora y Comercializadora de Artículos Deportivos, nombre oficial de la citada industria.
Guillermo Martínez Bachiller dirige la organización, cuyas ramificaciones llegan a las provincias de Granma, Santiago de Cuba, Ciego de Ávila Camagüey, Pinar del Río y Ciudad de La Habana.
“Trabajamos para el deporte participativo (popular), para las Escuelas de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) y para los Centros de Alto Rendimiento (CEAR), además de las cadenas de tiendas para la venta en divisas”, añade Martínez.
De sus talleres salen los botes y los kayacs que utilizan los remeros cubanos en los entrenamientos y las competencias dentro del país, además de las embarcaciones donde los pequeños deportistas dan sus primeros pasos.
Para Fernando Labarreda, cuyos 35 años en la fabricación
de botes le han dado una gran experiencia, las embarcaciones cubanas tienen
muy buena aceptación, aunque su producción estuvo limitada
en los últimos años y en el 2003, incluso, solo se hicieron
10.
En otra nave, las hábiles manos de Rosa Ochoa cosen pelotas de
béisbol, uno de los artículos de más demanda en todo
el país por el arraigo que tiene entre la población la mencionada
disciplina deportiva.
Junto a Rosa, otras mujeres cumplen la misma función. Las pelotas de béisbol se cosen a mano en todos los lugares del mundo, las diferencias están en el hilo, el núcleo y la piel que se utiliza para forrarlas.
Más allá se hacen guantes de béisbol y uniformes, y los llamados Hércules para los ejercicios, estos últimos en cooperación con una entidad extranjera, sin embargo las mayores esperanzas están cifradas en la planta de balones, que debe surtir con 200 000 unidades a las escuelas cubanas en los próximos 12 meses.
La moderna fábrica fue adquirida en China para darle una respuesta a las necesidades del deporte participativo. Muy pronto los campos de baloncesto, voleibol, balonmano y las piscinas de polo acuático contarán con los balones suficientes para la práctica colectiva.
Más alentadora es la noticia de que pronto se fabricarán balones de cuero, según Belkis Sánchez, responsable de la citada planta.
Para los directivos y trabajadores de la Industria Deportiva, los mejores tiempos pertenecen al futuro, con ese objetivo trabajan cada día, además de buscar la cooperación de entidades extranjeras para acometer proyectos más ambiciosos.
Los campeones del futuro tendrán los medios para pulir su talento y salir en busca de las medallas.