| Entrevista con el ministro de Comercio Exterior de Cuba, Raúl de la Nuez |
Entrevista con el ministro de Comercio Exterior de Cuba, Raúl de la Nuez
Por Ledys Camacho Casado / Fotos: Miguel Viñas
En
medio de una vorágine de trabajo nada envidiable, el titular de Comercio
Exterior de Cuba, Raúl de la Nuez, respondió a interrogantes
claves sobre el presente y futuro inmediato de la cartera que dirige desde
el año 2000.
—¿Cómo
ha influido en el desarrollo económico del país la celebración
de FIHAV en estos más de 20 años de creada?
—Desde su primera edición en 1983 la Feria Internacional de
La Habana ha experimentado un desarrollo sostenido, ya que de 60 firmas
de tres países que ocuparon un área total de 800 m2 en esa
ocasión, en su XX edición participaron alrededor de 1 700
firmas de 60 países en aproximadamente 20 000 m2 netos de exposición,
entre los que se destacaron España y México. Asistieron por
primera vez en esta última edición, Argelia, Benin, Burkina
Faso, Malí, Libia, República Árabe Saharaui y Nepal.
Por el dinamismo que la caracteriza constituye la principal bolsa comercial del país y la ubica entre las de mayor relevancia de América Latina y el Caribe, visitada por más de 120 000 técnicos, especialistas y hombres de negocios de Cuba y de diversas partes del mundo.
El pasado año fue visitada por 16 delegaciones oficiales y 37 Cámaras de Comercio e instituciones empresariales.
Por ello, para nuestro país en lo fundamental FIHAV ha constituido un medio idóneo para mostrar en toda su amplitud y diversidad el potencial de bienes y servicios disponibles para la exportación y un importante eslabón en la política de estrechar relaciones de cooperación con socios comerciales. En la pasada versión de FIHAV se suscribieron 107 contratos y cartas de intención por un valor aproximado de 62 100 000 dólares de los cuales correspondieron a importaciones cubanas 42 acuerdos, por un valor aproximado de 49 589 400 dólares.
Además se firmaron cuatro contratos de asociaciones económicas por un valor de 7 960 000 dólares.
Sin lugar a dudas, la Feria Internacional de La Habana ha sido un fiel exponente de los cambios económicos, comerciales e incluso sociales que han tenido lugar en nuestro país en las dos últimas décadas.
—¿Cuánto
se ha avanzado en el reenfoque del comercio exterior cubano y en qué
consisten los principales cambios de nuestra estructura exportadora, tanto
en productos como en servicios?
—El reenfoque de nuestro comercio exterior abarca tanto la actividad
importadora como la exportadora, y responde a la necesidad de optimizar
los recursos financieros de que dispone el país, así como
incrementar y maximizar los ingresos en divisas a través de las ventas
externas de bienes y servicios.
Sin embargo, uno de los mayores retos se concentra en la actividad exportadora y la necesidad de aumentar tanto en volúmenes como en la diversificación de las exportaciones.
Claro está que el avance en ese objetivo no solo ha dependido de nuestra capacidad de adaptación a las exigencias del mercado y del proceso de renovación industrial y tecnológica que paulatinamente estamos acometiendo, sino también de la repercusión que tienen en las economías de los países subdesarrollados otros factores externos como son el incremento de la competencia por los mercados de exportación y las crisis económicas que se desatan en las naciones desarrolladas.
Para ejemplificar los cambios producidos en nuestra estructura exportadora, en 1993, el 94% del valor de nuestras exportaciones de bienes se concentraron en azúcar, níquel, productos de la pesca, tabaco, ron, café y cemento, mientras que ya en el 2002 dicha proporción disminuyó al 84%, a pesar de haberse incrementado en algo más de 100 millones las exportaciones de estos productos en relación con el año 1993.
Lo anterior es prueba de la recuperación paulatina que van teniendo otros renglones de exportación y del desarrollo, no sin dificultad, de nuevos fondos exportables. Entre estos productos, algunos no tradicionales, destacan los medicamentos biotecnológicos, equipos médicos, cítricos frescos e industrializados, aceros, combustibles, productos agropecuarios, medios de transporte y otras bebidas.
Si se toman en cuenta las exportaciones de Cuba, ya las de servicios son más del 50% de las ventas totales por ingresos brutos. Ello obedece a la reestructuración económica del país con el desarrollo acelerado de la industria turística (hoy ya se reciben en el país anualmente cerca de dos millones de visitantes), que tienen un peso considerable en la balanza comercial del país.
También hay que destacar el desarrollo que se aprecia en nuestras exportaciones de servicios profesionales y culturales, de los cuales existe una gran variedad que incluyen servicios de capacitación, desarrollo de investigaciones, proyectos de ingeniería y software, entre otros.
—¿Qué
señales transmite a la economía cubana, el creciente interés
de productores y exportadores de alimentos de Estados Unidos, de comerciar
con nuestro país?
—Ante todo, debemos aclarar que el hecho de que el gobierno de Estados
Unidos conceda a sus exportadores licencias para efectuar ventas puntuales
de productos agrícolas a Cuba, no significa en lo absoluto que exista
un debilitamiento del bloqueo, pues este como política norteamericana
mantiene toda su vigencia. Se trata únicamente de la aplicación
de lo dispuesto en una ley aprobada bajo la presión de numerosas
organizaciones agrícolas y compañías que integran el
lobby agroindustrial de ese país.
Debe añadirse que aun cuando estas importaciones provenientes de los Estados Unidos se realizan de forma directa, las medidas del bloqueo impiden que esa corriente de comercio genere todas las ventajas que podrían resultar para las dos partes en condiciones normales.
O sea, que no significa una flexibilización del bloqueo estadounidense como algunos pretenden hacer ver pues se trata de un proceso plagado de trabas burocráticas considerables: los pagos tienen que realizarse a través de bancos ubicados en terceros países al no permitirse la transacción financiera directa entre ambas naciones, no está admitido en el caso cubano el crédito norteamericano a la exportación, algo que utilizan comúnmente con el resto de los países.
Cuba y Estados Unidos por su cercanía son mercados naturales. En un escenario postbloqueo el comercio entre ambas naciones crecería considerablemente, por ejemplo la importación de alimentos, y la Isla también se beneficiaría de las exportaciones de bienes y servicios hacia el territorio vecino.
Por lo menos un millón de turistas norteamericanos viajarían a esta nación caribeña en una situación de normalidad en las relaciones bilaterales, similar a lo que sucedería con algunas exportaciones de bienes nuestros para los que Estados Unidos sería un destino natural.
Es imposible hablar de una verdadera señal para la economía cubana mientras se mantenga el bloqueo. No obstante, especialistas cubanos han estimado que en condiciones de normalidad, el mercado de Estados Unidos podría proveer el 60% del total de alimentos que importa Cuba, fundamentalmente en granos, pollo y otros productos agropecuarios. Por su parte, especialistas y académicos estadounidenses han estimado el número de nuevos empleos que el comercio con Cuba generaría en ese país.
La relación establecida en virtud de las compras a Estados Unidos con un número cada vez mayor de puertos de ese país, es otro importante componente que diversifica, amplía y facilita las opciones de transportación de cargas entre los dos países, si existieran condiciones normales para desarrollar el comercio.
Otro punto significativo que se ha podido palpar es el interés en las potencialidades del mercado cubano, por parte de compañías comercializadoras de otros renglones. De no existir las restricciones del bloqueo, el comercio podría multiplicarse a otros segmentos como el de suministros para la industria electrónica y la adquisición de materias primas y maquinarias para la industria. Cuba podría suministrar en condiciones ventajosas productos como el níquel para la industria siderúrgica de los Estados Unidos. Ambas partes se beneficiarían notablemente de los intercambios en los sectores médico- farmacéuticos y de la biotecnología. En fin, son infinitas las oportunidades que podríamos desarrollar y que determinarían ventajas sustanciales para ambas economías y sobre todo para ambos pueblos.
—¿Cuál
podría ser el impacto que en el desarrollo de esta edición
de FIHAV tendrá el endurecimiento de las medidas anunciadas por la
Unión Europea contra Cuba, teniendo en cuenta el peso de ese mercado
en el intercambio comercial con nuestro país?
—La feria se va a celebrar en su recinto de siempre, EXPOCUBA, y ya
está confirmada la contratación de la mayor parte de los países
que siempre han participado, incluyendo los de la Unión Europea,
teniendo en cuenta que el comercio de Cuba con esa región es prácticamente
con empresas privadas o públicas, lo cual se evidencia en que gran
parte de las sucursales de firmas extranjeras radicadas aquí son
del Viejo Continente.
Europa participa en el comercio de bienes de nuestro país en un 43%, y la UE en particular en un 33- 37%, lo cual no debe variar en lo fundamental porque en ese intercambio intervienen mayoritariamente compañías privadas o públicas interesadas en que esos negocios no cesen.
Tomado
de: Cuba Internacional/ Prensa Latina