Economía>> Industria Azucarera

Camino difícil, pero seguro
Por Julio César Mejías Cárdenas


Alma, corazón y vida de la nación cubana durante más de cuatro siglos, la industria azucarera inició el año 2003 con profundas transformaciones en su estructura de producción

Dejar de moler la caña de azúcar parecía ser el fin para muchos asentamientos poblacionales, cuyas familias se habían habituado con el tiempo al empalagoso olor a guarapo hervido y a melaza y, también, a la perenne llovizna de bagacillo.

Moler fue siempre sinónimo de vida para los obreros agroindustriales azucareros, vida que incrementó paulatinamente sus niveles de calidad en el curso de más de 40 años de Revolución Socialista.

Ahora no todos los centrales molerán debido a la puesta en marcha de un proceso de reestructuración destinado a ajustar las potencialidades productivas de esta industria a los actuales requerimientos de la economía del país en materia de organización y eficiencia.

Los bajos precios del azúcar en el mercado mundial, el encarecimiento de la producción, ineficiencias estructurales y productivas que todavía inciden en el sector, así como el imperativo de diversificar dicha producción, no dejaron otra opción a las autoridades azucareras del país que la de realizar este complejo proceso, el cual incide en poco más de dos millones y medio de personas -casi un cuarto de la población cubana-, cuyo sustento provenía hasta ahora de la rama azucarera.

Ya se van recogiendo los frutos de este proceso de reestructuración

Luego de algo más de seis meses de iniciado este proceso, y contrario a lo que han vaticinado algunos analistas económicos foráneos, los frutos se van recogiendo y ni un solo trabajador ha quedado sin empleo.

Ulises Rosales del Toro, ministro cubano de la Industria Azucarera, manifestó recientemente que el proceso marcha bien y que solo un Estado como el cubano, con una Revolución Socialista que pone en el centro de su atención al hombre y su familia, puede realizar tales cambios, sin perjuicios humanos, no obstante la difícil situación económica internacional y el hostil bloqueo impuesto por Estados Unidos.

El bloqueo económico

En 1960 el 58 % de la producción de crudos de la Isla era comprada por Estados Unidos, lo cual reportaba a su vez el 80 % de los ingresos de la economía nacional.

La liquidación de la cuota azucarera por parte del gobierno estadounidense privó a Cuba de prácticamente todo el mercado que disponía. Nuestro azúcar debió insertarse luego en el campo socialista, hasta que este se desplomó a principios de la década de los 90 del pasado siglo.

El bloqueo impide al país entrar a la Bolsa de Café, Azúcar y Cacao de Nueva York

Entonces los efectos del bloqueo se hicieron sentir con más fuerza en la industria azucarera cubana, pues los precios del mercado mundial han ido decreciendo hasta cotas irrisorias y sin siquiera el más leve viso de recuperación.

El propio bloqueo impide al país entrar a la Bolsa de Café, Azúcar y Cacao de Nueva York, que es la que establece el precio de referencia para las exportaciones de azúcar a escala mundial, lo cual agrava las dificultades para exportar crudo cubano.

Para Cuba sigue rescindida la cuota azucarera, vía por la cual unos países venden su producción en el mercado norteamericano con preferenciales precios de hasta 21 centavos la libra. No poseer esta prerrogativa provocó pérdidas económicas y de competitividad ascendentes a casi 194 millones de dólares, tan solo en el período 2001-2002.

Azúcar y alimentos, es la misión

Hace apenas unas semanas, Ulises Rosales del Toro ratificó ante los miembros del Parlamento cubano, que el objeto social y económico principal de su ministerio es y seguirá siendo producir caña y azúcar.

Contrarrestar los daños y secuelas que origina el bloqueo económico impuesto a Cuba por Washington exige, además de ser competitivos y eficientes, satisfacer los requerimientos alimentarios de la población mediante la diversificación agrícola e industrial. La reestructuración emprende, incluso, el desarrollo de una agricultura sostenible, apoyada en el conocimiento del capital humano de que dispone.

Producir azúcar y alimentos, binomio impostergable

Más de 100 000 trabajadores se incorporaron a escuelas de superación, donde no solo se les instruye acerca de las nuevas misiones productivas en aquellos centrales que no harán más azúcar, sino que se les imparte además importantes contenidos de cultura general integral, sin dejar de percibir sus salarios. Dicho programa de capacitación incluye también a decenas de miles de obreros que accederán a estudios universitarios de perfil agrícola, industrial, económico e informático, acorde con las nuevas tareas que se van asumiendo.

Producir azúcar -71 centrales seguirán moliendo- y alimentos para la población -25 nuevas empresas agropecuario-forestales- constituyen un binomio impostergable asumido por la industria azucarera cubana para emprender nuevos derroteros. Esa es la columna vertebral de un proceso que puede dar un ejemplo al mundo de cómo enfrentar los retos económicos sin convertir a los trabajadores en víctimas, sino en beneficiarios.


Muy a pesar de vaticinios malintencionados, la reestructuración de la industria azucarera cubana parece marchar airosa entre tantas agresivas espinas que dificultan en extremo su camino. o Desde el primer tercio del siglo XX se vislumbraba un futuro promisorio para la caña de azúcar en el campo de los derivados. Mieles y alcoholes, como primeros productos de una inicial generación pasaron a multiplicarse en alimento animal, medicamentos para humanos y animales, resinas, preservantes, plásticos, carburante, derivados para las industrias papelera, del mueble y de la alimentación, dextrana en el mundo de los dentífricos, y otros muchos, incluida entre ellos la energía eléctrica a partir del bagazo y la paja de caña.

Hoy, en los albores del siglo XXI, aquel futuro es una realidad al alcance de muchos países, aunque dificultades de financiamiento o de modernización de tecnologías retardan un proceso por demás irreversible ante el agotamiento progresivo de fuentes energéticas y de reserva forestal.

En efecto, la caña de azúcar se revela como un nuevo tesoro, apenas descubierto, pues en laboratorios y centros de investigación son cada vez más los diferentes usos a los que se destinan los derivados de la gramínea.

Por eso, para Cuba, pionera y adelantada en esa materia, es de obligado camino ampliar su industria en el segmento de los derivados, fortalecer su estructura fabril con la reestructuración actual y buscar en las producciones de frutales, forestales, de producción de carnes, viandas, granos y hortalizas, un acondicionamiento económico capaz de resistir los embates de los pobres precios del azúcar crudo en el mercado mundial.

Estos son tiempos en que los costos influyen y deciden en la industria azucarera, agobiada en el mundo por excedentes de producción, el proteccionismo de países desarrollados y las especulaciones de bolsa. De ahí que no solo en Cuba sino en otros países el cierre de ingenios haya sido noticia frecuente en los últimos tiempos.

Un espacio destacado merece en el mundo de los derivados la obtención de energía eléctrica. Con esa finalidad los científicos lograron variedades de caña de especiales condiciones, con un mayor contenido de fibra para la combustión. Muchos bateyes, poblados y comunidades agrícolas de Cuba se abastecen de electricidad en la etapa de cosecha por medio del bagazo y otros residuos de caña procesados, en centrales donde se montaron turbogeneradores, calderas, plantas eléctricas y otras instalaciones. Cada vez son más los ingenios conectados a la red nacional de generación de energía eléctrica y en cada nuevo año aumenta la generación aportada al país por la industria azucarera.

Un espacio en el que se avanza rápidamente en el sector azucarero cubano es en el de los azúcares enriquecidos con vitaminas o saborizados, tanto para consumo familiar como para dulcerías. Las producciones del central Manuel Martínez Prieto, en la capital cubana, son una buena muestra de ello.

La industria del caramelo, todavía incipiente, despega en la refinería José Antonio Echevarría, de Matanzas, y tanto la fabricación de bombones como de guarapo embotellado, sin suficiente desarrollo, tienen un futuro seguro.

La glucosa, la fructosa y los propios edulcorantes derivados de la sacarosa ocupan la atención de los especialistas cubanos, sin olvidar que el etanol y la obtención de mezclas de combustible amplían en el planeta sus posibilidades, pues la materia prima, la caña, es renovable, sin peligros de extinción como el petróleo, y además de origen limpio para la atmósfera, pues constituye la planta purificadora por excelencia de la biosfera.

La capacidad inagotable de la caña de azúcar para multiplicarse en producciones que ya sobrepasan las 100 variedades parece agigantarse con el nuevo milenio y ya se obtienen no solo productos de tercera generación, sino que llegan los avances de una cuarta generación de derivados.

La diversificación emprendida por el Ministerio del Azúcar, basada en la caña, sustenta su valor en la siembra, el cultivo y la cosecha de esa rica gramínea y en el uso de las tierras no aptas para la caña en otras producciones agrícolas, como son 763 259 hectáreas para forestales, 384 471 para la ganadería, 218 741 para viandas, 12 000 para frutales y 27 666 para huertos y organopónicos.

(Tomado de la Revista Cuba)