| Economía>>Intervención del diputado Osvaldo Martínez |
Intervención del diputado Osvaldo Martínez, Presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Nacional, sobre los temas del Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado.
Compañero
Comandante en Jefe Fidel Castro, Presidente de los Consejos de Estado
y de Ministros;
Compañero Ricardo Alarcón, Presidente de la Asamblea Nacional;
Compañeras y compañeros Diputados:
Al intervenir ante la Asamblea Nacional en diciembre del pasado año
2002, expresamos que en él se había registrado un pequeño
crecimiento y un alto desarrollo.
El pequeño crecimiento se explicaba por la excepcional adversidad
del entorno económico internacional, por las secuelas de tres huracanes
y por el vicio de origen del Producto Interno Bruto, indicador creado
en economías de mercado capitalistas para medir crecimientos en
tanto transacciones mercantiles, pero incapaz de reflejar acciones animadas
por la solidaridad, la justicia social, el mejoramiento humano y el acceso
a la cultura. El alto desarrollo se explicaba por el despliegue de una
verdadera Revolución Social dentro de la Revolución, expresada
en numerosos programas sociales
En este año 2003 algunos factores externos resultaron menos desfavorables
y de inmediato la economía demostró que sus signos vitales
continúan fuertes y elevó su crecimiento incluso en la inexacta
expresión del Producto Interno Bruto tradicional, y creció
en mayor grado, según el recálculo de este indicador elaborado
por el Ministerio de Economía y Planificación, que se encamina
a disminuir la subvaloración de nuestros servicios sociales.
Pero, antes de abordar lo ocurrido en el año 2003, es conveniente
recordar que han transcurrido diez años desde que en diciembre
de 1993 finalizó el que fuera el año más difícil
e incluso angustioso en términos económicos durante el periodo
especial.
Recibimos en ese año el embate concentrado de los peores efectos
de la desaparición de la URSS y del CAME, del bloqueo estadounidense
intensificado, del dominio de la economía mundial por una política
neoliberal entonces pujante y de nuestra inexperiencia para operar en
ella dentro de sus reglas de lucro desmedido, desigualdades enormes, especulación
desenfrenada y competencia salvaje condensada en la expresión "sálvese
quien pueda".
Fue aquel año en el que mayores esperanzas acarició el enemigo
imperialista en cuanto a que la economía que llamaban "subsidiada",
de un país por ellos calificado como "satélite",
se derrumbaría inexorablemente.
Para el pensamiento político y económico tradicional era
imposible que un pequeño país subdesarrollado, que había
perdido de la noche a la mañana el 85 por ciento de su comercio
exterior, el abastecimiento de petróleo, y que en 1993 mostraba
un descenso acentuado en su producción, un déficit fiscal
de una magnitud inconcebible para la sabiduría convencional del
Fondo Monetario Internacional, una grave acumulación de liquidez
en manos de la población sin contrapartida en bienes y servicios,
así como apagones extensos y diarios, fuera capaz de sobrevivir.
Sus esperanzas parecían fundarse en sólidas razones. Nunca
antes en la historia económica a un pequeño país
le había sido aplicado, por la potencia más poderosa que
haya existido, un bloqueo económico tan férreo, minucioso
y destructivo durante tanto tiempo. Nunca antes en la historia económica
un pequeño país pobre había sido obligado a hacer,
en poco más de tres décadas, dos gigantescas y costosas
transformaciones de su base tecnológica y del tejido de sus relaciones
económicas externas. La primera de ellas, al romper los vínculos
de explotación e intercambio desigual que la ataban a la economía
de Estados Unidos. La segunda, al desaparecer abruptamente las relaciones
económicas con la URSS y los restantes miembros del CAME.
No faltaron entonces los consejeros que combinaron la sabiduría
aparente con el triunfalismo exaltado del capitalismo ante la derrota
del socialismo real, y nos dijeron que el camino era uno solo y evidente:
el ajuste económico neoliberal, que se podría sintetizar
en abrir la economía para privatizarla y venderla.
Ese camino que Cuba rechazó fue el que por entonces toda América
Latina transitó. En 1993 estaba de moda en el pensamiento neoliberal
en América Latina decir que la década de los años
80 con su dolorosa crisis de la deuda externa, había sido la "década
perdida", en tanto desagradable, pero imprescindible periodo de corrección
de políticas económicas equivocadas, pero que en cambio
la década de los años 90 era la "década de la
esperanza", aquella en que se recogerían los buenos resultados
y la riqueza se derramaría hacia todos los latinoamericanos.
Diez años después el contraste entre Cuba y aquellos países
que adoptaron la política neoliberal diseñada para ellos
desde Washington y para Washington con el nombre de "Consenso de
Washington", es grande y aleccionador.
El fracaso del neoliberalismo, que es como decir la política funcional
a los intereses de dominio del capitalismo transnacional globalizado,
es hoy inocultable, evidente, estrepitosa.
Los ayer fervientes y orgullosos neoliberales sostienen en muchos casos
sus creencias, pero no aceptan ahora ser llamados neoliberales, porque
la repulsa popular y los fracasos prácticos han devaluado el calificativo.
En el cauteloso lenguaje de la Comisión Económica para América
Latina (CEPAL) de Naciones Unidas, se admite que a partir de 1980 en el
desempeño económico y social de la región, hay que
descontar la "década perdida" de los años 80,
pero en los 90, después de algunos años de dudoso crecimiento,
a partir de 1998 y hasta el actual 2003, comienza un "sexenio perdido",
por lo que en términos de aritmética elemental resulta que,
en 23 años de ciclo neoliberal en América Latina, se han
perdido 16, lo que equivale a sacrificar en el antidesarrollo, la pobreza
y la desesperanza a varias generaciones de latinoamericanos.
Lo ocurrido en el año 2003 en esta región es más
de lo mismo.
El crecimiento económico que los neoliberales aseguraron sería
impetuoso al liberar el mercado de las ataduras estatales, fue un anémico
1,5 por ciento, tratándose de economías en las que el PIB
refleja la realidad económica con más precisión por
su carácter absolutamente mercantil.
En los últimos seis años el crecimiento promedio ha sido
de 1,3 por ciento, y el PIB por habitante es este año 1,5 por ciento
inferior al de 1997.
El desempleo, que era muy elevado el pasado año, aumentó
más aún hasta alcanzar 10,7 por ciento, lo cual se expresó,
entre otras cosas, en que 700 mil personas se sumaron al ejército
de desempleados urbanos, el cual asciende a más de 17 millones.
Estas cifras, que dan cuenta de una tragedia laboral que desperdicia y
rechaza al recurso productivo más valioso, esto es, la capacidad
humana para trabajar, son pálido reflejo de una realidad aún
peor, pues la estadística de desempleo es solo urbana y en muchos
casos no abarca más que las ciudades principales.
El empleo disponible es solo para trabajo informal en 7 de cada 10 nuevos
empleos, y en tales condiciones de desempleo y precariedad laboral no
es extraño que los salarios reales descendieran 4,7 por ciento.
Según la CEPAL, 227 millones de latinoamericanos, que representan
el 44 por ciento de la población, son pobres, y de ellos 92 millones
son indigentes.
En este año 2003 hay 20 millones de latinoamericanos pobres más
que en 1997.
La industria más eficiente instalada por el neoliberalismo en la
región ha sido la fabricación de pobres, indigentes y desempleados.
Según el Banco Mundial en reciente estudio sobre la desigualdad
en América Latina y el Caribe, la brecha de ingreso entre el diez
por ciento más rico y el diez por ciento más pobre de la
población, es de 30 veces, la mayor del mundo. Esto significa que
el diez por ciento más rico se apropia del 48 por ciento del ingreso
total mientras que el diez por ciento más pobre apenas recibe 1,6
por ciento.
En siete países la proporción de pobres supera el 50 por
ciento de la población. La numerosa población indígena
recibe entre 35 por ciento y 65 por ciento menos que la población
blanca por trabajos iguales. Las mujeres y hombres negros reciben alrededor
del 45 por ciento del salario de sus compatriotas blancos.
Si los efectos sociales son desastrosos, el comportamiento de la economía
no lo es menos. El ingreso de inversión extranjera directa, que
fue en algunos años el punto fuerte de los neoliberales, se ha
desplomado por la situación adversa de la economía mundial
y el agotamiento en varios países de las privatizaciones alegres
de años anteriores debido al repudio popular ante el encarecimiento
y peor calidad en servicios públicos que fueron privatizados.
La deuda externa, viejo problema nunca resuelto, sigue siendo un factor
de saqueo financiero y de bloqueo al desarrollo en una región donde
varios países acumulan una deuda que es superior al 50 por ciento
del PIB y mantiene a los países en constantes renegociaciones bajo
la presión injerencista del Fondo Monetario Internacional.
En América Latina la acumulación de pobreza, injusticia
social e inequidad está dejando de ser un dato pasivo y se transforma
en protesta social, movilización y acciones. Regímenes neoliberales
fueron derribados por movimientos de masas en Argentina y Bolivia. Otros
se tambalean entre el desprestigio y la inutilidad. Movimientos de masas
iniciaron en Venezuela una revolución social profunda que combate
el neoliberalismo, y en Brasil llevaron al Gobierno a un líder
en quien depositan sus esperanzas para resolver los problemas sociales
que en aquel país el neoliberalismo agravó.
La lucha contra el ALCA se ha intensificado y ha obligado al Gobierno
de Estados Unidos a cambiar el diseño original de este plan anexionista
para
intentar alcanzar sus objetivos mediante Acuerdos Bilaterales de Libre
Comercio.
En América Latina el Gobierno de Estados Unidos comienza a recoger
tempestades de movimientos sociales de protesta, después de haber
sembrado vientos de falsas promesas, de explotación y dominación.
La
realidad cubana es bien diferente a ese convulso mundo capitalista neoliberal
que rechazamos.
En los diez años transcurridos desde diciembre de 1993, la Revolución
cubana no solo sobrevivió, haciendo imposible hablar de "economía
subsidiada" y de "satélite". Ahora la única
expresión exacta es la de un pueblo hostigado, bloqueado, acosado
que, en ejercicio de la independencia que conquistó en enero de
1959, lucha en todos los terrenos, incluyendo la economía, para
no dejarse humillar y por su derecho a construir su mundo mejor, su socialismo.
Mucho más que sobrevivir, el país ha sido capaz de alcanzar
transformaciones y logros en términos de desarrollo que no pueden
ser silenciados.
Entre 1994 y 2003, el crecimiento de la economía de Cuba, aun medido
por el inexacto PIB, supera en proporción de 4 a 1 el crecimiento
promedio de América Latina.
En los diez años mencionados, Cuba bajo el bloqueo económico
ha sido capaz no solo de hacer crecer la economía, sino de transformarla
en su estructura histórica de vieja data, en sus niveles de eficiencia,
aunque estos sean aún insuficientes, y de colocarse en el umbral
de una economía del conocimiento que sea capaz de apoyarse en producciones
intelectuales creadas por su riqueza más estratégica: el
capital humano formado en cuatro décadas.
De una economía estructurada tradicionalmente alrededor de la producción
y exportación de azúcar y algunos otros productos básicos,
hemos pasado en estos diez años a una estructura más moderna
y menos vulnerable de economía de servicios en la que, sin desdeñar
el aprovechamiento de los tradicionales productos básicos, hemos
incorporado al turismo como eje del desarrollo con su capacidad para inducir
el crecimiento de numerosas actividades que se benefician de su demanda,
y estamos comenzando a recibir los resultados económicos y sociales
de realizaciones de avanzada científico-técnica, como la
biotecnología, la producción de medicamentos y equipos médicos,
y más recientemente el uso extendido de la informática,
con particular énfasis en el sistema de educación.
Si en 1993 el país daba sus primeros pasos en el turismo, recibiendo
aquel año a 546 mil visitantes, en el año actual recibiremos
a no menos de un millón 900 mil con una industria turística
que, aunque puede y debe reducir sus costos e integrarse más a
la economía interna, cuenta con más de 41 600 habitaciones
y recibe de fuentes nacionales el 69 por ciento de lo que consume.
La biotecnología cubana, orgullo científico del país,
propiedad del pueblo e hija de la visión y la tenacidad del Comandante
en Jefe, demuestra en menos de dos décadas el acierto de haber
comenzado cuando muchos creían imposible que en este pequeño
país pudieran desarrollarse centros de excelencia científica
como los que hoy tenemos.
En la difusión de las tecnologías de información
funcionan más de 45 mil computadoras en escuelas primarias y secundarias,
y la Universidad de Ciencias Informáticas cuenta ya con 4 000 estudiantes,
en un régimen de estudio intensivo y dotado de las condiciones
adecuadas.
En estos años se ha transformado el sistema bancario en términos
de modernización y adaptación a las funciones de estímulo
y regulación de la economía nacional. La creación
del peso convertible fue importante, pero su relevancia se hizo más
evidente en la implantación durante este año del control
de cambios que tiende a frenar los excesos de la dolarización como
los cobros a elevados e injustificados precios y contribuye a evitar gastos
superfluos en divisas. Con el control de cambios se hace posible también
ordenar los pagos externos según las prioridades del país.
El Banco Central ha llevado a cabo un trabajo sostenido e inteligente
respecto a las obligaciones a corto plazo, que presionaban la balanza
de pagos, y ha logrado reprogramaciones que mejoran nuestra holgura financiera
y son expresión de confianza en la solidez de nuestra economía.
Nuestra estructura económica y el modo de funcionamiento de ella
cambiaron. No lo hizo la base de propiedad social sobre la que se asienta
la parte ampliamente decisiva de la economía.
Ni privatización masiva, ni apertura indiscriminada, ni mercado
desregulado, fortaleciendo a los fuertes y debilitando a los débiles.
En estos diez años de duro batallar, y en especial a partir del
combate victorioso por el regreso de Elián y la Batalla de Ideas
planteada, la transformación social ha sido profunda y de tanta
amplitud, que sería imposible e incluso innecesario pretender una
enumeración siquiera de todos los programas y las acciones sociales
en curso, que establecen las bases esenciales para un desarrollo humano
integral.
La economía nacional tiene quizás como mayor virtud la de
haber apoyado la realización de esta Revolución dentro de
la Revolución, que trasciende el estrecho límite de las
transacciones mercantiles y desborda cualquier concepción sobre
el desarrollo existente en este mundo globalizado, neoliberal, en profunda
crisis de valores humanos donde 842 millones de personas padecen hambre
y la cifra tiende a incrementarse en cinco millones cada año, y
donde el Banco Mundial revela que la corrupción involucra cada
año una cifra que oscila entre 1,5 y 3millones de millones de dólares.
Las modestas cifras empleadas por Cuba en sus programas sociales con ejemplar
efectividad están a distancia sideral de las astronómicas
sumas que mueven la corrupción, el narcotráfico, la especulación
financiera, la producción y venta de armas de destrucción
masiva y de todo tipo, o la publicidad comercial.
No poseemos armas de destrucción masiva, pero frente a la desbocada
agresividad del imperio y su política hegemónica, la Revolución
Cubana tiene un arma moral letal: el ejemplo de un país que ha
sido capaz de resistir y de hacer mucho con muy poco.
Es este el país donde todos los niños asisten gratuitamente
a la escuela y se gradúan de sexto grado, donde todos ingresan
al séptimo grado, y donde el 99,5 por ciento de los adolescentes
se gradúa de noveno grado.
Es este el país donde contamos con el mayor número de maestros
por habitante y menor número de alumnos por aula.
Es este el país donde todos los niños comienzan a estudiar
computación desde el preescolar.
Es este el país donde el desempleo registra un excepcional nivel
inferior a 3 por ciento, que equivale técnicamente a pleno empleo,
y donde el estudio constituye una humana forma de empleo que beneficia
a 107302 estudiantes de los Cursos de Superación Integral para
jóvenes, de los cuales ya 30 mil cursan estudios superiores.
Es este el país donde la universalización de la enseñanza
superior se extiende a todos los municipios y ofrece oportunidades de
estudios superiores a cualquier joven en cualquier lugar donde resida.
Es en Cuba donde más de 15 mil trabajadores sociales desarrollan
su trabajo solidario de atención a personas de la tercera edad
que viven solos o tienen bajos ingresos, niños con carencias nutricionales,
jóvenes no vinculados al estudio o el trabajo, y donde se ha concluido
un estudio único en su tipo acerca de las personas discapacitadas,
y otro también único de carácter psicopedagógico
y clínicogenético de las personas con retraso mental, encaminado
a mejorar la calidad de vida y la integración social de estas personas.
Es en Cuba donde estudian 16 mil instructores de arte y donde 3,5 millones
de personas participan en una Feria del Libro que funcionó en 30
sedes con la venta de millones de libros.
Es Cuba el país donde la televisión no es la caja de difusión
de banalidades, comercialismo y violencia, sino potente instrumento de
educación y cultura, que funciona como una Universidad para Todos.
Cerramos el año 2003 en mejor situación económica
que el año anterior.
Entonces el turismo estaba estancado, y ahora crece con fuerza; la relación
de intercambio era desfavorable prácticamente en todo nuestro comercio
exterior, y ahora, aunque algunos productos, como el petróleo,
mantienen muy altos precios, los del níquel se han elevado apreciablemente
en los meses finales del año; la Tarea Álvaro Reynoso se
encontraba en su más difícil periodo de arrancada, y ahora
encuentra condiciones más favorables.
No teníamos control de cambios, y ahora contamos con ese instrumento
de control, racionalidad y freno a los excesos de la dolarización.
En el pasado año la producción agrícola estaba afectada
por eventos meteorológicos dañinos, y en este año
hay incrementos de importancia en cítricos, viandas, hortalizas,
plátanos, frijoles, huevos y carne de cerdo. La agricultura urbana
se ha consolidado como una experiencia de alto significado para la producción
de alimentos sanos y la provisión de empleos productivos y socialmente
muy útiles.
En 1993, la agricultura urbana apenas existía, y en el año
que termina produce unos 3 millones 700 mil toneladas de alimentos y ofrece
326 mil empleos.
Es un ejemplo de trabajo perseverante, bien concebido, controlado y estimulado.
En el año 2003 el Presupuesto del Estado continuó desempeñando
su papel en el funcionamiento de la actividad presupuestada se mantuvo
dentro de los límites de déficit que fueron aprobados por
la Asamblea Nacional, y tenemos además el enorme caudal de superación,
cultura, integración social y solidaridad que emana de los programas
sociales, y el activo invaluable que representa un pueblo más culto
y pleno.
El próximo año 2004 presenta en lo económico un pronóstico
de cierta recuperación de la economía mundial después
de dos años de fuerte recesión en Estados Unidos. Son pronósticos
que encierran alto margen de error, pues la recuperación en Estados
Unidos está lejos de ser sólida. Ella ocurre en medio de
los más formidables déficit comerciales, de cuenta corriente
del balance de pago y fiscal de la historia de ese país. El desempleo
en Estados Unidos se mantiene en 6 por ciento, y los déficit mencionados,
acrecentados por el gasto militar creciente, pueden hacer abortar la recuperación,
mientras que Europa mantiene su virtual estancamiento, y Japón,
aunque creció después de más de una década
de estancamiento crónico, no tiene un camino de recuperación
claro.
En cualquier variante, el pronóstico sobre la coyuntura económica
externa en que debemos desempeñarnos en el próximo año
2004, no es peor que el del año 2003.
El rasgo distintivo del próximo año que merece una atención
redoblada es la creciente agresividad del Gobierno de Estados Unidos y
sus amenazas contra Cuba.
Esta realidad nos impone a los cubanos, a la sociedad toda y a la economía
incluida, la necesidad suprema de prepararnos elevando nuestra capacidad
defensiva a tal punto que los haga desistir de su intención de
borrar el ejemplo para ellos insoportable de la resistencia y el desarrollo
cubanos, que como bofetada permanente los enfurece, y de derrotarlos si
nos atacan.
La Comisión de Asuntos Económicos está convencida
de que, al recomendar a la Asamblea Nacional la aprobación de los
Lineamientos del Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto
del Estado para el próximo año, estamos aprobando no solo
instrumentos para el desarrollo económico y social, sino instrumentos
para colaborar a hacer inderrotable nuestra defensa y asegurar nuestro
derecho a la vida, a la independencia, al socialismo.
Ni el Gobierno que desde Estados Unidos pretende dominar este mundo ingobernable,
ni sus aliados europeos que con torpeza y sumisión se alinearon
contra Cuba, pueden intimidarnos.
Si en momentos de adversidad y pobreza suprema de medios Ignacio Agramonte
fulminó a los que intentaban persuadirle a rendirse, diciéndoles
que el arma con que contaba era la vergüenza de los cubanos, hoy
contamos con la vergüenza y la moral que durante los últimos
50 años ha sembrado la Revolución cubana y ha personificado
el compañero Fidel. Pero ahora contamos además con armas
de buen fuego para cada compatriota, y con el arma estratégica
que es todo un pueblo culto, patriótico, preparado para exterminarlos
y hacer que el polvo de nuestro suelo sea anegado por la sangre de los
invasores.
Segundo
Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular
en la VI Legislatura.
23 de diciembre de 2003.