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Viabilidad y alternativa económica
¿Cuáles son los fundamentos y el sostén para continuar votando hoy por la actividad que más ingresos ha aportado a Cuba durante siglos?


Por: El Dr. OSCAR ALMAZÁN DEL OLMO *

La agroindustria azucarera cubana está obligada a operar -en razón de que debe exportar el 82 por ciento de su producción- en correspondencia con la dinámica de la economía y el mercado mundiales. Sometidos a cuidadosa inspección, ambos factores evidencian una sostenida y profunda crisis, caracterizada por una producción que supera sistemáticamente al consumo, lo cual induce crecimientos mantenidos de las existencias y la depresión de los precios.

En esta crítica economía el factor que liderea su potencial evolución es el incremento del consumo, fundamentado exclusivamente en el crecimiento poblacional, elemento incierto y cuestionable, no solo por estar asociado al declinante ingreso individual, sino porque los pronósticos ratifican que el crecimiento demográfico se desacelerará en el próximo decenio.

Las producciones record, que acusan ausencia de correspondencia con la situación demanda-precios, pudieran explicarse tanto por el carácter casi perenne del cultivo de la caña, como por ser esta una industria de capital intensivo; a lo que se une, como adicional factor distorsionador, la variación de la relación de cambio de la moneda de cada país con el dólar de Estados Unidos, que enmascara las "señales" de la evolución del mercado sobre la producción.

El proteccionismo resulta, sin dudas, otro elemento gobernante de especial y negativo impacto sobre la situación de estancamiento y pobres precios. Tras el argumento de la necesidad de una autosuficiencia azucarera, los países desarrollados y ricos, subvencionan producciones nacionales costosas y mantienen sistemas de cuotas a grupos específicos de países, empleando estos sistemas como arma de presión económica y de disuasión política. De aquí que sea posible afirmar que el azúcar es una mercancía muy especial, una mercancía muy política.

Este escenario lo completa el consecuentemente incierto futuro de los precios, en un mercado voluble y manipulado que no refleja el libre juego de la oferta y la demanda, sino que resulta un fenómeno bursátil, donde la actividad especulativa actúa con fuerza en su depresión.

A todas luces, el rebalance del mercado requiere tiempo, especialmente por la permanente tendencia del mercado azucarero mundial a estar sobreabastecido.

En los últimos 40 años el precio mundial del azúcar pierde, en términos reales, casi un 2% por año. Esto significa que solo para mantener el statu quo, la productividad de la industria tiene que crecer casi 2% anualmente.

Ante sombrío escenario, para un país productor se abren dos alternativas:

-Elevar la productividad y efectividad de la producción y asegurar así la competitividad de los costos.

-Diversificar integralmente, para distribuir riesgos y ser más independiente del mercado de azúcar físico.

Tales perspectivas han conducido a Cuba ha plantearse la tarea de implementar un Programa Integral de Reestructuración de la Agroindustria Azucarera, para ejecutarlo de inmediato. Esta alternativa implica un reordenamiento y perfeccionamiento no solo de las instalaciones y áreas de producción azucarera, sino también -y por esto integral- de las industrias, facilidades e instalaciones de apoyo y su fuerza laboral.

No es una decisión festinada y emocional, es la implementación de una estrategia concebida, valorada y aplicada tras una evaluación pausada y profunda del desenvolvimiento de la economía azucarera mundial en los últimos cinco años y su proyección a mediano y largo plazo, unido a un serio análisis de la agroindustria cubana.

Despojado de celos, nostalgias y orgullos sectoriales, este análisis tiene una proyección global, involucra a todos los organismos de la administración central del estado y tiene como propósito central adecuar la agroindustria azucarera cubana y su entorno al contexto azucarero mundial.

Procesos de alguna similitud se han producido en otros países subdesarrollados, pero llevados adelante básicamente como una reducción involutiva que condujo, en la práctica, a la desaparición, a corto plazo, de su agroindustria azucarera.

Estos esquemas difieren raigalmente del proyecto cubano, que si bien contempla el cierre de 70 de los 155 ingenios azucareros y la reconversión del 62% del área agrícola cañera en zonas de producción agropecuaria, prevé, no obstante, mantener el potencial productivo en cuatro millones de toneladas de azúcar por campaña, sin renunciar a la posibilidad de crecimientos productivos si las condiciones del mercado se presentan propicias. El proyecto establece claramente el objetivo de una producción económica y socialmente viable en lo actual y lo perspectivo.

Porque, a pesar de cierta literatura que se apura por predecir el fracaso azucarero cubano, la zafra sigue siendo una realidad y elemento importante de la economía cubana.

El mayor aporte de la Revolución Cubana a la agroindustria azucarera es haberla dotado de un programa de acción a mediano y largo plazo, además de la inmediata reconstrucción en respuesta al deterioro heredado de la etapa anterior a 1959 y que el bloqueo hacía inaplazable. El reordenamiento agroindustrial y la dignificación del trabajo animaron la investigación científica, la diversificación, la calificación sistemática, el desarrollo de una infraestructura humana y material, todo como expresión coherente de una voluntad de transformación, que hoy le confiere a esta agroindustria capacidad para sortear con éxito y aún desarrollarse en estos tiempos de excepción.

Programa de Reestructuración Azucarero

Veamos dónde estamos y por qué es viable el programa. Qué lo respalda. La transformación emprendida busca vías factibles en lo económico y lo social, que no afecten el nivel ni la calidad de vida de los azucareros, ni del resto de los miembros de la sociedad cubana. A la vez, se propone reforzar la confianza de trabajadores, técnicos y dirigentes del sector en la solidez de su ambiente laboral.

Propósito esencial es sin dudas también, la plena satisfacción del mercado nacional de azucares, tanto para consumo individual como industrial, cuantitativa y cualitativamente. Previéndose garantizar los niveles per cápita, con la ampliación de la variedad de la oferta.

Este Programa de Reestructuración Azucarero identifica tres direcciones estratégicas:

-Bajos costos de producción de azúcar.

-Diversificación integral.

-Sostenibilidad de todo el proceso.

-Para acelerar el incremento de ingresos netos mediante la disminución de los costos, el programa planteaba la cuidadosa y técnicamente fundamentada selección de las instalaciones industriales de mejor desenvolvimiento operacional, mayor eficacia productiva y más alto potencial para la diversificación de su producción, así como los suelos con mayores cualidades para el cultivo de la caña.

Tal inspección indicó la conveniencia de mantener 71 centrales en la producción de azucares de diferentes características, 14 instalaciones fabriles que fabricaran mieles y el 38 por ciento de las actuales áreas en la explotación cañera, para establecer una producción máxima de cuatro millones de toneladas de azúcar por zafra.

Esta reestructuración elevará al doble el índice de toneladas de azúcar producidas por tonelada de capacidad de molida de caña instalada, adicionalmente beneficiado por el enmarcamiento de las zafras en el período del año en que más alto contenido de sacarosa tiene la caña, a la par que se reducen los gastos.

Los activos de los 70 ingenios que se detienen, con un valor de unos 900 millones de dólares, se destinarán a elevar la confiabilidad y eficacia de las 85 instalaciones azucareras y mieleras en operación y de otras empresas del sector. Potencialmente ampliarán el volumen productivo de éstas, de aconsejarlo las condiciones del mercado.

Tales acciones implican la recalificación y reubicación de no menos de 100 mil trabajadores cañero-azucareros, que se realizará tomando ventaja de la fortaleza del proyecto educacional cubano y de un hecho esencial: la agroindustria azucarera dispone de una fuerza de trabajo de elevada escolaridad -con un promedio de noveno grado- disciplinada y consciente, capaz de actuar con precisión sobre las más complejas tecnologías, características todas que la privilegian entre las restantes del mundo.

A esto se unen 60 mil técnicos de nivel medio y universitario, con experiencia, capaces de emplear creativamente las herramientas técnicas a su disposición. Lo que le confiere a la agroindustria azucarera cubana especial solidez y fiabilidad.

El Programa de Superación de Trabajadores Azucareros plantea una revalorización de ese capital humano, mediante la elevación del promedio de escolaridad del sector de noveno a 12º grado y la especialización de otros 10 mil trabajadores en la enseñanza tecnológica. Duplicará igualmente el numero de profesionales en el sector, al cursar carreras universitarias 15 mil de los actuales técnicos, además de impulsar estudios de postgrados, diplomados, maestrías y doctorados.

Todo con la atractiva alternativa del estudio como empleo.
Asimismo, a la empresa azucarera cubana se le perfeccionará y preparará hasta convertirla en una entidad competitiva, capaz de enfrentar las exigencias variables del mercado y prestar mayor atención a la calidad integral del producto y a la reducción del impacto ecológico. Resulta apremiante entonces tomar en cuenta las mejores experiencias propias y las internacionales, en lo referido a esquemas empresariales modernos, descentralizados, innovadores, con una alta flexibilidad, organización e iniciativa.

El sistema empresarial agroindustrial debe caracterizarse, entre otros, por:
-La vinculación sistémica de los distintos elementos, como la producción, el mercadeo, la distribución, hasta la educación y la investigación científica.
-El empleo intensivo de los conocimientos científicos y la innovación tecnológica.
-Formas de producción adecuadas a los distintos segmentos del mercado.
-La diversificación de su producción, siguiendo la línea de incrementar el valor agregado de productos y coproductos.
-Perfiles laborales más anchos y efectivos mecanismos motivacionales.
-Flexibilidad para satisfacer nichos cambiantes del mercado.

Ciencia

Transcurridos 40 años Cuba dispone, en el campo azucarero de una fuerza científica que no encuentra equivalente en el mundo, no sólo por su número, nivel profesional y experiencia, sino por la integralidad de su quehacer.

La actividad de investigación y desarrollo que realizan más de un millar de graduados de nivel superior, entre ellos mas de 200 doctores, agrupados en institutos científicos y universidades, cubre, entre otros, estudios genéticos para nuevas variedades de caña, fitopatología y fisiología vegetal, biotecnología, además de la tecnología industrial, el diseño de nuevos productos y equipos, la mecanización de la cosecha y el cultivo, las técnicas de organización de la producción, la automatización y el campo de los derivados, desde la etapa de laboratorio hasta el diseño, proyecto, supervisión técnica y construcción de plantas industriales completas. Cuba dispone para esto de una sólida infraestructura material.

Cuatro direcciones estratégicas tiene toda esta actividad:
La mecanización de la cosecha.
La producción electromecánica.
El desarrollo de los derivados.
La energética azucarera.

Mecanización de la cosecha

A partir de la década del 70 Cuba se convierte en líder mundial de la producción y utilización de cosechadoras mecánicas, resultado de un programa bien concebido e implementado con celeridad y solidez, que comenzó en 1964 con la introducción del alza mecanizada. Ya en la zafra de 1970 el 85 por ciento de la caña cortada fue alzada mecanizadamente y hoy el 75 por ciento de la caña en Cuba se cosecha completamente con máquinas KTP, cuyas diversas generaciones fueron creadas y producidas a partir de 1977, en la fábrica holguinera con tecnología cubana.

En los años iniciales de la década de los 80 Cuba alcanza su segundo gran logro en la mecanización del corte de caña al combinar las técnicas de cosecha integral con las instalaciones estacionarias de limpieza en seco (centro de acopio y de limpieza), un sistema conocido como "Sistema Cubano de Cosecha", cuya autoctonía nadie impugna.

La mecanización en nuestro país es solución a la escasez de fuerza laboral, vía de humanización del trabajo e incremento de la productividad, sin constituir razón de desempleo.

Difícil es encontrar en el tercer mundo algo semejante.

Producción electromecánica

Apenas cinco talleres dispersos, carentes de infraestructura de proyecto y diseño y de fuerza de trabajo calificada, y otros pequeños de maquinado en los ingenios, con algunas pequeñas fundiciones y áreas de pailería, constituían en 1960 la pobre base mecánica vinculada a la producción azucarera.

En 1971 se inicia realmente la producción electromecánica centralizada vinculada a la producción azucarera. En el decenio del 80 experimentó un crecimiento de un 20 por ciento anual:

Trece empresas mecánicas especializadas en la fabricación de equipos tecnológicos, partes, piezas y componentes, tanto para la industria como para la agricultura cañera.
Diez empresas de reparaciones de maquinaria agrícola.
Una Empresa Nacional Electromecánica para reparaciones de turbinas de vapor y motores de gran potencia.
Una Empresa Nacional de Automatización Industrial.
Cuatro empresas especializadas en la reparación de locomotoras y la fabricación de vagones, coches y carros jaulas y dos empresas para producir equipos de riego.
Empresas de producción de equipos agrícolas para cubrir prácticamente todas necesidades: combinadas cañeras, centros de acopio, remolques cañeros y otros.
Resultado de un enorme esfuerzo inversionista y de preparación y calificación de miles de obreros, cuadros de dirección y técnicos, esta red de plantas posibilita que Cuba sea capaz hoy de fabricar más del 75 por ciento del equipamiento tecnológico agroindustrial de centrales azucareros y fábricas de derivados e independiza en medida apreciable a su industria azucarera de fuentes foráneas de tecnologías o equipamiento.

Diversificación y derivados.

Las estrategias de la diversificación -la multiplicación de bienes obtenidos de la actividad agrícola e industrial- son múltiples:
-Elaboración de diferentes tipos y calidades de azucares para cubrir todos los nichos del mercado.
-Producción simultanea de caña y otros productos agropecuarios.
-Incremento del valor agregado del azúcar y sus coproductos.
-Empleo de la bioenergía y la cogeneración de electricidad.

La caña de azúcar es un vegetal de excepcionales propiedades por su elevada capacidad de fijación de energía renovable; en condiciones convencionales puede producir 120 t/ha de masa verde, que en términos energéticos equivale a siete toneladas de petróleo. Más de 20 veces la energía que se emplea en su cultivo.

La cuestión esencial, por tanto, no es la erradicación del monocultivo, sino la eliminación de la monoproducción, haciendo disponible todo el enorme potencial de la caña.

La temprana comprensión de esta verdad por la dirección de la Revolución ha permitido que Cuba disponga, desde hace 40 años, de la única institución de investigación y desarrollo dedicada específicamente al trabajo de los derivados de la caña -los bienes obtenidos de aquellas producciones básicas: azúcar, mieles, cachaza, elementos esenciales en la diversificación.

Estos productos pueden contribuir a la satisfacción de las necesidades de alimentación, educación, salud, vivienda y energía, entre otros aspectos. La diversificación no es solo una estrategia para enfrentar la crisis del mercado azucarero, sino camino seguro para la industrialización y el desarrollo social del país.

La caña de azúcar no solo es materia prima para la producción de azúcar. Cada vez con más fuerza se va convirtiendo también en los bosques, el maíz, el petróleo de la nación.

Si bien ha tenido avances incuestionables, esta diversificación fue limitada en la expresión de su potencial por la excesiva confianza en un mercado azucarero muy favorable. Este reconocimiento y la desaparición de las bonanzas mercantiles inducen con fuerza a insistir hoy en esta línea, que desde 1960 ha sido política y acción en la agroindustria azucarera cubana.

Además de 18 tipos de azucares, mieles, bagazo y cachaza, Cuba dispone de instalaciones para producir otros 35 productos derivados de la agroindustria azucarera: alimento para animales, alcoholes, proteína forrajera -levadura torula- a partir de las mieles de caña y los residuos del alcohol, papeles, cartones y cartulinas a partir de bagazo, tableros de bagazo de amplio uso en las construcciones, la fabricación de muebles domésticos y escolares, entre otros.

Energética azucarera

La política energética azucarera situó desde fecha temprana, como objetivo fundamental, obtener bagazo en volúmenes que satisfagan los requerimientos energéticos en la producción tanto de azúcar crudo como en la de refino. Además de cubrir las necesidades de electricidad propia, aportaría al sistema electroenergético nacional, mediante la cogeneración, electricidad a partir del vapor empleado para el proceso de fabricación de azúcar.

Cuando más severas parecen las condiciones en las que es preciso laborar y cuando, de acuerdo a lo que algunos vaticinaban, las dificultades pueden reducir la eficiencia, se ha producido un incremento en el índice de electricidad generada por tonelada de caña molida, desde 17,30 kwh/t de caña en la zafra de 1991 hasta 27,83 kwh/t en el 2002. Actualmente alcanza un 88,34 por ciento de autoabastecimiento.

Los tiempos duros aguzan el ingenio.
Otra línea en la que se trabaja -con resultados ya en aplicación- es el empleo de los residuos de la cosecha de la caña como fuentes de energía renovable. Con el sistema mecanizado de corte-beneficio empleado, en una zafra de cuatro millones de toneladas de azúcar es posible recuperar, en los más de 900 centros de limpieza, alrededor de cuatro millones de toneladas de residuos fibrosos, volumen de biomasa disponible sin costo adicional, que empleado como fuente energética sería capaz de aportar el equivalente de algo más de 1,6 millones de toneladas de petróleo combustible Búnker C.

Concluido este artículo, que ha transitado someramente por tópico tan rico y diverso como es la problemática azucarera cubana, tropezó mi vista con una bonita encuadernación del Don Juan Tenorio y no resistí la tentación de -parodiando a Zorrilla- decirle a cierta literatura oportunista que ya sepultaba la agroindustria azucarera cubana: "Señores, el muerto que vosotros matáis goza de buena salud."

Tomado de Revista Bohemia 15/11 Año 94 No 23