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Realizarán escultura al destacado músico Benny Moré
Entrevista al escultor cubano José Villa


Por Deisy Francis Mexidor

El autor del Lennon del parque de 17 y 6 en el Vedado. El mismo que esculpió el Caballero de París de la calle Oficios. Quien hace unos días nos entregó el Ernest Hemingway ubicado en el conocido restaurante capitalino Floridita, revela en diálogo exclusivo con Juventud Rebelde detalles de su próxima obra.

Alguna vez intentó darle vida a Jonh Lennon, pero no fue hasta el año 2000 en que pudo hacer realidad el sueño. Ahora ahí está la escultura en el parque de 17 y 6, del Vedado habanero, para suerte de los cubanos. “Ha sido como saldar una deuda con mi generación y con el cuarteto que revolucionó en todos los ámbitos la música contemporánea”, confiesa en diálogo exclusivo con Juventud Rebelde.


Su más reciente obra tiene como protagonista a otra figura emblemática: Ernest Hemingway. Lo aprehendió tal cual fue y lo ha inmortalizado en el rincón al que solía ir cada día el autor de “El viejo y el mar” en el restaurante Floridita, en La Habana Vieja.
“Sin embargo, no soy solamente el escultor de esos populares personajes. Mi tránsito por este arte es mucho más amplio”, afirma.

Lo sabemos. José Villa ya ha sentado cátedra en la escultura nacional. Actualmente es presidente de la Asociación de Artes Plásticas de la UNEAC. Incursiona no solo la línea figurativa, sino también la abstracta y sus materiales, además del bronce, otros metales y el mármol. Trabajos suyos hoy se exhiben además en México, Argentina, España, Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Egipto, Rusia y Costa Rica.

—¿Qué ha sucedido con José Villa durante estos años?

—Nunca he dejado de hacer proyectos. En lo personal lo que siempre me interesó ha sido la escultura y es ella, precisamente, por la capacidad que tiene para comunicarse fuera de los circuitos tradicionales de las artes plásticas, o sea, fuera de los museos, galerías.

“La escultura posee otras vías para ganarse un lugar y son esas cosas las que me han interesado más, por eso me he dedicado a concebir proyectos que tengan que ver con la escala urbana como parques, plazas...”

—¿Cuándo surgió su vínculo con las artes plásticas?

—Desde siempre sentí una inclinación muy particular por las artes plásticas. Creo que desde niño.

—¿Y eso fue hace mucho tiempo?

—(Sonríe)Tengo 53 años.

José Ramón Villa Soberón es santiaguero. Creció en Guantánamo, a La Habana llegó cuando ingresó en la Escuela Nacional de Arte.

“Eso fue entre 1960 y 1966, con solo 15 años —explica—, ahí tuve muy buenos profesores que perfilaron de alguna manera mi formación profesional, y además tuve la suerte de que en aquella época impartían clase en la ENA los integrantes de la vanguardia artística de la década del 60.

“Al terminar en la ENA fui seleccionado para continuar estudios en Praga, Checoslovaquia, lo que me sirvió mucho en mi formación conceptual como artista, para el ejercicio del oficio. Fue una experiencia importantísima. A mi regreso comencé a trabajar en el Instituto Superior de Arte y ahí sigo como profesor”.

—¿Cómo logra en sus esculturas esa semejanza con la vida real?
—Para mí lo más importante es humanizar el personaje que esculpo. Realmente ha existido una
tradición en la escultura de presentar a los personajes en poses teatrales, heroicas, separarlos del espectador a través de pedestales y bases, hay una especie de alejamiento entre la figura representada y el espectador.

“Yo trato de romper con todo eso. Me detengo en el aspecto humano y en la relación que la escultura tiene con el entorno”.

—La selección del lugar para los emplazamientos posee un significado especial.

—Por supuesto. Eso es muy importante y pienso que es, quizás, la clave por la que se consigue una comunicación amplia, unido a ello va la fuerza de la imagen.

—¿Qué tiempo existe entre la concepción de los personajes que recrea y plasmar la obra?

—Bueno, lo primero que hago es estudiar al personaje. No con todos uno logra comunicarse, con unos es de manera más fácil que con otros, por eso es necesario hacer un trabajo previo para saber qué es lo que puede llamar la atención de ese personaje.

“Ya después, en la ejecución física de la escultura, puedo demorar entre seis y ocho meses. Hacer una obra en bronce es algo muy elaborado, excesivamente laborioso”.

—¿En quiénes se apoya?

—Hago todas estas figuras con Rafael Gómez, un joven escultor. También integran el equipo otros compañeros que participan en el proceso de la fundición.

—¿Cuál otra escultura le ha dado una satisfacción particular?

—El Caballero de París, es del 2001.

—¿Lo reconocen en la calle como el escultor de esas obras?, ¿prefiere pasar inadvertido para escuchar los criterios de las personas que las disfrutan?

—Bueno, muchos no me reconocen y en numerosas ocasiones me he detenido a escuchar historias. He escuchado pasajes muy simpáticos en el Lennon y en el Caballero de París, algunas son realmente absurdas, otras me han conmovido de manera tremenda.

“Me gusta, como a casi todo creador, saber que el trabajo es aceptado. Hay personas que han ido a pedirle al Lennon como si fuera un santo, una de ellas me aseguró que él la había ayudado a resolver un problema.

“También se me han dado los que critican por qué se ubica en un sitio y no en otro determinada pieza. Con el Caballero siempre me polemizan por qué está ahí y no donde mi generación lo conoció.

“Y yo creo que no hay contradicciones porque el Caballero de París fue un gran caminante. Sus restos están en el Convento de San Francisco de Asís, con un entorno hermoso, por esa razón es que está ahí, en la calle Oficios.”

—Háblenos un poco más sobre el Hemingway.

—Lo disfruté mucho. Soy un admirador de él y de su literatura. La obra tiene algo muy especial que no es nada común en una escultura y es que casi nunca estas se emplazan en espacios, lugares donde con tanta precisión pudo haber participado el personaje.

“Generalmente se ubican en la ciudad, en la cuadra o calle, pero él tenía ese pequeño rincón marcado por su presencia en el Floridita. No creo que existan muchas esculturas que hayan podido ser emplazadas así.

“Con casos como los del Caballero y el Hemingway intento devolverle a la ciudad las imágenes de algunos personajes que fueron leyenda en La Habana”.

—¿Se podría definir como un enamorado de la escultura?

—La escultura es lo único que sé hacer, de manera que soy un enamorado de ella, por supuesto, me gusta lo que hago. La relación con ser amante de lo que hago no es tan fácil, porque soy de esos creadores que tiene muchas contradicciones internas, dudas. El proceso creativo siempre lo voy cargando de dudas hasta el último momento en el que me pregunto si funciona o no la idea, si será o no aceptada y sí, eso tiene que ver con mi personalidad.

“Cuando veo la obra terminada, dos o tres días después es que me digo que sí funciona. Pero con estas mismas dudas trato de no hacer concesiones en
la propuesta artística, intento que sea artísticamente seria, pues no quiero que se abarate este tipo de propuesta ya que lo hago con el mayor profesionalismo posible”.

—¿Con qué nos podría sorprender José Villa en el 2004?

—Bueno, pienso empezar a trabajar muy pronto a Benny Moré. Llevo mucho tiempo acariciando la idea. Será una figura que logré que me la pidiera la ciudad de Cienfuegos.

“Creo que será una escultura muy bonita, lleva esa parte conceptual: un Benny Moré que intentará comunicarse con la gente, marcando la relación del artista con su pueblo, esa será la tesis del trabajo y me parece que en ese sentido es paradigmática, pues él caló muy profundo en la cultura popular de la Isla. Me propongo ofrecer detalles que enriquezcan la personalidad del Benny, será en bronce”.

—Usted habló de dudas. ¿Considera que ellas podrían hacerle caer en concesiones artísticas?

—No, mis dudas no me llevan a concesiones. Trato de no hacerlas en mi obra.
“Mira, este tipo de escultura, que se mueve en una comprensión tan amplia, suele ser para promover opiniones. Por ejemplo, en el caso de Lennon, me dijeron que le pusiera la guitarra, y si se la hubiese puesto, probablemente no habría causado tanto impacto, además si le hubiese puesto la guitarra habría sido otra obra”.

—Como artista, ¿está satisfecho?

—No me siento satisfecho, hay muchas cosas que me gustaría hacer, algunas no tendré la posibilidad de ello, porque mi profesión está muy relacionada con oportunidades y recursos.

“Por lo demás soy un hombre bastante simple, nada complejo. Me gusta también la música, la disfruto mucho. Disfruto igualmente de aquellas pequeñas cosas y me considero afortunado, porque tengo hijos, una familia y amigos que aunque no sean muchos, son buenos”.
DE SUS OBRAS (ENTRE OTRAS)

Escultura a María Teresa de Calcuta, Plaza Vieja. La Habana. Escultura de la Fragua Martiana. La Habana.

Mausoleo a los mártires del 13 de Marzo, cementerio de Colón. La Habana.

Escultura al Che Guevara, Palacio Central de Pioneros. La Habana. Conjunto escultórico de la Plaza Mariana Grajales. Guantánamo. Monumento a José Martí, en Madrid. España.

Escultura “Homenaje a Wifredo Lam”, Valencia. España


Tomado de Juventud Rebelde, 26/11/2003