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En Cuba el Socialismo es irrevocable
Entrevista a Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la Asamblea Nacional de la República de Cuba.
Por Francisco Aruca




En los días finales del mes de junio se celebró en Cuba una sesión extraordinaria del parlamento para discutir la propuesta presentadas por organizaciones no gubernamentales cubanas de un cambio constitucional. Esa propuesta fue apoyada con la firma de más de 8 millones de ciudadanos cubanos con derecho al voto, lo que la convirtió de hecho en un plebiscito aprobado por la mayoría de los votantes.

En resumen, el proyecto proponía que el parlamento aprobara una enmienda constitucional de dos puntos: primero, que el socialismo es irrevocable en Cuba, aunque sujeto a perfeccionamiento y, segundo, que las relaciones de Cuba con otros países no pueden desarrollarse bajo presión o coerción de una potencia extranjera.

Finalizadas las sesiones, entrevisté vía telefónica para mis programas radiales "Babel's Guide" y "Ayer en Miami" al Presidente de la Asamblea Nacional de Cuba acerca de este hecho sin precedentes en el país. Lo que sigue es una transcripción de la entrevista.

Francisco Aruca (FA): Mis preguntas son fundamentalmente dos. ¿Por qué en estos momentos, precisamente, se lleva a cabo este cambio? Y en segundo lugar. ¿cuáles son los objetivos que se buscan con este cambio?

Ricardo Alarcón (RA): La razón por la cual decidimos reafirmar de modo explícito en el texto de la Constitución los fundamentos de la sociedad cubana, es sencillamente porque el Presidente de los EE.UU., en un discurso que quiso hacer con una cierta solemnidad, o una cierta importancia particular, desde la Casa Blanca y después en Miami, nos exige que abandonemos esos fundamentos básicos de nuestro sistema social bajo la amenaza de que de no hacerlo continuaría el bloqueo, la guerra económica, la presión, etc., que incluso promete intensificar.

Todas las constituciones se conciben con fundamentos que no pueden ser revocados fácilmente, ni mucho menos por la presión de una potencia extranjera. Es imposible que EE.UU. regrese a la situación anterior de los 13 estados que se independizaron, volver a convertir en soberano a la Reina Isabel, por ejemplo. No hay forma de revocar la república francesa y declarar la monarquía, independientemente de todo lo que ha ocurrido en la historia de ese país, desde la revolución francesa para acá, ni convertir a España otra vez en una república. Ninguna constitución tiene que decir eso, que es obvio. En el caso nuestro, lo que hemos hecho en realidad es una manifestación de lo que técnicamente se puede considerar por cualquier jurista como una redundancia, pero como respuesta inevitable para que no quede la menor duda que el Sr. Bush no nos puede dictar aquí lo que vamos a hacer los cubanos ni lo que va a hacer nuestro país, porque lo que él ha hecho es peor que la Enmienda Platt. La Enmienda Platt afirmaba el derecho de EE.UU. a intervenir en Cuba, pero al Sr. Platt no se le ocurrió decir cómo tenía que ser la República de Cuba, ni cómo tenía que organizarse, ni qué tipo de sociedad debía tener.

Ahora este hombre va mucho más lejos, y además en condiciones de amenaza. Y no en un mundo cualquiera, porque no vivimos en un siglo atrás. Vivimos en un momento en que hay un superpoder encarnado por Bush, que además, no te olvides que él ha hecho otro discurso, que analizamos bastante en la Asamblea, el que hizo en West Point donde además amenazó con la guerra, con el ataque militar sorpresivo y no en defensa propia, no en respuesta, sino como acción preventiva, y mencionó más de 60 países, sin nombrarlos. Lógicamente para Cuba, que está en esa lista cortica de los 7 países a quienes califica de terroristas, es una acusación sumamente grave y es una amenaza que uno no puede ignorar viviendo en este planeta y en el mundo de hoy. Por eso nuestra respuesta también tiene que ser clara, tiene que ser firme, tiene que ser categórica.

El otro cambio fundamental es el que se refiere a que las relaciones, vínculos diplomáticos, económicos, políticos de Cuba con cualquier otro estado no pueden tener lugar bajo condiciones de amenaza, de agresión o de coerción. No nos estamos refiriendo ahí a negociaciones para cambiar la Constitución, porque eso no se puede cambiar, eso no lo negociamos con nadie; nos referimos a los intercambios normales que tienen los estados entre sí. Que quede claro que no habría nunca ninguna negociación, ningún trato con ningún país bajo esas condiciones de amenaza, de presión o de agresión. Esa es la esencia de lo que la Asamblea ha hecho.

FA: En ningún momento usted se ha referido a lo que más se ha enfatizado por los medios de prensa en EE.UU. y sobretodo en Miami, de que lo acordado por la Asamblea Nacional es de alguna manera una respuesta al Proyecto Varela. ¿Tiene algo que ver lo aprobado en La Habana con el Proyecto Varela?

RA: Absolutamente nada. El Proyecto Varela es bastante viejo. Yo por lo menos recuerdo que tiene más de 10 años. Ya en el año 92 se hablaba de eso. El Proyecto Varela y las acciones del grupito de personas promovidos, alentados, dirigidos, respaldados financiera y políticamente por los EE.UU. no es un problema reciente y el propio Bush habla de eso en sus dos discursos. Yo me acuerdo que se habló bastante de ese proyecto cuando su Santidad el Papa vino a Cuba. En aquellos días casi se anunciaba como una cuestión de inminente concreción, y después lo metieron en el congelador porque no había novedad noticiosa, no estaba Cuba en primer plano. Viene Carter y reaparece el Proyecto Varela. Habla Bush y reaparece. Yo creo que en Miami deberían respetar un poquito más a su Presidente. ¿Como se va a comparar el discurso solemne del Presidente de los EE.UU. con las jugadas que hacen sus agentes? Hay que colocar las cosas en su justa proporción.

Nosotros no estamos respondiendo al llamado Proyecto Varela, al que de hecho yo mismo he respondido en otras ocasiones. Eso es una maniobra mediática fundamentalmente, para que se pueda llevar incluso al extremo de llegar ahora a comparar al títere con su amo, lo cual me parece, entre otras cosas, irrespetuoso con el Presidente Bush. Nosotros respetamos la institución, la presidencia de los EE.UU., pero estamos respondiendo al jefe del imperio, que está amenazando incluso con el ataque sorpresivo de carácter militar. ¿Cómo se va a comparar eso con el jueguito de algunos de sus instrumentos? No debe quedar la menor duda: si en Miami alguno quiere seguir cultivando la bobería ese es su problema. Francamente, yo no voy a seguir perdiendo el tiempo con eso.

FA: El segundo punto es el acto que el Presidente Fidel Castro calificó de injerencia dentro de Cuba por diplomáticos de EE.UU. El Presidente añadió que aunque no era el deseo de Cuba que esto sucediera, sin embargo, de continuar este tipo de actividades podría poner en peligro la Sección de Intereses de los EE.UU. en La Habana y también el acuerdo migratorio. Eso ha llevado a toda una serie de reacciones en los EE.UU. por parte de funcionarios estadounidenses, por parte de la prensa, entre ellos algunos que han dicho que les sorprendía que esto no se hubiera discutido en las reuniones que ha habido sobre las cuestiones migratorias. Me gustaría tener su reacción sobre estas dos posibilidades. ¿Qué pudiera ocurrir de seguir este tipo de actividades que se están denunciando en La Habana?

RA: Primero quiero decir del modo más claro que en todas las reuniones migratorias se ha advertido por nuestra parte de esos problemas al gobierno de los EE.UU. Sí, se les ha reiterado que eso no podría continuar eternamente. Ni la manipulación de algunas cuestiones relacionadas con la aplicación de los acuerdos migratorios, ni el desarrollo de actividades por parte de la Sección de Intereses que no tienen nada que ver con la diplomacia. Lo puedo decir porque he sido yo quien lo ha dicho en todas las reuniones migratorias, excepto la última, en la que yo no estuve presente; pero me consta que el representante de Cuba lo volvió a hacer. Esa es la primera cuestión. ¿De que se trata? De que la Sección de Intereses acá se dedica a cuestiones que nada tienen que ver con la diplomacia. Tenemos una Sección de Intereses que con el cuento del monitoreo de las personas devueltas cuando son interceptadas por los guardacostas de EE.UU. --los que son devueltos a Cuba como parte de los acuerdos de 1994-- se dedican a otras cosas que no tienen nada que ver con esa verificación.

Por ejemplo, el Proyecto Varela del que tú hablabas antes. Hay declaraciones de Mrs. Huddleston. Ella dio hasta la cifra de las firmas que tenía. ¿Cómo rayos sabía ella eso tres meses atrás? No sé si es ella la que recogió las firmas o fue responsable de las firmas. Se han dedicado a cosas que no tienen nada que ver con constatar el estado de las personas que fueron devueltas. Esa cuestión del monitoreo no está en los acuerdos migratorios. En el 94, después que los firmamos, los representantes del gobierno de los EE.UU. estaban bastante nerviosos por declaraciones estridentes que hicieron en Miami algunos legisladores de por allá, por supuestas y truculentas historias de lo que le pasaría a las personas que eran devueltas, etc. etc. Lo llevaron hasta el Congreso. Ahí tuvo que concurrir hasta el secretario Tarnoff para responder por eso y ahí se explotó un lenguaje y una retórica y unas amenazas diabólicas sobre lo que estaba ocurriendo. Nos pidieron de favor que los ayudáramos. Como cortesía le ofrecimos: miren, vayan a visitarlos, a cada uno de ellos. ¿Cuál fue el resultado? Que ya hace varios años que nadie habla de eso. ¿Dónde está la acusación en Miami de que alguien haya sido maltratado? Porque no ha habido nada. Y los propios estadounidenses verificaron que todos gozaban de perfecta salud, que hacían una vida normal, que iban a su trabajo, a sus estudios, que paseaban por todo el país. En todo ese tiempo, ¿qué es lo que ha ido ocurriendo? Como a ellos les consta que no hay ningún problema con los devueltos, se han dedicado a otra cosa. Se han dado viajes de monitoreo en que no han monitoreado a nadie, no han ido a visitar a la persona que fue devuelta. Sí han ido a tratar de organizar a la oposición que nos quieren crear dentro de Cuba y que se ha concretado en los últimos tiempos con toda esta historia del Proyecto Varela. Eso vino también con el contrabando. Tú no puedes usar la valija diplomática para lo que te da la gana. Eso contradice la letra y el espíritu de la Convención de Viena.

Agrégale a eso un caso único. Tú tienes una misión diplomática, cuya jefa a lo que más se dedica es a hacer declaraciones insolentes, injerencistas, contra las autoridades, contra el régimen, contra el país donde está acreditada. Por una milésima parte de lo que hacen los diplomáticos de Estados Unidos en Cuba, cualquier diplomático en cualquier parte del mundo es expulsado. Nosotros no lo hemos hecho, pero se lo hemos advertido privadamente y se incumple una y otra vez. Y esta vez la única diferencia es que lo hemos hecho público porque nos preocupa, porque creemos que el acuerdo migratorio debería mantenerse en vigor. Es un acuerdo útil, es conveniente para ambos pueblos, creemos además que la existencia de la Sección de Intereses y los acuerdos migratorios son las únicas cosas que se han logrado en años, pero que tampoco vayan a confundirse y a creer que nosotros, por mantener esos dos únicos acuerdos que tenemos, vamos a permitir que ellos hagan lo que les dé la gana. Si se llegara a una situación en que ambas cosas cesaran, la responsabilidad sería de aquel gobierno que desde hace años ha sido advertido una y otra vez del modo más claro. Y ellos lo saben y saben que además podemos documentar que lo hemos estado haciendo sistemáticamente.

FA: Alarcón, sus respuestas me llevan a hacerle una pregunta adicional. ¿A qué atribuye usted que cosas como éstas que pudieron haberse enfatizado antes y no se hizo, de pronto están siendo tan enfatizadas y hasta cierto punto publicitadas por esta administración de Bush?

RA: Pienso que, por una parte, porque hay una administración como ésta. Una administración mucho más hostil a Cuba, que además tiene una característica que la diferencia de todas las anteriores. Nunca antes había habido tanta presencia en el gobierno de los EE.UU., en la administración, con relación a la política hacia Cuba de personas que proceden del sector más agresivo de la emigración cubana en la Florida, lo que nosotros denominados la Mafia: el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Sr. Otto Reich; el director para América Latina de la Agencia Internacional para el Desarrollo, Sr. Franco; el asesor de Seguridad Nacional para América Latina, Sr. González. Fíjate qué cosa más curiosa, tres cargos claves, que se supone que no son el Buró de Cuba del Departamento de Estado, son tres cargos claves para todo un continente y las tres posiciones las están ocupando personas que proceden y que están estrechamente vinculadas a ese sector minoritario de la sociedad estadounidense. Parece como un regalo.

Bush no está ahí por casualidad en la Casa Blanca. Recuerda los meses de escándalos con toda la cuestión de la elecciones del 2000 en la Florida. El está muy agradecido y ha entregado posiciones, desde las cuales se hace política y se toman decisiones. La Sra. Vicki Huddleston, como tú has recordado, ha sido muy activa, muy explícita, muy locuaz, pero desde que Bush entró en la Casa Blanca. Ella también era la jefa de la Sección aquí en el período anterior y era mucho más discreta, más diplomática, no decía las cosas que dice ahora, en la forma en que actúa que es realmente provocadora. Ahora además, ha ocurrido otra cuestión, que fue el 11 de septiembre. Fue esa atrocidad que sufrió el pueblo estadounidense y la forma que ha sido manejada por esta Administración.

No se pueden separar los discursos del 20 de Mayo del discurso de West Point, donde tranquilamente anuncia la posibilidad de que en cualquier momento, sin declarar la guerra, sin advertir, ni informar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sencillamente pueden atacar a cualquier país y menciona más de 60. No nombra los países, dice que hay más de 60 lugares del planeta donde pudieran actuar los militares de EE.UU. sin avisar, por sorpresa, sin ser atacados, sino ante lo que supone un riesgo, un peligro. Tenemos razones sobradas para pensar que Cuba está en esa lista, porque si a Cuba la acusan de ser un estado terrorista, si contra Cuba hay acusaciones irresponsables como esa del bioterrorismo, fíjate cómo se ha estado jugando con cosas que van más allá de las simples palabras. Acusar a un país de tener armas de destrucción masiva y amenazar con ellas a los EE.UU., en este contexto, equivale a justificar una acción militar "preventiva" contra ese país. Creo yo que todo eso explica el que se esté actuando de una manera más irresponsable, más irracional, que obliga a Cuba a defenderse en el único plano que podemos hacerlo, que es en el plano de los principios, de las ideas, de la toma de decisiones en el plano político y tratar, sobre esa base, de advertir, de esclarecer, de evitar que la gente se confunda. Y en el caso concreto de la Sección de Intereses, decidimos hacerlo público ahora; o sea si continúa esa situación se puede llegar a un momento en que desgraciadamente esos acuerdos también sufran las consecuencias por culpa de ellos.

Y en el plano de los principios, los planos fundamentales, reafirmando no solamente por la Asamblea Nacional con la decisión del miércoles, si no que esa decisión viene con el respaldo de todo el pueblo. De un amplísimo movimiento donde todo nuestro pueblo se ha expresado --en actos, en manifestaciones, en desfiles y en la firma de más de 8 millones de electores, expresando que aquí nadie va a venir a imponernos su voluntad ni a tratarnos como si fuéramos otra vez esclavos.
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Francisco Aruca, es director de Radio Progreso Alternativa y de los semanarios Progreso Semanal y Progreso Weekly.