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Gracias
Por Raiko Martín
Tomado de Juventud Rebelde,
16 de marzo del 2006

Tras el partido, el respeto y la
administración mutua invadió el césped
sintético del estadio Hiram Bithorn.
San Juan entró en la historia del béisbol cubano. Lo hizo como Managua, Santo Domingo, Edmonton, o Parma, todas testigos de grandes hazañas, y cómplices a la vez -aunque en ocasiones heridas-, de las alegrías de una Isla que ha hecho de este deporte la pasión mayor de sus habitantes.
Solo comparable con la presión que bajaba del graderío del estadio Hiram Bithorn, fue por una noche la ilusión de millones de cubanos que desde la distancia, y con fe ciega, acompañaron a los suyos al combate decisivo.
Hasta el último out, solo ellos creyeron en lo que otros consideraban un milagro. Un compromiso hecho antes de la partida fue suficiente para confiar en quienes se impusieron, sin fama ni fortunas, en el inédito desafío de luchar contra las rutilantes estrellas del béisbol rentado.
Quizá por eso, a los que acudieron a presenciar el "último acto" de nuestros aficionados, no les quedó más consuelo que reconocer con aplausos el coraje, la entereza y calidad del justo ganador.
El abrazo del digno rival no faltó para confirmar el respeto y la admiración ganada en un gesto que agradecen nuestros pueblos hermanos. Empapados de simpatía y prestigio, comiencen ahora el viaje hacia la consagración, pues la gloria ya les está asegurada.
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