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Cuba: pilar del patrimonio forestal universal
Ana Margarita González
Trabajadores
6 de octubre de 2004
Cuba es uno de los pocos países del mundo, y el único de América
Latina, que arribaron a este milenio con una tasa de repoblación forestal
positiva. La cultura ganada en este sector y hacia los trabajos de conservación
y mejoramiento de los recursos forestales es parte de la vida cotidiana de
los cubanos.
Los esfuerzos estatales no son menores que los populares. El soporte económico de los diversos programas que sustentan el aumento de las áreas boscosas y la preservación de los ecosistemas supera los 320 millones de pesos anualmente, e incluye, además del cuidado y fomento de las plantaciones, las medidas de conservación, disminución de la erosión de los suelos, la cobertura de árboles en las cuencas de ríos y embalses, así como la protección de las especies de la flora y la fauna autóctona.
En toda la etapa de la seudorrepública, en Cuba se sembraron unos diez millones de árboles y en sólo 45 años de Revolución Socialista, la cifra supera los 50 millones, y con ellos ha sido posible elevar la cobertura boscosa desde 13%, que era en 1959, hasta 23% actualmente.
Y no es sólo una cifra, es todo lo que representa para los cubanos la recuperación de los bosques, dada la cultura y las tradiciones relacionadas con este patrimonio y lo que significa en materia de defensa nacional, téngase en cuenta que la lucha armada revolucionaria, comandada por el Presidente Fidel Castro tuvo por escenario las montañas orientales.
Estos ecosistemas son el mayor refugio de la fauna autóctona y de muchas especies de aves, que se detienen en la Isla en su paso por el continente. Es también la cuna de muchos animales, que enriquecen nuestro patrimonio nacional.
Luego de la lucha armada y el triunfo revolucionario, se produjo una significativa emigración de los hombres del campo hacia las ciudades, buscando el desarrollo que imponía la vida en esas urbes. Mas, un poco importante que se magnifica hoy por hoy, es el regreso de esos antiguos montañeses hacia sus lugares de origen y de muchos citadinos, que buscando la tranquilidad del campo, han recurrido a la convivencia con las montañas.
Es significativo el esfuerzo por igualar las condiciones materiales del campo y la ciudad, en ese empeño que se conoce en Cuba como Plan Turquino Manatí, y que pretende la repoblación de las montañas no solamente enfocado hacia el aumento de las plantaciones forestales, sino también al incremento del número de personas que habitan en ellas.
Nuevos sistemas de producción, de tenencia de la tierra, de pago de estimulación por los resultados finales que se obtienen en la producción son incentivos para atraer a mujeres y hombres hacia esos lugares remotos, pero accesibles que tiene privilegiadamente Cuba.
La educación y la salud pública son gratuitas y alcanzan por igual a todos los cubanos, aunque estén ubicados en las altas cumbres. Así por ejemplo, existen más de dos mil 500 escuelas, cuatro facultades y sedes universitarias en todos los municipios comprendidos en el Plan Turquino Manatí y hay un médico cada 350 habitantes de las serranías.
La capacitación es constante para estos hombres y mujeres que se incorporan al desarrollo de las montañas, como constante es la renovación de las ideas, de la vida y la cultura de estas intrincadas regiones, y con su hacer contribuyen a que Cuba sea un pilar del desarrollo forestal universal.