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Los años largos.

En el 2025 uno de cada cuatro cubanos estará en la tercera edad.

Por Anett Ríos Jáuregui
Granma. 29 nov. 04

En el año 2002, el Informe de las Naciones Unidas sobre el Envejecimiento de la Población Mundial: 1950-2050 alertaba sobre cambios demográficos extraordinarios e irreversibles. Se anunció que a mediados del siglo XXI, por primera vez en la historia de la humanidad, la población de la tercera edad superaría a la de jóvenes. A principios de este siglo existían 629 millones de personas con más de 60 años de edad; en el 2050, se calcula, la cifra llegará a los 2 000 millones.

La realidad es que casi ningún país puede desconocer ya en sus políticas el fenómeno del envejecimiento. El proceso no solo influirá en las relaciones y estilos de vida dentro de la familia, sino que traerá consecuencias directas en el crecimiento económico, los mercados laborales, los sistemas de salud y atención médica, las migraciones, la organización de la vivienda, los proyectos arquitectónicos, los perfiles de los medios de comunicación.

El mayor problema es que no se trata de un proceso inmediatamente palpable, por lo que las previsiones que hay que tomar para evitar grandes descalabros sociales y económicos responden a la responsabilidad de las sociedades, a largos años de educación, y al gran reto de construir una cultura acerca de la vejez que aún no existe.

En Cuba, después de 1959, las distintas políticas sociales, educativas, y de salud lograron que el país alcanzara índices envidiables de desarrollo para la ancianidad, perspectivas de vida que nos ubican contradictoriamente en una compleja encrucijada: las estadísticas prevén que en el 2025 uno de cada cuatro cubanos estará en la tercera edad.

La preocupación política y social en la Isla por promover una vejez confortable y digna es bien conocida por los ciudadanos cubanos y por el mundo. Una larga lista de iniciativas que incluye la atención primaria en salud, seguridad social, derechos laborales y sociales, talleres culturales, programas televisivos y radiales, la Universidad del Adulto Mayor, los Círculos de Abuelos (quizás el proyecto para la ancianidad más popular y reconocido entre nosotros) está ya presente de forma natural en la vida cotidiana. La pregunta es hasta dónde llevamos ventaja, y hasta dónde el gran trabajo de las últimas décadas ha preparado la conciencia del cubano para enfrentar la vejez.

En septiembre del 2003 se creó en el país el conocido Club de los 120 años, una apuesta por la longevidad sana. Su fundación demostró una vez más el interés nacional por una mejor calidad de vida, pero podría verse también como una especie de estrategia ante nuestra realidad futura. El 14% de nuestra población tiene hoy más de 60 años, la esperanza de vida es de 76 años y los pronósticos indican que seremos uno de los países más envejecidos del mundo.

Hace semanas, de visita en el Hogar de ancianos Chung Wah de la capital, recibí una gran lección sobre cómo comprender el universo de la vejez con sus preocupaciones, necesidades, habilidades, ilusiones, algo difícil de alcanzar incluso en una sociedad tan protectora como la cubana.

Los ancianos del Chung Wah, al finalizar la comunidad terapéutica, nombre que dan al intercambio quincenal entre albergados y trabajadores, se pusieron de pie con actitud solemne en el teatro del asilo. "Como es habitual, vamos a dedicar un minuto de silencio para los amigos que ya no están", pidió una de las asistentes sociales de la institución.

Callados, dejaron pasar el tiempo y luego regresaron a la vida cotidiana en el Hogar. No fue una escena dramática. Fue un honesto y sencillo homenaje a sus compañeros, porque la cultura de la vejez debe asumir la enfermedad, la muerte, la dependencia, con la misma sabiduría que puede asumir la comprensión entre generaciones, los nuevos aprendizajes, el futuro.

Habrá que utilizar un nuevo prisma para construir e interpretar un mundo completamente diferente al que conocemos hoy. Se impondrán nuevas formas de vivir, trabajar, atender a las personas. Lograr ese entendimiento de los conflictos y placeres de la vejez, con naturalidad, comenzará a educarnos para la sociedad que ya empezamos a ser.

— La edad media de la población cubana en 1990 era de 32,7 años. En el 2003 alcanzó los 36,7 años.

— El 14% de la población cubana pertenece actualmente a la tercera edad (un millón 689 326 personas)

— En el país existen más de 138 000 personas con una edad superior a los 85 años.

— Los municipios más envejecidos del país son Plaza, Diez de Octubre (Ciudad de La Habana) y Placetas (Villa Clara).

— Las principales causas de muerte en los adultos mayores durante el 2003 fueron: enfermedades del corazón, tumores malignos, enfermedad cerebrovascular, influenza y neumonía, enfermedades de las arterias, arteriolas y vasos capilares.

— En el país existen más de 340 profesionales de la salud que laboran en la atención especializada de Gerontología y Geriatría.

— Existen 36 salas y servicios de Geriatría en todo el país.