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Medioambiente cubano: Recordatorio para un amnésico "padrino"

Por Reinaldo Santana López
Agencia de Información Nacional
Noviembre, 2004

Mientras la dominó EE.UU. (1898-1958), Cuba sufrió atrocidades en su ambiente, muchas cometidas por compañías norteamericanas vinculadas a ganadería, minería y producción de azúcar. La Isla mermó su superficie boscosa del 54 al 13,7 por ciento, lo que acentuó la destrucción de sus ecosistemas originales.

Ahora resulta que el norteño país, el que más contamina la atmósfera y menos compromisos establece para protegerla, se autopropone como "padrino" de la ínsula en materia medioambiental, con asombrosa amnesia histórica.

La potencia que ignora el Protocolo de Kyoto (único tratado mundial en limitar la emisión de gases que provocan el cambio climático), y cuyas trasnacionales han desmontado extensas áreas boscosas en Latinoamérica, aprobó en mayo pasado el informe de la llamada Comisión de Ayuda a una Cuba Libre.

El texto incluye unas 450 recomendaciones y propuestas de nuevas medidas para derrocar a la Revolución e instaurar un gobierno títere bajo el control de Estados Unidos, quien ejercería el completo dominio sobre la nación cubana.

Este documento dedica un capítulo a lo que denomina Identificación y corrección del deterioro ambiental. Una vez más el Imperio desconoce que la Revolución heredó un territorio sometido durante 450 años a intensa deforestación, entre otras políticas irracionales de manejo del medio natural que disminuyeron la fecundidad de parte considerable de sus suelos.

Olvida que en la tierra de Martí se ha propiciado la institucionalización de la cultura del cuidado del entorno, con leyes, programas y proyectos concretos, y se han desplegado ingentes esfuerzos a favor de la naturaleza, a pesar del bloqueo.

Cuba elevó su área boscosa hasta 23,4 por ciento y es de los pocos países de Las Américas donde crece ese indicador.

La aplicación de una adecuada política de dinámica en este campo, deviene congruente con el estricto control del manejo de bosques, responde al equilibrio conservación-explotación y propicia el incremento de la superficie boscosa en todas sus regiones.

Tiene la Antilla Mayor una estrategia hasta 2015 para elevar el índice de boscosidad al 28 por ciento -se cubrirían todos los suelos con aptitud forestal-, mejorar y enriquecer la composición de tales áreas y brindar mayor protección a los recursos hídricos, de flora y fauna.

Cuenta con la clasificación y categorización de todos los bosques, su representación cartográfica, plan de ordenamiento y medidas de protección y conservación.

La experiencia de las fincas forestales integrales ha contribuido a la reforestación y a establecer bosques energéticos y frutales, reducido la ocurrencia de incendios rurales y elevado la supervivencia de plantaciones. Mediante este programa ponderado por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Gobierno entrega tierras en usufructo a campesinos, los apoya en construir y acondicionar sus viviendas, y les concede un módulo pecuario, herramientas, medios e insumos para el trabajo.

El plan concibe plantar árboles en 22 mil hectáreas en las zonas de protección de los 241 embalses y 831 micropresas de la nación, y cubrir 50 mil en las márgenes de ríos y arroyos.

Según Francisco Arias, representante de la FAO en Cuba, la Isla posee los mejores programas de Latinoamérica y el Caribe en conservación de bosques y desarrollo de comunidades sostenibles.

El país fue el primero de estas regiones en disponer de un programa nacional de lucha contra la desertificación y la sequía, elogiado por organismos internacionales.

La calidad del medio ambiente cubano prosiguió mejorando en los últimos años, favorecido por el empleo del fertirriego en complejos agroindustriales, introducción de prácticas productivas más limpias, rehabilitación y mantenimiento de sistemas de tratamiento de residuales.

Durante 2003, por ejemplo, decreció en nueve por ciento la carga contaminante en relación con el año precedente. Tal disminución favoreció las cuencas hidrográficas, incluidas las de interés nacional, como la del Cauto, cuyo proyecto recuperador premió la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (2002).

La Ínsula sobresale asimismo en la aplicación del programa para conservar la diversidad biológica, considerado entre los más integrales de las regiones latinoamericana y caribeña.

Destacan sus proyectos sobre control de la polución del aire, agua y suelo, el estudio de ecosistemas frágiles de montaña y costeros, y las acciones restauradoras en cuencas hidrográficas, donde en el decenio anterior decreció la contaminación en casi 10 por ciento.