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TENGO, VAMOS A VER...
Por Alberto Ajón
Tomado de Radio Reloj
20 de agosto de 2004

Aquel poema con que Nicolás Guillén proclamó las conquistas iniciales de la Revolución Cubana, aquellos versos de la memoria y las emociones colectivas que multiplicaron nuestra voz, son más ciertos ahora que en los días de melenas verdeolivo.

A pesar de las imperfecciones que afloran inevitables en el ejercicio de una experiencia inédita auténticamente transformadora, los cubanos esgrimimos las prerrogativas que garantizan la certeza de un mundo mejor.

Tengo, vamos a ver, el derecho a una vida saludable mucho antes de nacer, bajo la custodia permanente y gratuita de mi médico de familia y con la seguridad de que los hallazgos y recursos más novedosos de la ciencia y la técnica no me dejaran morir en abandono.

Tengo, además, el derecho a la generosidad de compartir esta riqueza con quienes piensan en mi bienestar sólo como esperanza.

DONDE SOMOS FUTURO

Tengo, vamos a ver, el derecho a educarme y adquirir más altos conocimientos y destrezas para mi superación profesional y moral, y a hallar en la cultura el camino hacia la plena libertad, emancipado de lo banal y superfluo a cambio de valores que enriquezcan en mí lo mejor de lo humano.

Tengo derecho al deporte que fortalece el músculo para sostener la mente sana y que hace del cuerpo vigoroso un instrumento de amor y de trabajo.

Tengo derecho a la dignidad del empleo y la seguridad de que no me echarán al desamparo cuando, ya viejo, deba recibir en cambio protección y respeto. Tengo derecho al hogar feliz que yo sea capaz de edificar en el concierto amoroso de una familia honrada, orgullosa de mí y yo de ellos y del país en que tuvimos la dicha de nacer.

Tengo derecho a no tener miedo del futuro porque el porvenir somos nosotros mismos.

EL DERECHO A LA DEFENSA

Tengo, vamos a ver, una historia de coraje y decoro que viene de lejos alentando lo que ahora mismo somos: un pueblo que vio y conoce y se volvió nación sabiendo que mañana seremos más fuertes y capaces.

Tengo las ideas que me inculcaron los patricios de ayer y los patriotas de hoy, y las armas de pelea con que hacer imbatible este lado de la verdad y la esperanza.

Tengo, vamos a ver, millones de hermanos y millones de amigos dentro y fuera de mi país, y eso es más importante que millones de dólares en las oscuras arcas del saqueo y el hambre, de la limosna y la desvergüenza.

Tengo, que como tengo el derecho a ser humano, ni en Washington ni en Ginebra me podrán suprimir con hipócritas falacias este derecho a la vida que ofrendaré si es preciso defender mis derechos frente a los de retórica embustera y los agresores de cañón. ¡Tengo, y vengan a ver!.