José Manuel Carreño en la cumbre de Dance Magazine

Miguel Cabrera
Tomado de Granma
4 de mayo de 2004

Una de las más eminentes figuras masculinas producidas por la Escuela Cubana de Ballet, el primer bailarín, José Manuel Carreño, acaba de ser galardonado en la ciudad de Nueva York, con el Premio Anual de la revista Dance Magazine, una de las más altas distinciones que se conceden en los Estados Unidos a las figuras que con su talento, prestigian el arte de la danza a nivel mundial.

Carreño, graduado como el Alumno Más Destacado de la Escuela Nacional de Ballet en 1986, al año siguiente ingresó en el Ballet Nacional de Cuba bajo la dirección artístico-técnica de Alicia Alonso, conjunto donde ostenta el rango de Primer Bailarín desde 1992. Entre sus anteriores galardones figuran Diploma de Honor (Varna, 1986), Medalla de Oro (Nueva York, 1987), y el Grand Prix de la ciudad de Jackson, (Estados Unidos, 1990). Su brillante carrera lo ha vinculado a compañías y galas de danza del más alto nivel, entre ellas: el Real Ballet de Londres; el Ballet Bolshoi y el Ballet del Teatro Marinski, de San Petersburgo, en Rusia; la Scala de Milán, Ópera de Roma, en Italia; American Ballet Theatre, Estados Unidos; los Ballets Nacionales de Canadá y Holanda y el Asami Maki Ballet del Japón.

El Premio, instituido en 1954, celebró su medio siglo de existencia en una Gala Especial celebrada en el Merkin Concert Hall, a la que asistieron importantes personalidades del ámbito artístico y cultural norteamericano, así como otras invitadas de diferentes partes del mundo.

El llamado Dance Magazine Awards ha reconocido durante 50 años a las más grandes luminarias del mundo danzario. Nuestra gran Alicia Alonso lo recibió en 1958 y desde entonces se han hecho merecedoras de él, en la rama femenina figuras como Martha Graham, Ninette de Valois, Alexandra Danílova, Margot Fonteyn, Carla Fracci, Alicia Markova, Natalia Makarova y Twyla Tharp y en la rama coreográfica George Balanchine, Alvin Nikolais, Frederick Ashton, Anthony Tudor, Jerome Robbins, Alvin Ailey, Maurice Béjart y William Forsythe. En la galaxia de los más grandes bailarines de la segunda mitad del siglo XX y los inicios del XXI, en la que ahora entra Carreño por derecho propio, figuran Anton Dolin, Igor Youskevitch, Erik Bruhn, Fred Astaire, Gene Kelly, Anthony Dowell, Rudolf Nureyev, Jorge Donn, Mijail Barishnikov y Julio Bocca.

Al concluir sus actuaciones en el pasado Festival Internacional de Ballet de La Habana, emocionado por las ovaciones que le tributó el público cubano, en cada una de sus presentaciones en el Gran Teatro de La Habana y el Teatro Nacional de Cuba, Carreño declaró con su tradicional sencillez: "Me gusta bailar en el mundo entero, enriquecer mi carrera, pero no puedo estar lejos de la Patria por largos periodos. Hay una necesidad interior que me incita a regresar y estar con los míos". Y es que para los que lo conocemos profundamente, José Manuel Carreño, a pesar de su cosmopolitismo, pertenece a esa respetable estirpe para la cual es verdad ineludible aquella que establece que "el Arte no tiene Patria, pero el artista sí".