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Discapacidad:
Otro triunfo por la vida plena
Por Vivian Bustamante Molina
La atención a los discapacitados está sustentada en una política social tan justa como razonable, implementada por voluntad del Gobierno, y que materializan decenas de organismos e instituciones, con el objetivo de insertar cada vez más en la sociedad a ese segmento que hoy representa aproximadamente el 8 % de la población.
Para quienes conocen la realidad cubana no resulta extraña la afirmación de que la atención a los ciudadanos con limitaciones físicas requería, y de hecho se logró desde un principio, la participación activa de los propios interesados y del resto de las personas que conviven a su alrededor.
En época tan temprana como la década de los 60, y aparejada a la efervescencia por construir una nueva nación en todos los sentidos luego del triunfo revolucionario de 1959, también nacieron programas a largo plazo para atender integralmente a quienes tuviesen cualquier impedimento, ya fuera físico-motor, visual o auditivo.
La constancia y el desvelo de muchos fueron recompensados de Occidente a Oriente de este archipiélago, donde se actuó no solo en los grupos poblacionales, sino también con quienes viven en lugares más apartados.
Desde hace un decenio Cuba exhibe logros en la prevención e integración social en las personas con discapacidad
Tal prioridad sería admitida además, por expertos foráneos, pues en 1993 Cuba dio respuesta al llamado de Naciones Unidas, al exponer los resultados del decenio anterior, que arrojaron logros ostensibles en la prevención, rehabilitación, integración social y equiparamiento de oportunidades en las personas con discapacidad, basado en los principios y recomendaciones de instituciones internacionales, como la Organización Mundial del Trabajo y la Declaración de los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Precisamente cuando se hacía público este reconocimiento, el país atravesaba uno de los años más difíciles de su crisis económica y, aunque se presentaron limitaciones, nunca faltó la atención, al contrario, el Gobierno estableció medidas para satisfacer las necesidades más perentorias de los grupos más vulnerables, entre ellas las de los aquejados de algún impedimento.
La prevención, una prioridad
A partir de entonces, los esfuerzos se dirigirían, a través de un Plan Nacional, a profundizar en acciones más eficaces para prevenir la discapacidad y la realización de los objetivos de igualdad y de plena participación, atendiendo a que el escenario es la resultante del desarrollo económico y social de la nación.
Conversar con los máximos representantes de las tres organizaciones de discapacitados en la mayor de las Antillas, la ACLIFIM; la ANCI y la ANSOC, es reafirmar realizaciones, conocer perspectivas y profundizar en insuficiencias, derivadas mayoritariamente de las conocidas restricciones económicas por el injusto bloqueo yanqui y la adversa situación internacional, que van desde la vivienda, hasta en ocasiones poca disponibilidad de las denominadas ayudas técnicas como sillas de rueda, artículos ortopédicos y prótesis auditivas.
Pero a estas carencias se enfrentan sustentados en realidades como un sistema educacional, podría asegurarse que único en el mundo, a partir de escuelas especializadas, con todas las condiciones materiales y personal docente y paramédico; una red de salud pública, prioridad en la inserción laboral e incluso en la enseñanza de la computación, esto último desde hace dos años, a tenor de las inversiones que realiza el Estado cubano, con el propósito de hacer de este un pueblo más instruido y culto.
Afirmaba Ida Hilda Escalona del Toro, presidenta de la ACLIFIM, que los discapacitados, en especial los de la organización que representa, están orgullosos de un sistema que defiende sus derechos y aporta recursos para su desarrollo pleno, en contraposición a lo que ocurre en otras latitudes, donde los discapacitados están entre las capas más vulnerables a las consecuencias de las políticas neoliberales.
Cada programa que se desarrolla en la mayor de las Antillas lleva insertada una mejoría para los discapacitados. Ejemplo reciente es la generalización de un sistema de telefonía pública para personas con deficiencias auditivas agudas.
Ningún discapacitado en Cuba está desamparado
Especialistas internacionales opinan que pocos países como Cuba pueden mostrar para ese segmento de la población, un sistema tan bien articulado, organizado y funcional, dirigido a la enseñanza y atención integral, que parte de 16 escuelas especialmente concebidas para el aprendizaje de quienes padecen sordera, con posibilidades hasta de alcanzar el bachillerato y acceder a centros universitarios, donde los hay formándose como pedagogos.
En los más de 92 800 afiliados de las tres organizaciones de discapacitados existe la satisfacción de que nadie está desamparado y por el contrario, desde su asociación de base hasta la más alta instancia del Gobierno, hay preocupación y ocupación por garantizar desde indispensables y básicos, hasta muy especializados servicios.
Por ello no es raro que desde el 2001 haya surgido una nueva prioridad: la atención a las personas sordo-ciegas, considerada una tercera limitación con identidad propia, en la que se combinan trastornos visuales y auditivos y en ocasiones otros más, y para los que en Cuba se ponen en marcha programas educativos y de rehabilitación distintivos.
También son implementados otros de carácter preventivo, en tanto se trabaja en la detección y diagnóstico.
Conocer de estas realidades no puede llevar a pensar que las cosas han sido, según reza el refrán, de coser y cantar, ni que todo es perfecto, pues falta por hacer y perfeccionar para llegar incluso a la excelencia, si se parte del precepto de que en Cuba, en materia social, es inagotable el campo de las acciones para satisfacer las necesidades.
La cultura y el deporte, del que no están alejados los discapacitados, son un espacio conquistado, pero no agotado en posibilidades. De hecho, realizan festivales y tienen atletas de alto rendimiento, con lugares sobresalientes a nivel mundial en las especialidades de atletismo, judo y natación.
No sin limitaciones,
el movimiento literario va en ascenso y sin pecar de excesivo entusiasmo,
cada vez son más altas las metas, convencidos de que si lo logrado
hasta ahora se debe a la unidad y la fuerza, no habrá obstáculos
con vistas a continuar una obra echada a andar desde hace más de
cuatro décadas, para sepultar años de marginación
y desigualdad.
(Tomado de Cuba Internacional)