Explicación de voto sobre el Proyecto de Resolución contra Cuba
Intervención del S.E. Sr. Juan Antonio Fernández Palacios,
Representante de la República de Cuba
Sr. Presidente: Desde que dio inicio el 58 período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos, e incluso desde mucho antes, la casi totalidad de los Estados miembros cifraban sus esperanzas en un nuevo ambiente de trabajo y cooperación en este órgano. Por primera vez en la historia de las Naciones Unidas, los Estados Unidos habían quedado excluidos de este foro. Algunos, con ingenuidad, llegaron a creer que no habría una resolución contra Cuba. Argumentos nunca los hubo, pero ya tampoco era posible confundir con mentiras y falsedades el desacreditado “ritual” a que se sometía esta Comisión año tras año bajo las burdas presiones de Washington.
¿Cómo explicar entonces la irrupción intempestiva del proyecto L.30 que se introdujo a sólo 15 minutos de que cerrara el plazo de presentación de proyectos de resolución bajo este tema del programa, presentado esta vez por el gobierno de Uruguay?.
La realidad es sólo una. Estados Unidos necesita desesperadamente esta resolución. Ya no le importa tanto lo que diga, ni cual sea su formato. Lo que busca, a todo precio, es la justificación falaz para poder continuar su política de bloqueo genocida contra el pueblo cubano, como lo ha reconocido con total desparpajo el Embajador de Estados Unidos en Chile el pasado día 14 de abril.
Para ello, Estados Unidos se dio a la tarea, desde el año pasado, de buscar a un nuevo patrocinador que sustituyera a la República Checa, en su desacreditado papel. Es así, que paso a paso, en la sombra y mediante conciliábulos secretos, fue montando todo el andamiaje conspirativo que terminó con la contratación de un grupo de países latinoamericanos para que asumieran esta tarea. El proyecto L.30 es el proyecto de Estados Unidos, redactado según sus intereses y conveniencia, y bajo su más absoluto control desde su origen hasta su registro final.
Los países de América Latina que han estado involucrados en este asunto no harían algo así si no estuvieran bajo la presión brutal del gobierno de Estados Unidos. Esta no es en modo alguno una iniciativa latinoamericana. El Uruguay, su presentador, no tuvo siquiera tiempo de escribirla, y quizá tampoco de leerla, cuando fue empujado a presentarla. Lo que ahora vemos es la entrega total y la subordinación completa a los dictados de Washington. Es la antesala de un proyecto mayor de dominación y control que termina en el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas), que si llegara a ser concretado, haría del espacio latinoamericano una enorme zona franca al servicio de las transnacionales norteamericanas, donde conceptos como los de soberanía, independencia, y dignidad serían borrados para siempre.
Cuba no está sola en esta batalla. Mientras que algunos gobiernos de nuestra región se arrodillan ante el imperio, en toda la geografía latinoamericana nos acompaña un mar de pueblo. Es el mismo que sale a las calles de Lima y Montevideo, o que a través de sus representantes en el Congreso en Buenos Aires, Ciudad de México y Guatemala, reclaman el cese de las agresiones contra Cuba y una posición de independencia y decoro en Ginebra. Es que ya no se puede con calumnias y mentiras desconocer nuestra obra, ni hacer mella en ese ejemplar monumento a la dignidad más plena del hombre que nuestro pueblo heroico ha construido a lo largo de su historia, y que sucesivas generaciones de cubanos han abrazado con la decisión inclaudicable de defenderla hasta su último aliento.
Sin embargo, una cosa sí está clara, aquellos que se prestaron para esta injustificable maniobra, dando la espalda a un pueblo hermano, asumen una grave responsabilidad, al hacerse cómplices de los planes del imperio, en un momento particularmente difícil y peligroso, cuando Estados Unidos con su enorme poderío y absoluto desprecio por los derechos de los demás, trata de consolidar su dominio unipolar sobre el mundo.
Sr. Presidente:
El libelo presentado por los copatrocinadores del L.30 no tiene nada que ver con los derechos humanos en Cuba, pero si mucho con la renovada hostilidad de la política de Estados Unidos a escala planetaria y en nuestra propia región. El abortado golpe de estado en Venezuela, instrumentado por las fuerzas de la contrarrevolución, de la patronal, y de los que detentan el poder económico, ilustra con brutal nitidez los fines, métodos y objetivos de esa política, que no pueden ganar cuando la batalla se plantea en el terreno de las ideas.
Los hechos desnudan la doble moral e hipocresía de los principales proponentes del L.30. Tratan de presentar su texto como una “ayuda”, utilizan un lenguaje almibarado y cobarde, porque no se atreven a decir las cosas por su nombre. Bastaría sólo recordarles que si en Cuba se han alcanzado los más altos índices de todo el hemisferio americano, en los campos de la salud, la educación, la cultura, y el deporte, como realización plena de los derechos económicos y sociales, - y que ninguno de ellos puede exhibir aquí en medio de la crisis más escandalosa del modelo neoliberal y de la mascarada de democracia que han aplicado a ultranza-, es porque antes hubo una Revolución que le entregó al pueblo el 1 de enero de 1959 sus derechos civiles y políticos atropellados y vejados por una sangrienta dictadura que se mantenía en el poder con el apoyo de Estados Unidos. Lo otros derechos los conquistamos después, forjados poco a poco, con sacrificio y tesón, y a pesar del bloqueo más prolongado y brutal que haya sufrido pueblo alguno a lo largo de la historia.
El proyecto L.30 es cuando menos una burla y un insulto para esta Comisión. Ninguno de sus proponentes tiene credenciales éticas ni autoridad moral para juzgar o evaluar los derechos humanos en Cuba. ¿Qué nos vienen a recetar? ¿El modelo argentino, donde el pueblo ha sido robado descaradamente, mientras la gente hambrienta asalta supermercados y los pensionistas reclaman sus ahorros en los bancos?.
¿Acaso el de Uruguay, donde los principios se cambian por mercados de lana y carne, y donde se pasean impunes los torturadores y asesinos que enlutaron a su pueblo? ¿Será acaso el de Centroamérica, donde la corrupción, el fraude y la impunidad parecen atributos permanentes de los Gobiernos de turno? ¿Acaso el de Perú, redactor por encargo de este texto, y cuyo Congreso se opuso por abrumadora mayoría a que el gobierno se prestara a tan ignominioso papel?
¿Será, por casualidad, el modelo de Estados Unidos, donde una pandilla de mafiosos terroristas se robaron las elecciones en Florida, y con ello escamotearon la voluntad popular en las elecciones presidenciales del 2000, donde la comunidad afroamericana ha visto cada vez más limitados los derechos civiles y políticos que conquistaron hace apenas tres décadas atrás, donde el racismo es rampante e institucional, donde los derechos de los emigrantes se conculcan cada vez con más rigor, muchos, mediante decisión de la Corte suprema? ¿Acaso es esa la democracia?
No y mil veces no. De nosotros no esperen jamás coqueteos ni medias tintas. No habrá concesiones, ni gestos, ni diálogo, ni visitas de un inspector, representante o como le quieran llamar, de alguien que inevitablemente se verá obligado a estar al servicio de Estados Unidos. No esperen jamás que nos vayamos a prestar a esa farsa. De nosotros habrá combate, y lucha sin cuartel. Defenderemos nuestras ideas, nuestros principios, nuestro sentido de la dignidad y la independencia, y nuestro derecho a seguir construyendo un camino propio hasta hacer realidad ese futuro que creemos posible y del que Cuba está cada vez más cerca, de un mundo mejor para todos.
Es por eso que Cuba votará en contra del proyecto L.30 y le solicito proceder a una votación registrada.
Muchas Gracias.