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Declaración del Representante Permanente Alterno de Cuba ante las Naciones Unidas,
Embajador Sr. Orlando Requeijo Gual.


Temas: 49- Quincuagésimo quinto aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos- Premiación de los Premios de Derechos Humanos en el año 2003; 117 d) Aplicación amplia de la Declaración y Programa de Acción de Viena y actividades complementarias (Décimo aniversario de la adopción de la Declaración y el Programa de Acción)
Nueva York, 10 de diciembre del 2003

Sr. Presidente:

Hace 55 años, cuando aún dos tercios de la humanidad vivía bajo el yugo colonial, esta Asamblea aprobó por votación la Declaración Universal que devino base para el ulterior desarrollo y codificación de los derechos humanos. Aún con sus numerosas limitaciones, esta declaración constituyó un hito importante al refrendar una visión de los derechos humanos, progresista para su época, que pretendía alcanzar la dignidad humana y la igualdad de derechos para todos los seres humanos.

Sin embargo, para la inmensa mayoría de los países del Sur, sometidos entonces al dominio colonial, la Declaración no logró responder a sus reclamos, necesidades y anhelos principales, la libre determinación y el desarrollo, sin los cuales no se puede disfrutar plenamente de ningún derecho humano. La libre determinación sólo avanzó, en las décadas ulteriores, tras largas y cruentas luchas.

La Declaración resultó un ideal-abstracto de derechos, sin abordar el entorno real para su disfrute y realización, con lo que se separaron artificialmente los derechos y los deberes y desconocieron los derechos de los pueblos. La solidaridad quedó así especialmente relegada, situación que todavía impera hoy.

La realidad internacional demuestra, que hoy estamos más lejos que nunca de lograr el disfrute de todos los derechos humanos para todos.

¿De qué derechos humanos se habla cuando cada 7 segundos mueren 10 niños de hambre, hay 850 millones de hambrientos, más de 500 millones no llegan a alcanzar los 40 años, existen 876 millones de adultos analfabetos y 115 millones de niños sin acceso a la vida escolar, que se concentran en el mundo en desarrollo; el 20 % más pobre de la población mundial consume solamente el 1 % de la riqueza de la humanidad y 1 200 millones de personas viven con menos de un dólar diario?

Sr. Presidente:

45 años después de la adopción de la Declaración Universal, en 1993, celebramos en Viena la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, de suma importancia en el desarrollo y la codificación de los derechos humanos, que intentó dar solución a muchas de las imperfecciones y omisiones de la Declaración.

El reconocimiento del derecho al desarrollo, como un derecho universal e inalienable, y como parte integrante de los derechos humanos fundamentales fue tal vez su mayor conquista.

A través de la Declaración de Viena se reconoció también el carácter universal, indivisible, interdependiente e interrelacionado de todos los derechos humanos, así como la importancia de las particularidades nacionales y regionales y de la diversidad de patrimonios históricos, culturales, religiosos y políticos. Se destacó la importancia de la universalidad, pero tomando en cuenta el importante respeto a la diversidad.

En Viena realizamos un contundente llamado a fortalecer la cooperación internacional en materia de derechos humanos, reafirmando en este contexto también la importancia de velar por la objetividad, la no selectividad y la imparcialidad al examinar las cuestiones relativas a los derechos humanos.

Otro de los resultados importantes de la Conferencia de Viena fue el establecimiento del puesto de Alto Comisionado para los Derechos Humanos, refrendado por la Asamblea General, mediante su resolución 48/141. Valga la ocasión para recordar una vez más al recientemente desaparecido, Sergio Vieira de Mello, por su apreciable labor en este cargo. Queremos, asimismo, expresar nuestro reconocimiento por el premio que se le confirió póstumamente a De Mello, así como a las otras figuras y organizaciones reconocidas en esta mañana.

Sr. Presidente:

Para la delegación de Cuba, esta Sesión Plenaria debió haber constituido una oportunidad, como lo han sido los procesos quinquenales de otras importantes Cumbres y Conferencias internacionales, para realizar una profunda reflexión y un balance, así como para dar un nuevo impulso a la aplicación de los compromisos plasmados en los documentos finales de Viena. Lamentablemente esto no ocurrió. En nuestra opinión, varios de los elementos medulares del Programa de Acción de Viena están aún pendientes de aplicación.

Hoy, por ejemplo, lejos de racionalizarse y simplificarse la maquinaria de las Naciones Unidas en la esfera de los derechos humanos, ésta se sigue haciendo cada vez más compleja, y lo peor, se sigue politizando. El funcionamiento de los órganos y mecanismos de Naciones Unidas en esta esfera se desvía cada vez más de su ideal de cooperación, a partir de su distorsión debido a la manipulación, la selectividad, los dobles raseros, los enfoques punitivos y una interpretación unilateral interesada de los derechos humanos que intentan imponer un grupo de naciones desarrolladas, lo que ha precipitado una indetenible y dañina espiral de confrontación.

A pesar de lo acordado en Viena, la cooperación internacional en los últimos años en la esfera de los derechos humanos se ha visto menoscabada por enfoques selectivos, inquisitorios y arbitrarios de países poderosos que han utilizado este tema para realizar sus propios objetivos de política.

Los derechos económicos, sociales y culturales continúan siendo la parte realmente “invisible” de los mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas. Siguen relegados a una categoría inferior, considerados como derechos poco tangibles y un “sueño” de futuro. De esto fuimos testigos nuevamente hace bien poco en el contexto de los trabajos de la Tercera Comisión.

En este escenario, la actividad de los derechos humanos requiere que pasemos a la plena e incondicional aplicación del Derecho al Desarrollo. Deben cesar los intentos de países industrializados por cuestionar, condicionar y reformular el contenido y el alcance de este derecho, tal y como se reafirmara en la Declaración de Viena y se proclamara en la Declaración de 1986. Resulta inaceptable que incluso se pretenda cuestionar la definición de los sujetos de este derecho.

La Conferencia de Viena también pidió que los Estados se abstuvieran de adoptar medidas unilaterales contrarias al derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas que crearan obstáculos a las relaciones comerciales entre los Estados e impidieran la realización de los derechos enunciados en la Declaración Universal, en particular el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para su salud y bienestar, incluidas la alimentación y la atención de salud, vivienda y los servicios sociales necesarios. Sin embargo, todavía están por aplicarse acciones concretas y decididas de los mecanismos de derechos humanos para impulsar el cumplimiento de tal solicitud.

Sr. Presidente:

El fortalecimiento de la base legislativa aplicable a la cooperación internacional en materia de derechos humanos no podrá suplir la necesidad de una nueva y verdadera voluntad política de diálogo y respeto mutuo entre los países del Norte y el Sur, donde los principios de universalidad, objetividad, imparcialidad y no selectividad lleguen a constituir pilares importantes.

En el contexto de un mundo globalizado e interdependiente, no se puede seguir promoviendo el individualismo sobre los intereses y los valores comunes de la especie humana. La solidaridad humana ya no es simplemente una opción altruista, sino que constituye un factor para la propia supervivencia de la humanidad. La creación de un orden social e internacional en el que los derechos y libertades fundamentales se hagan plenamente efectivos, no sólo es un derecho proclamado por la Declaración Universal, sino una necesidad impostergable.

La Declaración y el Programa de Acción de Viena mantienen su plena vigencia como el documento programático más abarcador, adoptado por consenso con la más amplia participación de la comunidad internacional para la cooperación internacional en la promoción y protección de los derechos humanos. Hoy el reto más importante en la esfera de los derechos humanos resulta su más pronta, plena y eficaz aplicación.

La historia y las venideras generaciones no nos juzgarán por los documentos ni por nuestras palabras, sino por lo que hagamos efectivamente por legarles un mundo en el que reinen verdaderamente la justicia, el humanismo, la paz, la dignidad, la solidaridad y la igualdad.

Muchas gracias.

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