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Estados Unidos y la Unión Europea se oponen a la protección de los derechos humanos

Estados Unidos y la Unión Europea se oponen a la protección de los derechos humanosUn nuevo testimonio de hipocresía y doble moral de Estados Unidos y la Unión Europea en los trabajos de las Naciones Unidas en el ámbito de los derechos humanos.

En la sesión de trabajo vespertina del jueves 22 de julio de 2004, en el marco del período sustantivo del Consejo Económico y Social que ha tenido lugar en Nueva York, fue sometida a la adopción de ese órgano principal de las Naciones Unidas, el proyecto de resolución L.17 Rev.1, titulado: “Cuestión de la protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales en el contexto de las operaciones militares internacionales emprendidas para combatir el terrorismo”.

El proyecto L.17 Rev.1 fue presentado por la delegación cubana al evento, como continuidad de los esfuerzos iniciados en el 60 período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos. Se recordará que el pasado mes de abril, en el marco de la Comisión que sesionó en Ginebra, Cuba propuso la iniciativa titulada “Cuestión de las detenciones arbitrarias en el área de la base naval de Estados Unidos en Guantánamo”.

Aquel proyecto de resolución no fue sometido al voto, a partir del silencio cómplice promovido por la Unión Europea y algunos gobiernos latinoamericanos, frente a las graves violaciones de derechos humanos que han llevado a cabo las autoridades estadounidenses, contra cientos de personas confinadas en condiciones que asemejan verdaderos campos de concentración nazi, en los perímetros del territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval norteamericana en la Bahía de Guantánamo.

La Unión Europea, que una y otra vez ha repetido estar en contra de las mociones de no acción en el ámbito de los derechos humanos, comunicó en aquella ocasión, su decisión de recurrir a una maniobra procesal contra el proyecto presentado por Cuba, que no sólo hubiera impedido a la Comisión tomar acción sobre la propuesta, sino que habría incluso censurado e imposibilitado su debate y consideración.

En esta nueva oportunidad, en los trabajos del ECOSOC, Cuba presentó el nuevo proyecto con un título, un contenido y un enfoque novedoso, sin identificar la responsabilidad de país alguno y con una naturaleza claramente temática. De hecho, la mayoría de los párrafos contenidos en el proyecto estaban construidos a partir de lenguaje ya consensuado con anterioridad y en particular, tomaban como base los textos de los instrumentos internacionales vigentes en la materia.

Lamentablemente, para los países que integran la Unión Europea, para el resto de los países industrializados de Occidente, y para algunos otros que no pueden resistir dignamente – con apego a la verdad y a la justicia – las presiones de la superpotencia hegemónica, no importó que el contenido de la nueva iniciativa fuera incuestionable desde el punto de vista del derecho, de la necesidad y de la ética.

No incidió tampoco en la determinación de las posiciones de estos gobiernos, que el proyecto de resolución respondiera positivamente, a los reiterados y urgentes reclamos de acción frente a las aberrantes violaciones de derechos humanos – incluidas humillantes formas de tortura – que han tenido en el contexto de las operaciones militares internacionales emprendidas bajo el supuesto argumento del combate al terrorismo, que han sido realizados por importantes personalidades mundiales, organizaciones no gubernamentales, mecanismos de la CDH, órganos creados en virtud de tratados internacionales de derechos humanos y la opinión pública mundial.

Bastaría con mencionar al respecto, el Comunicado Conjunto elaborado por la Oncena Reunión Anual de los mecanismos especiales de la Comisión de Derechos Humanos, dado a conocer el pasado 25 de junio, a través del cual cuatro representantes de los procedimientos especiales de la CDH, solicitaron visitar las instalaciones donde se encuentran detenidas personas por supuestos vínculos con el terrorismo en los territorios de Iraq, Afganistán y la Base Naval de Guantánamo.

Lejos de acompañar y contribuir a los esfuerzos de negociación promovidos y convocados por la delegación cubana, otra vez los grandes “campeones” de los derechos humanos – las potencias industrializadas del Norte –, se dedicaron a fabricar un arsenal de pretextos y falsos argumentos, para mantener la vigencia de la inmunidad en la aplicación de las normas del derecho internacional a los responsables de torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y otras graves violaciones de derechos humanos, cometidas en el contexto de las operaciones militares internacionales emprendidas en los territorios de Afganistán e Iraq.

El problema es que en estos casos, los responsables de las atrocidades cometidas contra miles de personas, entre ellas cientos de civiles inocentes, han sido autoridades y personal al servicio de los gobiernos del Norte y muy especialmente, de la superpotencia hegemónica. Ellos, según la óptica de los poderosos, no están supuestos a ser objeto de escrutinio por la comunidad internacional; se consideran por encima de las instituciones y el derecho internacional.

La delegación de Estados Unidos solicitó el voto al proyecto, que fue rechazado por 24 votos en contra, 12 a favor y 17 abstenciones. La responsabilidad de que la propuesta no haya podido ser adoptada, no debe ser sin embargo, achacada sólo a las fuertes presiones realizadas por las embajadas estadounidenses en distintas capitales del mundo. Fue decisivo el apoyo cómplice y el activismo desplegado por la Unión Europea y otros países desarrollados, con el objetivo de mantener la impunidad sobre las brutales violaciones de derechos humanos llevadas a cabo por su aliado estratégico.

Resistiendo las tremendas presiones norteamericanas, la inmensa mayoría de los países del Sur votaron a favor, o al menos se abstuvieron, en la adopción del proyecto L.17 Rev. 1. De hecho, 30 países, de los 54 miembros del Consejo, no acompañaron la solicitud expresa de Washington de votar en contra de la iniciativa cubana. Con ello, se demuestra también una vez más, la importante reserva de fuerza y resistencia que tienen nuestros pueblos en defensa de la dignidad humana, la verdad y la justicia.

Fueron en lo fundamental los votos de Australia, Bélgica, Canadá, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Japón, Polonia, República de Corea, Suecia, Reino Unido y el propio Estados Unidos, a los que se unieron gobiernos centroamericanos muy vulnerables a las presiones de la superpotencia, como los de El Salvador y Nicaragua, los que impidieron que la maquinaria de las Naciones Unidas de derechos humanos diera seguimiento y brindara una respuesta efectiva a casos de violaciones de derechos humanos, como los abusos sexuales contra detenidos, cometidos por las tropas norteamericanas que ocupan el Iraq, profusamente documentados a través de los medios internacionales.

Descollan en esa lista, los mismos gobiernos que presentan, copatrocinan y apoyan cada año, injustos proyectos condenatorios contra varios países del Sur en la Comisión de Derechos Humanos, entre ellos, la inútil y espuria farsa anticubana que promueve Estados Unidos.

Una vez más, queda demostrada la incapacidad del llamado sistema internacional de promoción y protección de los derechos humanos, para funcionar sobre la base de los principios de objetividad, imparcialidad y no selectividad.

La Comisión de Derechos Humanos, el Consejo Económico y Social, la Asamblea General y el resto de las instancias de las Naciones Unidas que atienden el tema de los derechos humanos, se mantienen secuestrados y han quedado convertidos en simples instrumentos de los intereses de dominación de las grandes potencias, lo cual ha sido especialmente visible en las acciones de manipulación política de sus trabajos, llevadas a cabo por la actual administración estadounidense.

Las presiones, las amenazas, los condicionamientos y hasta el chantaje, siguen siendo los “argumentos” preferidos por Estados Unidos y sus aliados incondicionales, para continuar utilizando a esos órganos como verdaderos tribunales, en los que pretenden condenar a aquellos que disienten, resisten y luchan contra los designios de dominación global de los centros de poder del capital transnacional.

Cuba considera que el resultado obtenido, a pesar de no haberse podido adoptar el proyecto, constituye un paso importante en la lucha por rescatar a la maquinaria de los derechos humanos de las Naciones Unidas, de la manipulación política y los dobles raseros a que ha quedado condenada, por el control que sobre ella ejercen las principales potencias occidentales.

Cuba no cejará en su batalla por colocar dichas instancias en función de la defensa verdadera de las nobles causas y aspiraciones de justicia, desarrollo, equidad, paz y solidaridad, que tanto requieren las grandes mayorías de la humanidad, a las que le continúa vedada la posibilidad de conocer siquiera que tienen derechos.

Cuba, sabiendo que representa en su batalla internacional en el terreno de las ideas, los intereses y las aspiraciones de libertad, independencia, justicia y bienestar de todos los pueblos del mundo, someterá a la consideración de los venideros foros de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos, nuevas iniciativas que enfrentarán directamente la hipocresía, el cinismo y el oportunismo que sigue determinando el accionar de una gran parte de los gobiernos del Norte, bajo el liderazgo de Estados Unidos, en las labores de esos órganos.

Más información

Presenta Cuba proyecto de resolución en el ECOSOC sobre derechos humanos y operaciones militares internacionales


Discurso de la delegación cubana al período sustantivo del Consejo Económico y Social correspondiente al año 2004

 

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