La FAO, orgullosa de su relación con Cuba
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) cumple 60 años de fundada. JR conversó con su representante en nuestro país acerca de las relaciones entre dicha institución y la Isla
Por Dora Pérez Sáez
Tomado de Juventud Rebelde
16 de octubre de 2005
En su peregrinaje por el mundo como funcionario de la FAO, Francisco Arias Milla ha conocido innumerables realidades, pero todas con un sello común: el hambre y la pobreza que padecen millones de personas en el planeta.
Es salvadoreño, pero ha pasado la mayor parte de su vida en países como Ghana, Nicaragua, Guatemala y República Dominicana, naciones pobres donde ha intentado, unas veces con más suerte que otras, establecer proyectos de desarrollo de la agricultura sin descuidar el uso racional de los recursos naturales.
Al preguntársele acerca de las causas de la enorme cantidad de personas hambrientas en el mundo, es tajante en su respuesta: la falta de voluntad política de los gobiernos.
En Cuba, sin embargo, se siente más que satisfecho. Aquí llegó hace dos años y medio, y a pesar de su vasta experiencia, vino con el temor de no poder cumplir con las expectativas que de él se esperaban, pues conocía las excelentes relaciones de la Isla con la organización, así como de la gran amistad que une a su presidente, el Doctor Jacques Diouf, con el Comandante en Jefe, Fidel Castro.
—Naciones Unidas promueve el concepto de seguridad alimentaria a partir de los problemas de hambruna que sufre el mundo. ¿Cómo valora la situación de nuestro país?
—Creo que Cuba es uno de los ejemplos que demuestran que si existe voluntad política para darle prioridad a la seguridad alimentaria, es posible hacerlo, y elevar el nivel de dicha seguridad.
“A través de las diferentes políticas de producción de alimentos y de abastecimiento, se ha logrado, a pesar del Período Especial, aumentar en los últimos 14 años la oferta calórica por encima de los límites mínimos establecidos.
“Esto lo medimos a través de diferentes indicadores, como el peso de los bebés al nacer, la talla de los niños de cinco años y la incidencia de anemia en mujeres embarazadas. Tenemos evidencias de que la seguridad alimentaria en Cuba es alta”.
—En su opinión, ¿qué debe hacer Cuba para mejorar estos índices?
—En relación con el aspecto nutricional, Cuba debe tratar de cambiar —y de hecho está trabajando en eso— para intentar modificar los hábitos alimentarios de los cubanos, con vistas a tener una dieta más balanceada. Sabemos que una proporción demasiado alta de calorías provienen de carbohidratos y grasas, lo que ha determinado un cambio en el peso corporal del cubano, que ha pasado de ser aceptable a un sobrepeso.
“Hay que diversificar el consumo de vegetales y frutas, porque de ahí vienen las vitaminas y los minerales. A través del Ministerio de Educación se están introduciendo temas de alimentación y nutrición en el contenido curricular de los alumnos, así podemos ir cambiando los hábitos de consumo. Claro, la familia tiene que ayudar, porque el niño puede aprender, por ejemplo, a comer zanahoria, y si llega a su casa y ahí no se come esa hortaliza, entonces no aprende a ingerirla. Es un ideal a largo plazo, pero tratamos de que no sea tan prolongado”.
—¿Cuántos proyectos de colaboración tiene su organización en nuestro país?
—Actualmente, más de 23 proyectos. De ellos, 13 son pequeños programas que obedecen a necesidades específicas de algunas comunidades. Por ejemplo, estamos apoyando a dos comunidades en Las Tunas y a otra en La Habana, para aumentar la producción de leche de cabra con que se abastecen dos hospitales pediátricos, donde hay niños alérgicos a la leche de vaca.
“Tenemos otras iniciativas destinadas a incrementar la producción comunitaria de vegetales en Santiago de Cuba y Guantánamo; y en la capital se está iniciando otra que consiste en proveer de casas de cultivo, su tecnología y la capacitación de los agricultores, para que produzcan hortalizas y las puedan ofertar a las ciudades.
“Estamos también cooperando con el fortalecimiento del Plan Turquino-Manatí, para aumentar su capacidad de realizar extensión en la zona de montaña con el fin de elevar la producción, pero conservando los ambientes de los cerros.
“Y entre mis favoritos hay cuatro de rehabilitación de los huertos escolares, para reasumir el espíritu martiano de estos jardines, que realmente son laboratorios de aprendizaje, más que parcelas de producción”.
—¿La FAO financia totalmente estos proyectos?
—No exactamente. Son programas financiados por la FAO, pero también hay un cofinanciamiento del país. Todos los gastos en moneda nacional los asume el gobierno, o la ANAP, o el MINED, o la comunidad misma, según sea el caso. La FAO no es una institución financiera, sino de asistencia técnica e información.
“En estos momentos estamos terminando un proyecto de introducción de riego de precisión en la zona de Gibara, Holguín, que nos permitió reducir el requerimiento de agua en los cultivos. En la cosecha de frijol, por citar un caso, solo empleamos el 60 por ciento del agua que se usaba con el riego tradicional; sin embargo, los rendimientos aumentaron en un cien por ciento. Es una tecnología muy apropiada para las zonas donde persiste la sequía.
“Ahora esperamos que venga una inversión por parte del gobierno cubano, para extrapolar esa tecnología a zonas similares, lo que se hará con un fundamento científico probado de que va a funcionar”.
—Conozco que la FAO también ha brindado su apoyo en situaciones de emergencia.
—Así es. Proyectos para rehabilitar la capacidad de una comunidad de mantener su seguridad alimentaria. Por ejemplo, en Güira de Melena, con el paso del huracán Charley el pasado año, se destruyeron 40 máquinas de riego, e inmediatamente elaboramos un proyecto para repararlas y ponerlas a funcionar, de modo que hubiese papa para la capital en 2005.
“Actualmente estamos tratando de desarrollar una iniciativa en Cienfuegos, donde se requiere la reparación de más de 60 máquinas de riego pertenecientes a comunidades agrícolas responsables de proveer de alimentos a la ciudad cabecera”.
—Podemos concluir que las relaciones entre la Isla y la institución que usted representa son muy buenas.
—Más que eso, tenemos una situación privilegiada con Cuba, porque así como la FAO apoya las iniciativas del gobierno, el país lo hace con las nuestras. Como ejemplo puedo citar la presencia de 85 técnicos cubanos que están trabajando en Guinea Ecuatorial, Belice, Cabo Verde y Venezuela, adonde han ido a apoyar iniciativas de esos gobiernos para establecer programas de seguridad alimentaria.
“Recientemente conversaba con mi homólogo en otro país caribeño, quien me decía muy orgulloso que había logrado implementar tres proyectos de cooperación. Yo, por pena, no le quise decir que desde mi llegada aquí, he podido fundar 15. Es que la respuesta cubana es muy rápida y eficiente.
“El gobierno cubano está muy satisfecho por la ayuda que ha recibido siempre de la FAO, y ella por su parte aprecia las iniciativas para mejorar la seguridad alimentaria del pueblo. Confiamos en el futuro mantener estos vínculos”.