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La escalera de fracasos de la OMC

Por Joaquín Rivery Tur
Tomado de Granma,
19 de diciembre de 2005

Fue una verdadera guerra de tensiones y posiciones la que tuvo lugar en Hong Kong entre el 13 y el 18 de este mes en la reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que al final terminó con muy pocos resultados y algunas promesas arrancadas a los países ricos por la intransigencia de los subdesarrollados.

De paso, el encuentro enfrió el planteamiento impuesto por Estados Unidos en la Cumbre de las Américas de que el tema del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se analizara cuando se llegara a un acuerdo en su organización comercial.

Sin embargo, este ha sido solamente un capítulo tibio y falta mucho por andar para que se dé por concluida la Ronda de Doha, que lleva ese nombre porque fue en la capital qatarí, en el 2003, cuando los industrializados lograron imponerla con presiones y amenazas de todo tipo sobre los subdesarrollados, después de la estruendosa derrota sufrida en Seattle, donde la población norteamericana y canadiense realizó manifestaciones históricas que cambiaron la actitud de los ciudadanos del norte y del sur hacia las terribles consecuencias del neoliberalismo que propugna la OMC.

Incluso un análisis somero de los resultados indicaría que acaba de haber un nuevo fracaso, aunque quizás no tan estruendoso como el sufrido por los países desarrollados en la reunión de Cancún en septiembre del 2004, donde el Grupo de los 20 (son muchos más) surgió como una fuerza muy potente en representación de los más pobres.

Ante la imposibilidad de romper las posiciones de los países pobres exportadores de productos básicos (entre ellos los sufridos alimentos), los miembros de la Unión Europea (UE) se vieron obligados a marcar el 2013 como fecha para eliminar los subsidios agrícolas, que serían reducidos paulatinamente. Estados Unidos hizo sonar los cascabeles de su serpiente, miró y calló, sin comprometerse, y eso restó bastante peso a la oferta de la UE, que no era muy fuerte, pues los subdesarrollados exigían que la fecha fuera el 2010.

El problema es que los norteamericanos constituyen el mayor mercado para los productos de América Latina y buena parte del de África y Asia.

La trampa radica en que las negociaciones continuarán el próximo año, cuando supuestamente esté aclarado el tema de los subsidios agrícolas y los desarrollados exijan a las naciones atrasadas aflojar en aspectos como el comercio de bienes y servicios. Se demanda de esos territorios de las antiguas colonias que abran completamente sus fronteras a los artículos de los países ricos producidos con alta tecnología y a precios bajos, lo que llevaría a la ruina a muchos productores nacionales alrededor del globo.

La misma estación radial británica BBC, reconoció que "solo se alcanzaron leves avances en otras áreas clave, y el acuerdo es visto como un elemento para salvar las apariencias del fracaso de la reunión.

En el cesto de espera quedaron el acceso de los mercados desarrollados a las naciones más débiles y un paquete de ayuda para los más pobres, que siguen aguardando por la buena voluntad que algún día tengan los que los han saqueado hasta ahora.

El problema de la cadena de fracasos está en la misma concepción de la OMC, que no le permite responder con políticas nuevas y efectivas a los intereses de la gran mayoría de sus 150 estados miembros, esos que esta vez no transigieron y harán más fuertes sus posturas a medida que pase el tiempo y se den cuenta de la eficacia de la unidad de posiciones.

Cuba, mediante su ministro de Gobierno Ricardo Cabrisas, subrayó que esas políticas nuevas deben tener como objetivo principal el desarrollo social de los pueblos hoy desfavorecidos y eludir basarse en doctrinas sobre la omnipotencia del mercado, que nunca resolverá los problemas del sur.

Los ricos no lo quieren así.

 

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