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Intervención de Olga Fernández, delegada de Cuba ante el 54 Período de Sesiones de la Junta de Comercio y Desarrollo de la UNCTAD

Ginebra, 5 de octubre de 2007
Item 5: Desarrollo Económico de África
Sr. Presidente:

Rescato de nuestra intervención inicial en nombre del GRULAC un dato: en África están 34 de los 48 países más pobres del mundo y 24 de los 32 países con más bajo índice de desarrollo humano.

De 40 millones de enfermos de SIDA en el mundo, el 63% se encuentra en África. Cada 30 segundos muere en el mundo un niño a causa del paludismo, el 90% de ellos vive en África.

África cuenta con el 11% de la población mundial, pero aporta el 25% de los enfermos del planeta, mientras sólo dispone del 3% de los trabajadores de la salud y sólo participa del 1% de los gastos de salud mundial.

Toda África Subsahariana cuenta con 50 mil médicos para una población de 700 millones de habitantes (1 médico por cada 14 mil habitantes) y sólo el 1% de las ventas mundiales de medicamentos se destina a África.

El drama de atraso y pobreza en África, herencia del coloniaje y la depredación, merece que cualquier análisis parta de las circunstancias históricas, económicas, políticas y sociales exclusivas de este continente.

De los documentos elaborados por la Secretaría de la UNCTAD sobre el Desarrollo Económico de África apreciamos sobre todo el respeto y comprensión de las circunstancias históricas que han marcado el desarrollo de los Estados africanos.

Si bien la UNCTAD se inspira en los modelos exitosos de Asia Oriental para analizar las opciones de política que podrían explorar los gobiernos africanos, deja claramente establecidas las diferencias económicas, políticas e institucionales y de desarrollo de los Estados entre ambas regiones.

La UNCTAD reivindica la imagen del Estado africano, que ha sido condenado a la fatalidad de la corrupción y la predación, imagen conveniente por demás para justificar la permanente injerencia de otros gobiernos e instituciones internacionales en sus asuntos de política interna. En esa supuesta incapacidad para manejar sus economías se afincan las recetas impuestas, los programas de ajuste estructural y la reticencia de algunos gobiernos a cumplir con sus compromisos de Ayuda Oficial al Desarrollo.

Tanto el análisis como las recomendaciones de política que hace la UNCTAD en su documento TD/B/54/4 constituyen una valiosa contribución a los esfuerzos de estos países por lograr el despegue económico, basado en una estrategia de largo plazo que garantice el desarrollo sostenible y contribuya a eliminar la pobreza.

La UNCTAD plantea que es probable que una mayor movilización y un mejor uso de los recursos nacionales pueda disminuir la dependencia de la ayuda y de los donantes con lo que podría garantizarse en buena medida el espacio de política necesario para que los gobiernos africanos tomen la rienda de su desarrollo.

La UNCTAD propone a su vez fomentar lo que ha dado en llamar “Estados Desarrollistas” en África, que puedan con total independencia identificar sus prioridades y elaborar estrategias ajustadas a sus circunstancias nacionales, que fomenten la inversión nacional y creen las bases para la rápida acumulación de capital y la promoción de las exportaciones.

Sin embargo, la UNCTAD también reconoce que el aumento de los recursos nacionales disponibles para el desarrollo no garantizaría por si sólo el desarrollo de África, en las actuales circunstancias. Una combinación de factores internos y externos, que se detallan en el documento, exige una fuerte voluntad política y la independencia de estos gobiernos para emprender las reformas necesarias.

La injerencia de los donantes y las obligaciones derivadas de su inserción en el Sistema Multilateral de Comercio hacen que estos países no dispongan de la flexibilidad necesaria para manejar sus economías. La dependencia sostenida de los flujos de recursos externos podría dar al traste con cualquier esfuerzo nacional en ese sentido.

En resumen, la UNCTAD defiende el derecho de estos gobiernos a apropiarse de su desarrollo, a intervenir para garantizar la utilización efectiva de sus limitados recursos y a utilizar instrumentos de política que bien sirvieron en su tiempo a los países industrializados, en estadio temprano de su desarrollo. Se promueve además una integración estratégica y gradual, tanto interna como externa, coherente con su desarrollo.

Sr. Presidente, de la misma manera que agradecemos las recomendaciones sugeridas por la UNCTAD, Cuba considera que los gobiernos africanos tienen el derecho de escoger las opciones de política más convenientes a su desarrollo y a la causa de la eliminación de la pobreza. Sostenemos firmemente que África no podrá escapar al círculo vicioso de subdesarrollo y pobreza sin ayuda internacional.

Sin embargo, mientras el mundo desarrollado destina anualmente 68 mil millones de dólares anuales a la ayuda al desarrollo, los países en desarrollo destinan al pago de la deuda externa 370 mil millones de dólares (5,4 veces más de lo que reciben). Los países africanos, como la gran mayoría de los países en desarrollo, continúan siendo exportadores netos de capital. Las economías deudoras tienen que liberar recursos del ahorro interno e incluso utilizar los que proviene del ahorro externo (cada vez más restringido) para cumplir con el servicio de la deuda, recursos que de otra manera se habrían dirigido a financiar un mayor nivel de inversión.

Sr. Presidente:

Es bochornoso que los emigrantes logren remesar más recursos de los que están dispuestos a reunir los gobiernos para cumplir con sus compromisos de Ayuda Oficial al Desarrollo, incluso que los flujos de Inversión Extranjera Directa. Sólo 5 de los 22 países de la OECD cumplieron el compromiso de 0,7% para la AOD, merece mencionarlos, a saber Noruega, Suiza, Luxemburgo, Holanda y Dinamarca.

Mientras, Estados Unidos ocupa el penúltimo lugar con sólo un 0,21% de su PIB. Sin embargo, en el mundo se destinan 1 trillón de dólares a gastos militares, el 47% de ese total lo gasta Estados Unidos.

Por otra parte, se registra un incremento de los flujos de AOD que es cuestionable, ya que incluye los montos de alivio de la deuda y de los costos administrativos. Sabemos que la pesadilla del endeudamiento tiene su origen en los ajustes macroeconómicos que hizo Estados Unidos a finales de la década del 70 y en la irresponsabilidad de los propios donantes que obligaron a estos países a aceptar proyectos mal diseñados, con prácticas incompetentes y tecnologías obsoletas que no elevaron la producción ni mejoraron la situación económico social de los receptores. Sin embargo, fomentaron el débito pues la asistencia técnica es concesional, pero no toda es gratuita.

Los costos administrativos están también incluidos en el monto de ayuda, que algunos denominan “Ayuda Fantasma”, ya que solo incluye los gastos de representación, hospedaje y traslado, etc. de los especialistas designados por los donantes para prestar asistencia técnica. Si en el 2005, por el perdón de la deuda (25 100 millones de dólares) y por los costos administrativos (4 mil millones de dólares) los países en desarrollo no recibieron ningún recurso, entonces la ayuda de la que pudieron disponer los países en desarrollo no fue de 106,5 mil millones de dólares sino de 77 mil millones.

Quisiéramos referirnos, además, a una cuestión a la que ha hecho mención el distinguido Embajador de Benin en su intervención a nombre de los PMAs. Hoy todos coincidimos en que hemos entrado en la “era del conocimiento”. La Globalización, la interdependencia e interconexión tecnológica exige el aprendizaje de conocimientos adelantados para que una economía pueda insertarse en la economía mundial.

África sin embargo, carece en sentido general del acceso a los conocimientos más elementales, por lo que sería ingenuo creer que con recomendaciones tecnocráticas y ayuda financiera condicionada se pueda ayudar a los pueblos africanos. África necesita hoy todo tipo de ayuda y consideramos que las fuentes existen, aumentar esta ayuda y dirigirla a las prioridades de África es una cuestión impostergable. Cuba, y sentimos reparo al decirlo, pobre, bloqueada y con limitados recursos contribuye como ningún otro país, ni grupo de países a la educación en África.

Sr. Presidente:

De 1963 al 2005 Cuba ha enviado 270 743 cooperantes, fundamentalmente del sector salud, a todas las regiones en desarrollo del mundo. 33 933 cooperantes prestan actualmente servicio en 105 países.

En los últimos años se han realizado millones de consultas médicas, intervenciones quirúrgicas, atenciones de urgencia y se han abierto hospitales y creado escuelas de medicina y enfermería fuera de Cuba. Estudian en mi país 26 584 jóvenes de 120 países, el 79% de ellos estudia medicina.

Desde 1961 hasta el 2005 se han graduado en 33especialidades universitarias y técnicas 96 071 jóvenes de 130 países. Podría citar muchos ejemplos más. Cuba nunca impuso condiciones, ni pidió nada a cambio por el esfuerzo desinteresado de sus técnicos y profesionales. Es nuestra contribución a la causa de la eliminación de la pobreza en el mundo. Cuba está convencida de que otro paradigma basado en la cooperación y no en la competencia es necesario para lograr una globalización inclusiva. Cuba promueve y práctica la ayuda desde la modestia y el respeto.

Muchas Gracias.

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