Discurso del delegado de Cuba, Rafael García Collada, en el Debate Interactivo con el Experto Independiente sobre derechos humanos y solidaridad internacional y con la Relatora Especial sobre libertad de religión o creencias. (13 de septiembre de 2007)
Señor Presidente:
La delegación cubana agradece los dos informes presentados en la mañana de hoy. Por cuestiones de tiempo nos referiremos esencialmente al Informe presentado por el Experto Independiente, Señor Rudi Muhammad Rizki. No obstante, quisiéramos también reconocer el excelente trabajo desarrollado por la Sra. Asma Jahangir, Relatora Especial sobre el derecho a la libertad de religión o creencias. Sra. Relatora, Cuba se asocia a su rechazo al establecimiento de cualquier vínculo entre religión y terrorismo.
Señor Rizki, Cuba considera muy importante su llamado a considerar la solidaridad internacional como un derecho de los pueblos. También la percibimos como una responsabilidad de la comunidad internacional y en particular de los Estados que han sido los más beneficiados en un desarrollo histórico de la humanidad caracterizado por injusticias e inequidades. La creciente disparidad entre los países del Sur y los del Norte obstaculiza la realización efectiva de todos los derechos humanos para todos.
Frente a los inmensos desequilibrios que se producen actualmente en el mundo, agravado por la globalización neoliberal, la cooperación y la solidaridad internacionales se convierten en imperativos no sólo de desarrollo, sino también para la misma subsistencia de la especie humana.
Cuba coincide con usted en la necesidad de llevar a cabo acciones concretas en las tres esferas de atención señaladas en su Informe. Se trata de hacer realidad y llevar a vías de hecho la cooperación internacional y reconocer el derecho que tienen los pueblos a recibir una solidaridad internacional y asistencia por parte de la comunidad internacional, cuando se encuentran afectados por una situación de catástrofe natural o requieran apoyo para combatir enfermedades, o recibir ayuda en esferas como la salud o la educación, para elevar la capacitación de sus recursos humanos y la construcción de infraestructuras que promuevan el desarrollo. Pasa también por la consolidación de la voluntad política necesaria para emprender los cambios estructurales que permitan superar las injusticias de un orden internacional que eterniza el subdesarrollo.
Señor Rizki, en cuanto a la definición de solidaridad internacional que usted presenta en su Informe, Cuba considera que es una significativa contribución. Una definición de solidaridad humana e internacional como un derecho, pondría fin al pernicioso enfoque asistencialista que han impuesto los que detentan el poder defendiendo patrones egoístas y lucrando con la desigualdad y la exclusión.
La solidaridad internacional no debe ser entendida como un acto de caridad. Constituye un deber ineludible de la comunidad internacional y de todos aquellos gobiernos, instituciones e individuos en condiciones de compartir su patrimonio y contribuir a la realización de todos los derechos humanos, en particular el derecho al desarrollo de otros pueblos e individuos. La solidaridad internacional debe estar sustentada en profundos principios de humanismo, equidad, justicia social y compromiso con el bienestar de los demás.
La solidaridad internacional fundamenta un trato especial y diferenciado a los países menos avanzados. Confirma la vigencia también del principio de las responsabilidades comunes, pero diferenciadas en materia de desarrollo sostenible, acordado en Río de Janeiro, en 1992.
Señor Rizki, Cuba concede la mayor importancia al insustituible papel que debe desempeñar la solidaridad internacional, en la promoción y protección de los derechos humanos, en estricta conformidad con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.
La solidaridad internacional constituye un valor central de la educación de cada ciudadano cubano y ha sido un principio rector en la práctica revolucionaria de nuestro pueblo.
La esencia de la concepción internacionalista del pueblo cubano consiste en compartir lo que se tiene, sin pedir nada a cambio. Para Cuba — un país en desarrollo y bloqueado durante más de cuatro décadas y al que no sobran los recursos— la solidaridad y la cooperación internacional tienen como principio rector compartir nuestras realizaciones y recursos con los más necesitados, sin pretender recompensa ni retribución alguna.
La cooperación internacional del pueblo cubano abarca diversas esferas económicas y sociales. Hasta julio del 2007, un total de 42 106 profesionales de la salud, el deporte, la educación y otras importantes esferas brindan sus servicios de cooperación en 99 países de África, Asia, América Latina, el Caribe, Europa y América del Norte y 7 territorios de ultramar. Del total de esos colaboradores el 77, 6 % pertenecen al sector de la salud.
Cuba reafirma y hace un llamado a la comunidad internacional a dar pasos palpables en esta esfera. El trabajo solidario y mancomunado de nuestros gobiernos contribuirá a la solución de los problemas que hoy aquejan a nuestros pueblos y comprometen su futuro.
Muchas gracias.