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Intervención de la Representante Permanente de Cuba ante el OIEA, Embajadora Norma Goicochea, bajo el tema 5 d): “Informe del Director General sobre la aplicación del acuerdo de salvaguardias en relación con el TNP en la República Islámica de Irán”

Señor Presidente

En esta ocasión mi delegación interviene en su capacidad nacional para adicionar algunos elementos a los contenidos en la declaración del Movimiento de Países no Alineados que, por supuesto, suscribe plenamente.

La posición de Cuba sobre el llamado “asunto nuclear iraní” es bien conocida por todos. La hemos expresado de manera diáfana desde que hace ya alrededor de cuatro años se comenzó a debatir en este foro.

Desde un inicio alertamos que realmente no se trataba de los presuntos incumplimientos de la República Islámica de Irán que, dicho sea de paso, nunca han sido verdaderamente sustanciados, y mucho menos demostrados, sino de la decisión soberana de su Gobierno de continuar su programa de desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos, para lo cual le asiste todo su derecho en tanto que miembro del Tratado de No-proliferación de Armas Nucleares, que ha firmado y ejecutado los correspondientes acuerdos de salvaguardias con el OIEA.

También advertimos que se pretendía manipular un asunto especializado y de carácter esencialmente técnico, de competencia única de este Organismo, para convertirlo en un tema político y utilizarlo como instrumento de presión y chantaje hacia el Gobierno legitimo de Irán y hacia su pueblo, decididos a emprender un camino diferente al diseñado para los países en desarrollo, por los que pretenden convertirse en amos del mundo y decidir su destino.

La consideración del llamado “tema nuclear iraní” ha servido también para que los tanques pensantes de las potencias hegemónicas comiencen a elucubrar teorías encaminadas a restringir, aún más, los derechos de nuestros pueblos. Tampoco han faltado los autores de nuevas interpretaciones del artículo IV del TNP, encaminadas a aplicar selectivamente el derecho inalienable que asiste a nuestros países en el uso pacífico de la energía nuclear.

Señor Presidente

Para Cuba resultó muy claro, desde sus inicios, que el debate de este tema conllevaba la intención de decidir el futuro de la energía nuclear para muchos de nuestros países. Supimos además, que la trascendencia y sensibilidad de este asunto trascendía su alcance puramente nuclear para colocarse en el centro de los planes hegemónicos de los EEUU. Muchos recordarán que tempranamente denunciamos que este podría ser un nuevo pretexto para sus aventuras militares y geopolíticas en una región suficientemente compleja y, de hecho, desangrada.

Asimismo, desde un principio fue evidente el objetivo de sacar el tema del OIEA, obviando sus elementos técnicos y objetivos, para convertirlo en “una amenaza a la paz y la seguridad internacionales” que facilitara su consideración en el marco del Consejo de Seguridad, donde sus intereses y posiciones de política están asegurados por el sacrosanto derecho al veto.

La resuelta resistencia que muchos Estados miembros hicimos a tal propósito, conllevó a que el análisis de este asunto se centrara en la suspensión de las actividades del ciclo del combustible lo que se sabía, presentaría grandes dificultades para Irán. Todos recordamos que la historia se inició con una aparentemente inocua solicitud a Irán de suspender voluntaria y temporalmente tales actividades, como medida de fomento de la confianza.

Es bien conocido que durante todo este proceso se ignoraron los reiterados e insistentes llamados del Movimiento de Países No-Alineados encaminados a evitar que las medidas voluntarias de fomento de la confianza se convirtieran en obligaciones legales. Recordaremos que el primer paso ostensible en este desarrollo, lo constituyó la imposición de un párrafo en la resolución adoptada por la Junta en noviembre de 2004 que indicaba que “la suspensión era esencial para que el Organismo pudiera concluir los asuntos pendientes”. Muchos advertimos que esa frase, carente de fundamento, era clave en los propósitos de aquellos que, sin ser en ese momento los protagonistas visibles de las negociaciones, las dirigían tras bambalinas.

La forma en que se logró consenso para aprobar tal disposición es bien conocida. Su análisis resultaría oportuno e ilustrativo para entender el uso malintencionado de conceptos en los que Cuba cree y abraza, tales como “la integridad del Organismo” o “el espíritu de Viena”. Lamentablemente, no disponemos de tiempo para tal ejercicio.

El resto de la historia se conoce en detalle: la suspensión se convirtió en el eje sobre el que giraban todas las negociaciones. Al no aplicarse, se envió el caso al Consejo de Seguridad. Como no hubo suspensión se impusieron sanciones. Ahora se repite que si no hay suspensión previa no puede haber negociaciones. Estamos en un lamentable y peligroso círculo vicioso que debe preocupar a la comunidad internacional y ser denunciado ante la opinión pública mundial, pues puede conllevar a un agravamiento de la situación en el Medio Oriente. No deben obviarse los reportes de algunas agencias internacionales de prensa que señalan los planes de los Estados Unidos y de Israel para atacar a Irán si no hay suspensión.

Señor Presidente:

Me he permitido hacer este análisis porque consideramos esencial que se comprenda la gravedad del momento. Se han sentado, además, precedentes muy negativos que atentan contra la credibilidad y funcionamiento de la Junta de Gobernadores.

Este órgano, en el que Cuba cree, de ahí nuestra membresía, está maniatado. No puede ejercer sus funciones estatutarias en este caso. El Consejo de Seguridad ha suplantado sus derechos, mientras que, por otra parte, actúa de manera selectiva ante otras situaciones. Sólo tal doble rasero explica su silencio cómplice ante el reconocimiento del gobierno israelí de su posesión de armas nucleares, lo que constituye una real, nueva y peligrosa amenaza a la paz en el Oriente Medio.

Cuba siempre se ha opuesto a la guerra. Cree en la paz. No posee armas de exterminio en masa y ha demostrado su compromiso a no tenerlas al hacerse parte de los Tratados correspondientes y cumplir con sus obligaciones. Ha enfrentado con valor un bloqueo genocida por más de cuatro décadas y no se deja intimidar por las constantes amenazas de agresión de la mayor potencia del Mundo. Por tanto tiene toda la autoridad moral para reiterar que:

• No se puede prohibir a Irán la realización de una actividad de carácter pacífico porque se alegue un supuesto peligro de que pudiera usarse con otros fines cuando la misma está sometida a estricta salvaguardia del OIEA. No es inútil recordar que es precisamente este sistema de salvaguardias el que la comunidad internacional reconoce como válido para evitar el desvío hacia fines militares de las actividades nucleares pacíficas.

• El expediente nuclear iraní debe regresar íntegramente al Organismo, de donde nunca debió salir.
• La solución de este asunto está en la diplomacia y su mejor instrumento: la negociación justa, incondicional, equitativa, abierta y de buena fe. Por ello debe eliminarse la precondición de la suspensión unilateral, por parte de Irán, de sus actividades del ciclo del combustible nuclear. Aferrarse a ello no conducirá a nada. Demos una nueva oportunidad a la paz, al respeto y aplicación de los principios del derecho internacional consagrados en la Carta de las NNUU y en el propio estatuto del Organismo que en su artículo IV C reconoce el principio de igualdad soberana.

• El uso de la fuerza, decidido en virtud y respetando los procedimientos necesarios para la aplicación del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, es un medio excepcional y último recurso en el empeño de proteger la paz y la seguridad internacionales. El abuso y el recurso ilegítimo a la amenaza y uso de la fuerza alejará siempre la posibilidad de una solución justa y definitiva a cualquier problema. Nos corresponde ser consecuentes con la responsabilidad que tenemos ante nuestros pueblos y ante las generaciones futuras, y actuar con determinación en contra de una doctrina tan peligrosa, ilegal e irracional.

Seguir otro camino conllevaría a una situación sin precedentes para la paz y la seguridad del mundo, a una posible nueva guerra mundial. Permítame, en ese sentido parafrasear a Einstein, quien señaló que de producirse una Tercera Guerra Mundial, la Cuarta sería con palos y piedras.

Muchas gracias

 

 

 

 

 

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