Nota verbal
La Misión Permanente de Cuba ante la Oficina de las Naciones Unidas y las Organizaciones Internacionales con sede en Suiza saluda atentamente a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y tiene el honor de referirse a la Nota GVA 0545 en relación con la resolución 61/156, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, titulada “La mundialización y sus consecuencias para el pleno disfrute de todos los derechos humanos”.
Cuba reconoce el importante papel que le corresponde desempeñar al sistema de las Naciones Unidas, como foro universal y más representativo, en el replanteo de las bases del proceso de globalización en curso, de forma tal que sus potenciales beneficios puedan llegar por igual a todos los pueblos del mundo y a todos los sectores dentro de cada país.
En teoría, la globalización debió convertirse en una fuerza positiva para todos los países y habitantes del mundo. Sin embargo, como la comunidad internacional ha reconocido formalmente de manera reiterada en las Cumbres Mundiales celebradas, en la actualidad los beneficios y los costos de la globalización se distribuyen de manera muy desigual y los países en desarrollo tienen dificultades especiales para hacer frente a este problema.
El proceso de globalización neoliberal ha significado la disminución del papel de los Estados y de su capacidad económica y financiera para realizar el derecho al desarrollo, así como para mantener, ofrecer o garantizar los servicios públicos básicos de educación, salud y seguridad social.
La globalización neoliberal está contribuyendo, además, a la expansión por el mundo de vicios y delitos como el tráfico de drogas, la prostitución y la pornografía, incluso infantiles, el tráfico de migrantes, la trata de mujeres y niños, la pedofilia, el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia conexa. Esto tiene lugar, en las condiciones de injusticia y desigualdad imperantes y reflejan el peligroso impacto multiplicador que pueden tener las nuevas tecnologías frente a la pérdida de valores éticos y morales.
Continúa aún lejos de alcanzarse el derecho de toda persona a que se establezca un orden social e internacional en el que sus derechos y libertades se hagan plenamente efectivos, proclamado hace más de 50 años en la Declaración Universal de Derechos Humanos, reiterado en la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, y reafirmado por consenso en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de 1993.
Los mecanismos de libre mercado y la “igualdad” entre desiguales que promueve la globalización neoliberal – ya sea mediante acuerdos de libre comercio como el ALCA o la “liberalización” comercial en la Organización Mundial de Comercio (OMC) – en el contexto de las condicionantes históricas de subordinación, dependencia y saqueo a que han sido sometidos los países en desarrollo y de las actuales inequidades del orden económico internacional vigente, tienden a favorecer a los países desarrollados y a perpetuar y profundizar las desigualdades entre estos y los países del Sur.
La continuidad en la aplicación a ultranza de las fórmulas neoliberales, mantendrá la realización de todos los derechos humanos para todos como una quimera inalcanzable. También traerá graves consecuencias para la paz, la estabilidad nacional, regional e internacional, la preservación y uso racional de los recursos y consecuentemente, para la propia supervivencia de la humanidad.
Se impone la adopción de políticas y medidas a nivel mundial, que se correspondan con las necesidades de los países en desarrollo y que se formulen y apliquen con la participación de estos.
La cooperación internacional - como deber ineludible - y un orden internacional propicio para la realización de todos los derechos humanos, deben ser potenciados con carácter urgente por toda la comunidad internacional y en particular, por aquellos que más se han beneficiado hasta el presente. Se hace imprescindible la solidaridad internacional.
El principal escollo para dar solución a los problemas que plantea el actual esquema de globalización, es la ausencia de una voluntad política real de los países industrializados para cumplir los compromisos anteriormente adquiridos y cambiar la reglas del juego prevaleciente.
Las fórmulas e iniciativas diseñadas hasta ahora por los países desarrollados y los organismos internacionales para hacer frente a los desafíos que tiende a agravar la globalización neoliberal en curso, tales como el subdesarrollo, la pobreza y el SIDA, son solo paliativos limitados e insuficientes que no resolverán los graves problemas y las abismales desigualdades existentes en el mundo contemporáneo.
Un ejemplo reciente de ello es la idea siniestra de convertir alimentos en combustible, establecida como línea económica de la política exterior del país más poderoso del mundo, con lo cual quedarían condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas. En un mundo que cuenta con más de 854 millones de hambrientos, este modelo resulta extremadamente excluyente pues pondría en mayor peligro la soberanía alimentaria y la salud de los ecosistemas en diversas partes del planeta, sobre todo en el área subdesarrollada. Bajo este esquema, los países del Tercer Mundo aportarían la tierra y su fertilidad, mano de obra barata y se quedarían con todos los daños ambientales provocados por las grandes plantaciones de las que se extraerán los biocombustibles.
La humanidad sólo podrá salvarse con un orden más humano y equitativo, en el que prime la justicia social. El actual orden internacional injusto, egoísta y desigual, no puede resolver los graves problemas que enfrenta la humanidad hoy, ni los grandes desafíos del mañana.
Cuba está convencida de que si existiera una voluntad política real de los países desarrollados, con relativamente pocos recursos, de los cientos de miles de millones de dólares que despilfarran anualmente en la carrera de armamentos, en las guerras de conquista, en la publicidad comercial y en mega operaciones financieras especulativas, podría hacerse mucho por el derecho a la vida y al desarrollo de miles de millones de personas.
Cuba enfatiza la importancia de colocar el desarrollo como elemento central de la agenda económica internacional con el propósito lograr la erradicación de la pobreza y a la eliminación de las diferencias entre ricos y pobres.
Para ello, coincidimos en la necesidad de establecer un sistema internacional equitativo, transparente y democrático en el que se apliquen medidas profundas, integrales, innovadoras y simultáneas en diversos frentes, que comiencen por la cancelación de la deuda externa.
La ayuda oficial para el desarrollo tendría por lo menos que triplicarse, no ser condicionada y no otorgarse subordinada a los intereses económicos y políticos de los propios donantes. Tendría que regresarse a los acuerdos comerciales preferenciales y a fórmulas que compensen las profundas y crecientes desigualdades, como el acordado trato especial y diferenciado, nunca aplicado. Tendrían que ser reemplazadas las actuales instituciones financieras internacionales, así como reformarse y democratizarse la Organización de Naciones Unidas, para hacerla realmente efectiva. Habría que crear un impuesto para el desarrollo.
La Misión Permanente de Cuba ante la Oficina de las Naciones Unidas y las Organizaciones Internacionales con sede en Suiza, aprovecha la ocasión para reiterar a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos el testimonio de su consideración.
Ginebra, 29 de junio del 2007