Intervención del Embajador Juan Antonio Fernández, Representante Permanente de Cuba, durante la séptima sesión especial del Consejo de Derechos Humanos, dedicada a la actual crisis mundial de alimentos y su impacto sobre el derecho a la alimentación.
Ginebra, 22 de mayo de 2008
Sr. Presidente:
Estamos ante una ocasión sin precedentes. Por primera vez el Consejo de Derechos Humanos se reúne en una sesión especial para analizar un tema de trascendental importancia para decenas de millones de seres humanos: la actual crisis mundial de alimentos y su impacto sobre el derecho a la alimentación. El Consejo ha reaccionado de manera rápida y eficaz ante un fenómeno de escala universal.
Quisiera agradecer en primer lugar, el papel desempeñado en esta convocatoria por el Relator Especial sobre el derecho a la alimentación, el Sr. Olivier De Schutter, quien demostró dinamismo y sentido de responsabilidad. Deseamos también resaltar la labor del antiguo Relator, nuestro amigo entrañable el profesor Jean Ziegler, quien a lo largo de seis años prestó un excelente servicio a la causa del derecho a la alimentación y construyó uno de los mandatos más sólidos con que cuenta hoy la maquinaria de derechos humanos.
Sr. Presidente:
Los pueblos tienen hambre. Nos acostumbramos a oír impasibles la cifra de 800 millones de hambrientos, que año tras año nos repetían las organizaciones internacionales especializadas en el tema. El hambre desapareció de la conciencia de muchos como un problema a tener en cuenta. Fue sustituida por el terrorismo y el cambio climático.
En los últimos meses, el dramático incremento de los precios de los alimentos ha hundido en la pobreza y la marginación a millones de seres humanos en los llamados países en desarrollo. Los datos hablan por sí solos. Comprar arroz, maíz, trigo y leche cuesta hoy entre dos y cuatro veces más de lo que costaba hace apenas tres años. Se trata, sencillamente, de una situación insostenible.
Muchas son las opiniones que tratan de explicar las causas de la actual crisis alimentaria mundial. Por cierto, no faltan incluso descabellados enfoques maltusianos, que pretenden arrojar la culpa sobre países con un alto peso demográfico.
Ciertamente, hay un grupo de factores agravantes de la situación que estamos viviendo en estos momentos. Sin embargo, la esencia de la crisis actual no radica en estos fenómenos recientes. La desigual e injusta distribución de la riqueza a nivel global y el insostenible modelo económico neoliberal, son los verdaderos causantes de esta situación.
Se trata de un problema estructural del orden económico internacional vigente y no de una crisis coyuntural que pueda resolverse con paliativos o medidas de emergencia.
En consecuencia, Cuba apuesta por desarrollar estrategias integrales, más que lanzar paquetes financieros de ayuda momentánea. La tan mundana frase de “pan para hoy y hambre para mañana” no debe ser la que guíe los esfuerzos de la comunidad internacional en este tema tan sensible.
Sr. Presidente:
Algunos pueden haber pensado, erróneamente, que el ejército de hambrientos que hoy estremece al mundo era un mal necesario, o cuando menos inevitable. Pueden haber pensado incluso, que este “tsunami silencioso” del hambre iba a mantener a las multitudes sin fuerzas para reclamar sus derechos. Sin embargo, la situación se ha desbordado.
Los que mueren de hambre se cansaron de que en el mundo rico y egoísta se inviertan anualmente 8.000 millones de dólares en cosméticos o 17.000 millones de dólares en alimentos para mascotas. Los que mueren de hambre se cansaron de que el presupuesto global de guerra sea de más de 1 millón de millones de dólares. Los que mueren de hambre ya no toleran que les traten de imponer la idea de que los problemas del mundo se pueden resolver por la fuerza.
Como dijera Fidel en una fecha tan lejana como 1979: “Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos…”
Esa rebeldía brota hoy en las cuatro esquinas del mundo. Refleja la desesperación de la gente en busca de comida para sus hijos, sea cual sea la vía para conseguirla.
Ante este panorama, los responsables directos de la crisis tiemblan. No exactamente porque la situación sea peor en este momento, que sin dudas lo es, sino porque los que la sufren han tomado las calles dispuestos a luchar por su pan de cada día. La lucha de los pueblos por su derecho a la alimentación se hará cada vez más fuerte.
Como expresara de manera previsora el compañero Fidel en momentos diferentes, las soluciones están a nuestro alcance:
“Allanemos el camino al intercambio, suprimamos obstáculos, incrementemos el comercio y el desarrollo para que miles de millones de personas subalimentadas en el planeta adquieran la capacidad de compra y el desarrollo técnico y económico que necesitan para sobrevivir.”
“Un mundo sin hambre es posible… Un mundo justo es posible. Un mundo nuevo, del que sobradamente es acreedora nuestra especie, es posible y será realidad.”
“Las campanas que doblan hoy por los que mueren de hambre cada día, doblarán mañana por la humanidad entera si no quiso, no supo o no pudo ser suficientemente sabia para salvarse a sí misma.”
Muchas gracias.
(Cubaminrex-EmbacubaGinebra)