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Intensificación de la Cooperación Internacional en la esfera de los Derechos Humanos.Nota Verbal

 

La Misión Permanente de Cuba ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra y los Organismos Internacionales con sede en Suiza, saluda a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Secretaría del Consejo de Derechos Humanos, y tiene el honor de referirse a su Nota de fecha 19 de octubre del 2007, mediante la cual se solicitan observaciones y comentarios en virtud de la decisión 4/104 del Consejo de Derechos Humanos, titulada ” Intensificación de la Cooperación Internacional en la esfera de los Derechos Humanos”.

La promoción de la cooperación internacional forma parte de los Propósitos de la Organización de las Naciones Unidas, contenidos en su Carta constitutiva, en particular en el párrafo 3 de su artículo 1, en el que se refrenda el deber de los Estados de adoptar medidas adecuadas para la realización de la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en la promoción y el estímulo del respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos.

De la misma forma, la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, reafirmó en el marco de la Declaración y el Programa de Acción adoptados, que el fortalecimiento de la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos constituía un elemento esencial para la plena realización de los Propósitos de las Naciones Unidas.

El Gobierno de la República de Cuba considera que el fomento y desarrollo de una genuina cooperación internacional constituye la única vía verdaderamente eficaz para la protección y la promoción efectivas de todos los derechos humanos para todos.

Para ello, resulta imprescindible el más estricto respeto a la igualdad soberana de todos los Estados; así como a los principios de universalidad, objetividad y no selectividad. Un enfoque imparcial y justo de las cuestiones relativas a los derechos humanos, sin consideraciones de carácter político ni aplicación de dobles raseros, constituyen pilares fundamentales para la promoción de la cooperación internacional.

El desarrollo y el estímulo del respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales mediante la cooperación internacional requieren, igualmente, de una comprensión profunda de los diferentes problemas que se plantean en todas las sociedades, de los desiguales niveles de desarrollo entre los países, de la aceptación de la heterogeneidad, y del respeto de la diversidad y de las particularidades nacionales, históricas, religiosas y culturales de cada nación. Al propio tiempo, el reconocimiento y el respeto de la pluralidad de sistemas políticos, económicos, sociales, jurídicos y filosóficos resulta esencial para impulsar una verdadera cooperación internacional, que se fundamente en el entendimiento mutuo, el diálogo, la confianza y la transparencia.

Para Cuba siempre ha sido motivo de creciente preocupación que el funcionamiento de los órganos y mecanismos de la maquinaria de las Naciones Unidas para la promoción y protección de los derechos humanos haya sido lamentablemente desviado del ideal de cooperación internacional en esta esfera, distorsionado por la intolerancia y los enfoques punitivos que intentan imponer un grupo de naciones desarrolladas, precipitando una dañina espiral de confrontación.

Las prácticas impositivas utilizadas por algunos países del Norte industrializado, empeñados en imponer su modelo y sus patrones a los Estados del Sur, la aplicación de dobles raseros, y la manipulación de los derechos humanos en función de los mezquinos intereses geopolíticos de las principales potencias, sumieron a la Comisión de Derechos Humanos en un profundo descrédito, que condujo a su fracaso y, en consecuencia, a su desaparición.

Durante años, todas las resoluciones sobre situaciones de violaciones de los derechos humanos en países, adoptadas por la Comisión de Derechos Humanos en su momento y por la Tercera Comisión de la Asamblea General, se vienen imponiendo exclusivamente a países del Sur, y son presentadas en la inmensa mayoría de los casos por países del Norte, antiguas metrópolis coloniales o nuevas potencias imperialistas, que continúan tratando de perpetuar, preservar y crear nuevos y más sofisticados mecanismos de dominación sobre sus tradicionales zonas de influencia o imponer nuevas áreas de dominación.

En sus más de 50 años de existencia, la Comisión de Derechos Humanos nunca pudo aprobar una resolución de condena a las violaciones de los derechos humanos en países occidentales industrializados, si bien las visitas de Relatores Temáticos a algunos de esos países, las conclusiones y recomendaciones realizadas por los Órganos de Tratados, y los informes de Organizaciones No-Gubernamentales de derechos humanos, aportaban abundantes elementos sobre violaciones de los derechos de las minorías, de los trabajadores migrantes, de las poblaciones indígenas y de los sectores desfavorecidos de los países del Norte desarrollado. La legalización de instituciones políticas de marcado carácter racista y xenófobo, y de prácticas tan aberrantes como el uso de INTERNET para divulgar ese tipo de ideas, o la prostitución y la pornografía infantil, son solo algunas de las manifestaciones de las graves violaciones a los derechos humanos que ocurren cada día en dichos países.

En un marco de cooperación objetivo y no discriminatorio, esas situaciones ameritarían la aprobación de más de una resolución y el establecimiento de procedimientos especiales para el monitoreo permanente por parte de la Comisión. Sin embargo, cualquier condena explícita era impedida a fuerza de presiones y amenazas, contribuyendo en la práctica a la impunidad de los responsables y a la perpetuación de estas violaciones.

El establecimiento del Consejo de Derechos Humanos en sustitución de la desprestigiada Comisión, ofrece la oportunidad de abrir una nueva etapa en la promoción y protección de todos los derechos humanos para todos sobre la base de la cooperación internacional y el diálogo constructivo. La propia resolución por la que se crea este nuevo órgano enuncia las pautas y establece un mecanismo de cooperación, de aplicación universal e igual tratamiento, para evaluar la situación de los derechos humanos en todos los países, con el objetivo de fortalecer la capacidad de los Estados, favorecer el intercambio de buenas prácticas, y proporcionar asistencia técnica a aquellos Gobiernos que así lo soliciten con vista al cumplimiento de sus obligaciones en materia de protección y promoción de los derechos humanos.

Cuba tanto en su capacidad nacional, como en su calidad de Presidente del Movimiento de Países No Alineados, trabajó ardua y constructivamente durante el proceso de negociación del establecimiento e institucionalización del nuevo Consejo, con el objetivo de lograr la instauración de un genuino sistema de cooperación para la promoción y la protección de todos los derechos humanos para todos.

De hecho, el Movimiento de Países No Alineados, en el marco de su XIV Cumbre de Jefes de Estado o de Gobierno, celebrada en La Habana en septiembre del 2006, recalcó la importancia de un enfoque constructivo en la promoción y protección de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales y, en ese sentido, instó al Consejo de Derechos Humanos a centrarse de manera constructiva en el diálogo y la cooperación, el fomento de la capacidad y la asistencia técnica a nivel internacional, a fin de garantizar la realización de los derechos humanos.

A pesar de nuestras argumentadas reservas con varios de los elementos reflejados en el paquete de compromiso presentado por el Presidente del Consejo, Cuba optó por sumarse al consenso como muestra de nuestro firme compromiso con la causa de la promoción y protección de todos los derechos humanos para todos, y en la esperanza de que el nuevo órgano logre despojarse de la selectividad y la politización que, en detrimento de la cooperación internacional, dieron al traste con la fenecida Comisión y le impidieron cumplir con su mandato de órgano especializado en la promoción y protección de los derechos humanos.

Sin embargo, Cuba desea alertar sobre la actitud de algunos países, especialmente Estados Unidos, que presionaron fuertemente por reabrir el paquete sobre la construcción institucional del Consejo, poniendo al desnudo sus claras intenciones de manipular el nuevo órgano en función de sus intereses de dominación; y convertirlo en un nuevo tribunal inquisidor contra los países del Sur, reinstaurando la selectividad, la politización y los dobles raseros, que lo forzarían a transitar por el mismo rumbo que la Comisión de Derechos Humanos.

Al propio tiempo, Cuba reitera su preocupación y rechazo por la aplicación y extensión de estas prácticas en el funcionamiento de los órganos intergubernamentales y mecanismos de la maquinaria de las Naciones Unidas para la promoción y protección de los derechos humanos, particularmente en el marco de la Tercera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, escenario en el que se continúa singularizando y acusando a los países del Sur, tendencia que pudiera agudizarse ante los eventuales obstáculos que en el seno del Consejo dificultaran a las grandes potencias la manipulación y la consecución de sus objetivos.

Se continúa intentando entronizar un patrón único de democracia y de gobernabilidad, mediante el cual se pretende juzgar a todas las naciones, sin tomar en cuenta sus particularidades históricas, culturales, y religiosas. Se trata de un modelo que no favorece la realización de todos los derechos humanos para todos, de lo cual pueden dar testimonio los millones de personas que viven en la pobreza extrema en todo el planeta, cuyos derechos más elementales no solo son inexistentes, sino además desconocidos para ellos mismos.

Aquellos países que son percibidos como transgresores de un modelo que ni siquiera ha sido aceptado universalmente y que compromete seriamente el futuro de la humanidad, son estigmatizados y se les imponen resoluciones condenatorias y mecanismos punitivos, aunque para ello sea imprescindible recurrir a las más indignas presiones y chantajes.

Estas nocivas prácticas y enfoques erosionan cualquier posibilidad de establecer un verdadero sistema de cooperación internacional, que beneficie la promoción y protección de todos los derechos humanos para todos. Resulta imprescindible desterrar estos vicios de toda la maquinaria de derechos humanos de las Naciones Unidas.

El nuevo mecanismo de Revisión Periódica Universal establecido por el Consejo, si se implementa como un genuino sistema de cooperación, como se enuncia en sus principios, brindaría la oportunidad de impulsar la cooperación internacional en materia de derechos humanos.

Un sistema de cooperación internacional también demanda de la promoción de una real representación y rotación geográfica de los titulares de los procedimientos especiales del Consejo y de los Expertos de los Órganos de Tratados, así como de un equilibrio justo en la composición del personal de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y la disposición de los recursos necesarios para las actividades destinadas a la promoción de los derechos humanos, en particular las relativas a la cooperación técnica, la educación en materia de derechos humanos y la educación en general sin precondiciones y destinos específicos en función de intereses particulares que persiguen los donantes.

Sin una plena comprensión y respeto de la diversidad de culturas, civilizaciones, religiones, sistemas jurídicos, políticos y filosóficos, es imposible cumplir de forma objetiva e imparcial las responsabilidades que la comunidad internacional le ha asignado a los Expertos y la Secretaría. Los enfoques no tomen en cuenta las particularidades y la realidad concreta de cada país, y que preconicen acciones punitivas, obstaculizan la posibilidad de cooperación. La cooperación no puede imponerse.

El Gobierno de la República de Cuba considera su deber el exponer estas realidades, a fin de coadyuvar a sensibilizar a todos los Estados miembros y a la comunidad de organizaciones no gubernamentales, sobre la necesidad impostergable de implementar efectivamente una cooperación genuina, sustentada en el diálogo, como proclama la Carta de las Naciones Unidas.

La Misión Permanente de Cuba ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra y los Organismos Internacionales con sede en Suiza, aprovecha la ocasión para reiterar a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos el testimonio de su consideración.

Ginebra, 27 de diciembre del 2007
(Cubaminrex- DAM)

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