Declaración del Representante Permanente de Cuba, Embajador Abelardo Moreno, en el 47º Período de Sesiones de la Comisión de Desarrollo Social. 5 de febrero de 2009
Tema 3 a: Seguimiento de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social y del vigésimo cuarto período de sesiones de la Asamblea General: Tema prioritario: promoción de la integración social .
Sra. Presidenta:
Permítame felicitarla a Usted y a los demás integrantes de la Mesa, y expresar nuestro apoyo a la declaración formulada por Sudán a nombre del G-77.
Resulta indiscutible que la integración social es un factor crucial para el desarrollo social, tal como se estipulara en la Cumbre de Copenhague en 1995. Sin embargo, casi tres lustros después, el logro de la integración social continúa siendo una quimera en muchos países, en particular en la mayoría de las naciones en desarrollo.
El reclamo en el Preámbulo de la Carta de las Naciones de reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, se aplica sólo a unos pocos, en lugar de ser una realidad para todos.
La marginación de una parte importante de las naciones del sur del planeta a resultas de la prevalencia de un orden internacional injusto y excluyente, es el primer factor que atenta contra el logro de la verdadera integración social, y se ubica en la base misma de los problemas de exclusión social y de inequidad socio-económica a que se refiere el informe del Secretario General, ante nosotros (E/CN.5/2009/2).
A pesar de los compromisos en Copenhague para resolver los alarmantes problemas sociales en los países del Sur, el injusto orden internacional implantado por los países industrializados hace que el hambre, la pobreza extrema, el analfabetismo, la insalubridad y la muerte prematura, entre tantos otros fenómenos, sigan siendo una constante en un importantísimo número de los países miembros de las Naciones Unidas. La globalización neoliberal y, más recientemente, la crisis económica global generada en los grandes centros de poder, no hace más que agravar la situación.
¿Cómo hacer nuestras sociedades más justas, con iguales oportunidad para todos, donde desaparezcan la desigualdad y la exclusión, cuando siguen prevaleciendo y profundizándose a nivel internacional el egoísmo, la injusticia, las pretensiones hegemónicas, la inequidad, el derroche y el consumismo desproporcionado de unos pocos, o sea de los que más tienen?
¿Cómo es posible que se permita a los países desarrollados continuar con sus reclamos demagógicos sobre las supuestas libertades y derechos políticos mientras poco o nada se hace por modificar la terrible realidad del Sur?
¿Qué integración social se podrá alcanzar en el mundo en desarrollo cuando en él se concentra la mayoría de las 1 400 millones de personas que sobreviven con menos de 1 dólar diario, los más de 900 millones de hambrientos y los 3 mil millones de personas que continúan sufriendo la escasez de agua?
Esta situación sólo cambiará si los países más poderosos abandonan sus privilegios y derroche para que millones en los países en desarrollo puedan comer decentemente, aprender a leer y escribir o simplemente trabajar. No habrá cambio en la marginación del 80 % de la población mundial, si no transformamos este orden mundial insostenible que perpetua la penuria del Sur y si no se reconoce el derecho de los pueblos a la solidaridad internacional y al trato especial y diferenciado de los países más necesitados.
Sólo habrá avances en la integración social, cuando las naciones poderosas cumplan con sus compromisos de Ayuda Oficial para el Desarrollo en lugar de destinar sólo el 0,28 % de su Producto Nacional Bruto para este propósito y cuando dejen de subsidiar sus producciones agrícolas por casi 300 mil millones de dólares, gastando tres dólares diarios en el mantenimiento de una vaca, mientras que más de un sexto de la humanidad sobrevive con menos de uno. Avanzaremos sólo si los países en desarrollo dejamos de utilizar un quinto de nuestras exportaciones para el pago de los servicios de una deuda externa que tanta veces hemos pagado.
Los países industrializados, promotores hoy de planes financieros multimillonarios, para salvar a los grandes, corruptos e irresponsables banqueros con medidas de intervención pública que antes contraindicaron para nuestros países, cuentan con los recursos para la asistencia al desarrollo de nuestros pueblos. Lo que falta es la voluntad política para hacerlo, con lo que perpetúan la inequidad y exclusión social.
En las naciones industrializadas también existe la exclusión social. Está atrapada en los bolsones de pobreza, que en muchas ocasiones incluyen a los inmigrantes.
Sra. Presidenta:
Desde 1959, Cuba emprendió transformaciones socio-económicas para construir una sociedad justa y solidaria, enfrentando las amenazas, las agresiones y un bloqueo de Estados Unidos tan criminal como prolongado que se reafirma como el principal obstáculo para que el avance social en Cuba mantenga un paso más acelerado. Esta política se aplica con toda crudeza aún cuando hace unos meses Cuba fuera azotada por tres intensos huracanes, que devastaron su agricultura, afectaron seriamente parte de su infraestructura y dañaron o destruyeron más de 400 mil viviendas.
No obstante, gracias a la obra de equidad y bienestar, y de justicia y dignidad, logramos armonizar el crecimiento económico con el desarrollo social, sin dejar desamparado a ningún ciudadano, aún en los momentos más complejos y difíciles. En Cuba, nadie queda abandonando a su suerte.
Hoy, toda la población cubana tiene acceso a servicios de salud y educación gratuitos, cuenta con una esperanza de vida de más de 77 años, la tasa de mortalidad es de 4,7 por cada mil nacidos vivos, nuestros niños están protegidos contra 13 enfermedades prevenibles, existe un 100 % de escolarización primaria y 99 % en la enseñaza secundaria, 842 mil cubanos, más del 7 % de nuestra población, son graduados universitarios; estudian en nuestras universidades 750 mil adultos, se encuentra electrificado más del 95 % del país y ya se alcanzó la condición de pleno empleo nacional con una tasa de 1.6% de desempleo.
Más de dos tercios del presupuesto del Estado se destina a elevar los niveles de educación, salud, seguridad y asistencia social, cultura, deportes y la investigación científica y técnica. Están en marcha, además, más de 200 programas sociales para continuar las mejoras en los más disímiles áreas del desarrollo social.
Cuba muestra con orgullo su democracia profundamente popular y participativa, donde el pueblo ejerce el poder y donde se promueven y protegen todos los derechos humanos, no unos cuantos. La institucionalización política se estableció sobre la base de la más amplia participación y control popular, asegurando a todos los cubanos, sin excepción, una participación directa y completa en las decisiones del país y desterrando la exclusión y discriminación.
Sra. Presidente:
Para contribuir al avance social de otros países y, con ello, a una efectiva integración social, más de 270 mil colaboradores cubanos han prestados servicios de cooperación en 154 países desde 1961. Hoy, 41 mil profesionales de la salud, el deporte y la educación cubanos brindan servicios de cooperación en 97 países y 6 territorios de ultramar de todos los continentes; de ellos más de 31 mil son colaboradores en el sector de la salud en 71 países.
Un programa de becas en Cuba ha beneficiado también a decenas de miles de jóvenes del Tercer Mundo, incluyendo los casi 23 mil jóvenes que hoy estudian medicina en Cuba. Cientos de miles de pacientes de otros países aquejados de diversas afecciones oftalmológicas han sido operados en Cuba de forma gratuita y han recuperado la vista. Cuba ha emprendido, además, programas de asesoría en alfabetización y enseñanza media y otras actividades en países de todas las latitudes y niveles de desarrollo.
Por ello, señora Presidenta, para poder alcanzar la integración social, la palabra de orden debe ser la solidaridad.
Muchas gracias.