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aporte, en entrega inédita, responde a una demanda creciente y a
la conveniencia de enriquecer las visiones y el perfil de este sitio, órgano
digital de la política exterior cubana.
Los trabajos que aparezcan en esta sección reflejan el parecer de
sus respectivos autores y no necesariamente la posición oficial de
la Cancillería cubana.
AZNAR:
UN CUARTICO IGUALITO
Por Elsa Claro
Las malas lenguas afirman que José María Aznar tiene tracoma
o tabardillo, que viene a ser lo mismo en lo que a infeccione respecta,
pero no de la piel, sino de las entretelas del alma. No sé, y es
posible que poco importe, si justifica lo dicho por el ministro de Administraciones
Públicas, Jordi Sevilla, quien considera que el Partido Popular
"está rompiendo todos los puentes con todo el mundo",
y con eso "refleja la visión unilateral del PP sobre todo
lo que está pasando, que está convirtiéndose en un
partido de extrema derecha”
Claro, me parece que hay un problema se-mántico de por medio. Asunto
de tiempo ver-bal porque me digo ¿es que siempre no fue ultraderechista
el PP y el propio Aznar? Si no, lo disimulaban muy bien. Quiero decir
que aunque reiteraron que eran de centro mientras hacían campaña
para desplazar al PSOE del poder, en cuando lo obtuvieron ol-vidaron las
buenas maneras y los conve-nientes embozos muy rápido.
Entre los que analizan su gobierno o las más recientes declaraciones
que hizo, hay quienes enfocan la discrepancia doméstica actual
como un asunto de política exterior no resuelto. Me permito discrepar
humilde-mente. Antes de Aznar hubo consenso en esa materia pero fue él,
apenas asume, el que rompió esa ley no escrita pero respetada,
de buscar un acuerdo entre el partido que estu-viera al mando y el resto
en todo cuando se refiere a las relaciones con otros países.
El otro día, cuando se presentó ante la Comisión
que investiga los hechos en torno a los atentados del 11 de marzo, el
ex jefe de Estado insistió en que hay que privilegiar otra vez
el vínculo íntimo que él sostuvo con George W. Bush
pues es quien lleva a ca-bo la verdadera lucha contra el terrorismo.
La afirmación es poco honorable. Llama a que España se subordine
a los dictámenes de la Casa Blanca, como hiciera él a espaldas
de la voluntad ciudadana. No se olvide que esta nación rechazó
abierta, pública, masi-vamente, la invasión de Irak, pese
a lo cual Aznar no sólo fue apoyo del agresor, sino que despachó
un contingente militar hacia el país árabe, también
en contra de la po-blación que se lo hizo saber de modo abun-dante,
explícito.
Que transcurrido tiempo, expresiones unívocas y hechos probatorios
insista en que su línea de acción fue la adecuada suena
a impúdica insolencia o a chifladura.
No hay duda: más de uno por ahí tiene febriles delirios
de grandeza. Aznar por ejemplo dice que hay una conspiración inter-nacional
en su contra. Y eso suena parecido a lo del otro que recibe encargos por
línea directa de Dios.
Y bueno, les contaba que el ex ibérico compareció para aclarar
por qué dijo que ETA era la autora de la masacre en Madrid y porqué
dio frenéticas órdenes a las embaja-das para que circulara
esa información por todo el mundo, sin verificarla y hasta des-pués
que la pista islámica era fuerte.
Pues bien, él acaba de insistir en que sí, que los etarras
tienen que ver con el drama. Y será, supongo, porque la práctica
goebeliana –él lo sabe- puede ser efectiva.
Muy posible, pues incluso y sin motivo que lo escudara bien, desvió
su disertación sobre la masacre en las estaciones ferroviarias,
hacia lo dicho por el canciller Moratinos sobre la complicidad de Aznar
con el golpe de estado a Hugo Chávez.
No es probable que se olvidara que al día siguiente del despojo,
los representan-tes de Washington y Madrid se entrevistaron con el usurpador
Pedro Carmona, y que a seguidas propalaron una declaración conjunta
dando por legal y firme el derrocamiento del presidente legítimo,
y como si se tratase de lo más natural y cotidiano llamaron a los
venezolanos a instaurar un nuevo gobierno.
Buscaron después el consentimiento de las mayores naciones del
área que tuvieron la sensatez y el decoro de no darle su res-paldo.
Asentir era dar vía libre para que les hicieran a esos estadistas
lo mismo en algún momento. Y porque tener pasado triste, humillante,
deja huellas.
Con el tema del 11-M Aznar empleó un recurso igualito: fueron todos
los demás los que mintieron y se aprovecharon de las trá-gicas
circunstancias. El es inocente y más puro que las vírgenes.
Cierto que el PP tenía altas posibilidades de ganar los recién
pasados comicios, pero ellos mismos, el ejecutivo en funciones digo, fue
tan oportunista que la baraja se volvió contra ellos. La gente
pudo percatarse de la jugarreta y les hizo la cuenta sumándoles
las que había pendien-tes.
Circula la especie de que Aznar sigue mandando en el PP. Su delfín
designado sin consultar siquiera a los demás en la propia cúpula
del PP, Mariano Rajoy, se ha sentido incómodo varias veces en estos
meses debido a la forma tan descarnada y poco elegante que usa su protector
para marcar pauta impidiéndole proyectarse como líder de
la derecha española.
Se le hizo costumbre ponerse en el dis-paradero sin medir consecuencias,
por eso Aznar sigue falseando ahora tanto como lo hizo antes y durante
el tenebroso espacio que media entre el 11 y el 14 de marzo pasado. Continúa
atacando a todas las figu-ras y bancadas y dice que no se arrepiente ni
un poquito de nada. Mantiene el estruendoso y agresivo módulo que
entronizara para las relaciones entre grupo políticos. Por eso
diferentes proyectos (fíjense, no solo en temática exterior)
presentados al congreso, han sufrido menos-cabo, dilaciones o fueron eje
de broncas poco virtuosas.
Zapatero intenta asentar en el país otro talante, (es la expresión
que emplea para definir equilibrio, respeto, ponderación), pero
es evidente que Aznar sabe poco de eso y prefiere, como su amigo texano,
ir a lo bruto y sin medir consecuencias. Él antes, durante y también
después.

