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aporte, en entrega inédita, responde a una demanda creciente y a
la conveniencia de enriquecer las visiones y el perfil de este sitio, órgano
digital de la política exterior cubana.
Los trabajos que aparezcan en esta sección reflejan el parecer de
sus respectivos autores y no necesariamente la posición oficial de
la Cancillería cubana.
BUSH,
UN PELIGRO SUELTO
Por Elsa Claro
Noticia vieja el que si hubiera dependido de la población mundial
Bush no estaría por segunda vez en la Sala Oval. Encuestas posteriores
indican un refuerzo del rechazo que abarca desde la vecina Canadá,
donde un 67 % considera menos seguro el planeta con este gabinete y su
jefe, hasta Turquía donde un 82% cree lo mismo. Dentro de Latinoamérica,
un 79 % de los argentinos y un 78 de los brasileños, están
en igual cuerda, en tanto en Europa no es menor el rechazo: Alemania (77),
Francia (75) Gran Bretaña (64) No era posible otro resultado tras
4 años de hostilidad y ante el anuncio de expandirla hacia los
cuatro vientos.
Hay prioridades, por supuesto. Para los neoconservadores que tanta influencia
tienen dentro de los hechos y proyectos de Bush y compañía,
lo que ellos consideran la estabilidad de Israel, mantiene una importancia
de primera magnitud. Por eso están influyendo obstinadamente para
que se neutralice a Irán, país del cual suponen que por
sus potencialidades, pudiera evitar que Tel Aviv sea la filial del hegemonismo
norteamericano en el Medio Oriente y el norte de África.
Las recientes declaraciones de Bush, amenazando con el empleo de la fuerza
contra la nación islámica, o lo dicho en línea similar
por Condelezza Rice ante el Senado, confirman que aceptaron la propuesta
de ese grupo de ultraderecha que les asesora en términos de ideología
y praxis política. ¿De dónde si no salió la
“visionaria” idea del presidente sobre “remodelar”
a las naciones árabes con su peculiar y obtuso criterio sobre democracia?
Pero estos ultras forman un team que se ha dividido en lo que respecta
a cómo lograr sus objetivos israelocéntricos. ¿Emplear
la fuerza sin más preámbulo, o una diplomacia que no saben
usar? (ni ellos ni la nueva titular del ramo, a quien le hubiera gustado
más que la nombraran jefa del Pentágono que canciller).
Los europeos ven con temor indisimulado lo que está por suceder
y luego del discurso de Bush durante su investidura, hasta los calvos
están erizados. Si uno que otro gobernante prefiere disimular sus
temores, la gente de a pie no. Por eso la encuesta internacional realizada
en 21 países de todos los continentes dio como resultado un criterio
muy pesimista sobre el futuro inmediato de la paz y la seguridad mundiales.
Doug Miller, presidente de GlobeScan, una de las entidades encuestadores
que suministró los resultados a la BBC, estimó que casi
todos los consultados ”también apoyaron la visión
de algunos estadounidenses en cuanto a que, a menos que este gobierno
cambie su enfoque sobre los asuntos mundiales en su segundo período,
continuará socavando su imagen, y por lo tanto su capacidad de
influir sobre los asuntos mundiales”.
Nadie quiere que se envíen tropas propias a Irak y las naciones
más poderosas del Viejo Continente miembros de la OTAN, han dado
pasos de jicotea en el acuerdo de entrenar a militares de la nación
invadida. La cifra de estadounidenses que consideran que ”valió
la pena” emprender una guerra contra Iraq volvió a caer y
desde octubre pasado tiene apenas el 39 por ciento de adeptos.
Es común que se aleje a los manifestantes de Bush, quien así
ni se entera del rechazo que suscita. Pero en esta oportunidad no fue
posible y, en medio de su euforia, el presidente tuvo que escuchar los
alegatos populares contra la guerra y el pedido de que regresen los soldados
estadounidenses a casa.
No es raro que este sea el jefe de estado que menor aprobación
ha tenido al asumir un segundo tiempo en el último medio siglo.
¿Qué cómo fue reelegido entonces? Esa pegunta habría
que hacérsela a quienes mantienen un sistema electoral arcaico,
inventado para que sean pocos y no la mayoría quien elija, y a
quienes violaron el acuerdo de homogeneizar los sistemas de votación,
que permitieron irregularidades denunciadas pero que no se investigaron.
(Cualquier aludido a Ohio, no es mera casualidad)
Bush no solo tiene los niveles de aceptación popular más
bajos que cualquier otro presidente reelecto en 50 años, sino ante
sí hay un país dividido, cosa nada buena. Las políticas
de su gobierno como la propia guerra en Irak o la privatización
del servicio de salud y la reforma del sistema de jubilaciones entre diferentes
y cuestionables emprendimientos o malos manejos de la economía,
motivan rechazo y cuestionamiento. Valga citar solo el déficit
fiscal (cuando Bush comenzó en el 2000 había un superávit
de 177 000 millones de dólares y en la actualidad existe un déficit
ascendente a 413 000 millones.)
Es lógico que la gente se pregunte cómo si aún se
precisa de al menos 100 000 millones de dólares adicionales para
pagar los gastos de la guerra en la nación ocupada y reemplazar
el material bélico dañado, se esté fraguando otra
ofensiva militar –ahora contra Irán- y se amplíe el
espectro de “enemigos” y la “cruzada por la libertad”
abra otro momento de la exportación de la democracia que, de acuerdo
con lo dicho por mister W implica que "EE.UU. va a clarificar continuamente
ante cada gobernante y cada país la opción moral entre opresión
y libertad". (¡!) Parecería el Juez Supremo actuando
en el Juicio Final. Puede que se lo crea, a no dudarlo. Algunos le llaman
a tal aberración “la etapa superior” de una política
de intervenciones ataques preventivos.
Entre diversos analistas se considera que no hay ni soldados norteamericanos
suficientes ni muchos dispuestos en otros países a prestárselos
y eso obligará a Washington a reencaminar sus posturas hacia sendas
prudentes o a usar la ONU como cobertura, aunque luego se salgan de los
compromisos con que se valgan de ella. Todo es posible, pero con planes
tan extravagantemente pendencieros, adobados por un muy peligroso mesianismo,
nada es seguro ni de fiar.

