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aporte, en entrega inédita, responde a una demanda creciente y a
la conveniencia de enriquecer las visiones y el perfil de este sitio, órgano
digital de la política exterior cubana.
Los trabajos que aparezcan en esta sección reflejan el parecer de
sus respectivos autores y no necesariamente la posición oficial de
la Cancillería cubana.
CUATRIPARTITA
IBEROAMERICANA
Por Elsa Claro
5 de abril de 2005
A juzgar por el intenso trimestre recién concluido, 2005 será
un año de exclusivos acontecimientos o, mejor aún, de singulares
pactos en un período caracterizado por los desencuentros, que con
ellos se han pavimentado muchos caminos.
La armonía cuatripartita lograda en Ciudad Guyana entre Brasil,
Colombia, Venezuela y España, va a quedarse en la memoria y en
los hechos prácticos, como uno de esos acontecimientos que marcan
norma y señalizan rutas.
No solo coincidir es importante. Más difícil resulta hacerle
frente a la hostilidad del terrenal señorío cuando desea
cualquier cosa menos que los pueblos se junten, sobre todo si quienes
los dirigen concuerdan.
En su momento, Aznar jamás se habría atrevido a hacer algo
que ni de lejos permitiera imaginar a George W. Bush que iba en su contra.
Paradojas veréis, mío Cid, porque estas tierras tienen de
común –para bien o para mal- el ancestro, que no precisamente
es anglosajón.
A José Luis Zapatero, por el contrario, hay que anotarle otro atino
en el libro de los actos soberanos y hasta de la lógica, pues en
lugar de apoyar golpistas –como hizo su antecesor- estuvo de acuerdo
con Lula, Uribe y Chávez, en que si una vez se escribieron leyes
que rigieran los actos de las naciones, no fue para ignorarlas o para
que las violaran. El multilateralismo cura en salud.
Respetar el derecho internacional y la autodeterminación de los
países, ha sido y continuará como una de esas verdades que
una vez descubiertas se niegan a perecer.
Las corbetas y aviones que venderá España a Caracas y a
Bogotá no son ofensivas, sino para ayudar a combatir el narcotráfico,
un mal que, junto con el terrorismo, es de esos que no serán derrotados
en tanto no haya una concertación a escala de mundo, verdadera,
honesta, múltiple.
El jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld –en misión
autocrática típica- visitó un poco antes algunas
de estas naciones al sur del Río Bravo y para su sorpresa, no tuvo
éxito al insinuar que Venezuela es un peligro porque adquiere armas
para su defensa.
Al jefe de la Casa Blanca, por su parte, debe haberle preocupado mucho
que Álvaro Uribe haya dicho que el armamento español ayudará
a la estabilidad de Colombia. “Tenemos que escoger si vivimos jalonados
por los rumores, si dejamos que se agrien las relaciones de nuestros pueblos”,
dijo y con ello refutaba la mala tesis de que si su vecino se protege
eso le daña.(¿Cuánto de real o fabricado en Washington
habrá tras los incidentes de hace poco entre los dos países?)
Uribe convenió también para su país una cuota de
aviones españoles, que, por cierto, corren el riesgo de perderse
en el mar de equipos bélicos norteamericanos, que no son de caramelo,
por supuesto.
Los convenios económicos y los que acrecientan y fortifican la
integración del área deben ser otro lanzazo en las costillas
imperiales, a no dudarlo.
La nueva alianza iberoamericana, les duele y no porque se conciba para
dañarles, sino porque se dirige a combatir la pobreza y porque
en el léxico de los déspotas, la palabra unidad es pecado,
sobre todo si va unida a ciertas señales de justicia y soberanía.

