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Los trabajos que aparezcan en esta sección reflejan el parecer de
sus respectivos autores y no necesariamente la posición oficial de
la Cancillería cubana.
ONU
¿QUO VADIS?
Por Elsa Claro
29 de agosto de 2005
John Bolton es un hombre de suerte. Logró asumir el cargo como
embajador de EE.UU. ante la ONU gracias a un ardid más o menos
legal empleado por su promotor, el nefando señor Bush Junior y
pese a dar pruebas de su desprecio hacia ese organismo. Encima, se le
encomienda poner en práctica lo que dijo cuando no suponía
que iba a estar en este medio internacional, esto es: que la ONU era una
entidad inservible pues quien dominaba al mundo era Washington.
Bien, está a punto de convertir en proféti-cas sus expresiones.
Desde su ingreso al puesto comenzó a crear bases que permitieran
implantar la agenda política norteamericana dentro del organismo.
No es iniciativa suya aunque lo acomete muy a gusto, sino ejercicio de
lo que le ordena la no menos indecible Condolezza Rice luego de convenirlo
con su amigo y señor, el presi-dente.
Kofi Anan había puesto en circulación meses atrás
el texto confeccionado por los exper-tos que trabajaron en las propuestas
para remodelar la ONU y adecuarla a los tiempos actuales. Muchos no coinciden
con todo lo allí apuntado, pero lo que pretende la Casa Blanca
traspasa las fronteras de las suge-rencias o el perfeccionamiento pues
antes que cambios, lo que propone es eliminar en-teramente los acápites
que pueden afectar sus planes de predominio o muchos principios generales
aceptados por la mayoría de las naciones, que a ellos poco les
importa. Ergo: la financiación al desarrollo, el cambio climático,
el desarme nuclear o la corte de justicia internacional.
Si logran imponerse no tendrá sentido -o puede convertirse en un
caos incontrolable- la cita de jefes de Estado convocada por el Secretario
General para mediados de este septiembre, antes de que se inicie el 60
período de sesiones.
¿Por qué? Simple. Debido a que una de los objetivos de esa
cumbre es revisar las Metas del Milenio que, ya se sabe, tienen que ver
con el compromiso para la erradicación de la pobreza y el hambre,
la pandemia del SIDA, entre asuntos que si no acaban de atenderse acabarán
por estallar sin control.
La administración norteamericana, con el enfoque restrictivo y
codicioso que le ti-pifica prefiere remitirse al "Consenso de Monterrey",
sobre reformas de lo que en-tienden como libre mercado y a la idea de
crear un “fondo para la democracia” o lo que es igual: que
los demás les ayuden a financiar la exportación de lo que
así llaman, aunque lo apliquen por la fuerza, como hasta aquí.
Cosa notable: tal como la mayor parte de las naciones, desean dinamitar
la de Ginebra para darle vida a una Comisión de Derechos Humanos,
pero es poco probable que el concepto que tienen sobre cómo debe
funcio-nar y a qué patrones ceñirse, se asemeje al criterio
de la mayoría.
Las “enmiendas” que presenta EE.UU. al bo-rrador que debe
servir de base para el de-bate en la asamblea general, pasan de 700 y
de acuerdo con revelaciones hechas por el diario The Washington Post y
confirmadas en el documento circulado en el propio ámbito de ONU,
quieren eliminar todo acuerdo para ayudar a países pobres y suprimir
todo alu-dido a la protección medioambiental, entre postulados
que mucho esfuerzo costó asumir.
De otro lado tampoco aceptan la moción para que el Consejo de Seguridad
no vete reso-luciones tendentes a ponerle freno o impedir actos como los
crímenes de guerra o el genocidio. EE.UU. insiste en mantener inmu-nidad
para aquellos a quienes envía a ex-terminar o cometer torturas,
creando verda-deros engendros y un criterio de impunidad que puede concluir
por perjudicarle a sí mismos.
Un tema que no puede faltar es el referido al terrorismo, pero a diferencia
de muchos países que insisten en que sólo con un es-fuerzo
conjunto y coherente se puede erra-dicar, el gobierno Bush pretende mantener
los parámetros seguidos hasta ahora en los cuales destaca su hacer
unilateralista que aprovecha el interés en contribuir de los demás
para hacer cómo, cuándo y dónde le venga en ganas.
Hay muchas contradicciones -no es nuevo- en las propuestas del gabinete
norteamericano y es más evidente que en cualquier otro mo-mento
el empeño en remodelar el organismo internacional según
sus moldes, gustos y objetivos, que, por supuesto, no son compa-tibles
ni siquiera con parte de sus socios.
La batalla se presenta escabrosa. La postura de Washington tiende a potenciar
los desacuerdos y se aprovecha de que la ONU no vive su mejor momento.
Del forcejeo puede resultar el aplazamiento de los cambios que perfeccionen
el organismo o la imposición de rumbos malsanos para la humanidad.

