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sus respectivos autores y no necesariamente la posición oficial de
la Cancillería cubana.
LA CEGUERA EUROPEA
Por Elsa Claro
21 de febrero de 2007
Los segmentos más recalcitrantes del Parlamento Europeo obligaron a menguar el informe relativo a los vuelos secretos de la CIA sobre distintos territorios del Viejo Continente. Fue preciso excluir las críticas directas a las naciones más involucradas (Gran Bretaña, Alemania, Italia) e incluso así, el desleído texto estuvo a punto de parar en una proscrita gaveta.
De no satisfacer las exigencias del Partido Popular Europeo y la ultraderecha este-europea y occidental, hace poco asociadas también dentro de la eurocámara, habría sido inútil el trabajo con el cual fueron documentados mil y tantos vuelos subrepticios con personas privadas de derecho y en general inocentes, que fueron conducidos hacia cárceles secretas y otras que, como Guantánamo, son una vergüenza abierta a los cuatro vientos, donde se siguen cometiendo serias violaciones a los derechos más elementales
Luego apenas una versión dulcificada de los hechos fue la que aprobaron los diputados y quedará en los archivos de Bruselas. Y es escasamente probable que se reabra ese comprometedor capítulo que incluso suavizando da cuenta de algo moralmente inaceptable.
Claudio Fava, quien presidió la comisión investigadora, dijo que el texto contiene un "análisis riguroso de cinco años de excesos y abusos tolerados en nombre de la lucha contra el terrorismo". "No son opiniones y prejuicios sino hechos probados", recalcó, insistiendo en que los Gobiernos europeos estaban al tanto de las actividades ilegales de la agencia de inteligencia estadounidense.
Es remarcable que en este informe se mantuvo una crítica particular a Javier Solana, pues el representante de la Política Exterior de la Unión Europea, no vio -o no quiso enterarse- de los fraudulentos operativos, pese a ser tan extendidos.
Los encargados de la pesquisa lograron reunir una importante cantidad de pruebas, pero consideran que queda mucho por revelar, de ahí la sugerencia que hicieran al Consejo y a la Comisión Europea instándoles a profundizar sobre los abusos de la CIA. Vista la actitud de los gobiernos implicados que se negaron a colaborar o a ser enjuiciados, probablemente este sucio asunto quede, como otros, insisto, sepultado en la mortaja de esa tibia denuncia.
Pero la ventilación del caso coincidía con la firma de la convención internacional que protege a las personas de la desaparición forzada. Fueron necesarios 25 años de esfuerzos de organismos humanitarios y familiares de víctimas para lograr el protocolo, firmado por 60 países, pero que Estados Unidos se negó a suscribir.
Puede ser que por coincidencia, se ventilaba además el caso de Abu Omar, el imán de nacionalidad egipcia apresado en Italia en un operativo de cooperación dolosa. El entonces gobierno de Silvio Berlusconi, ordenó a los servicios de inteligencia de su país que ayudaran a la CIA en operativos como ese.
Omar estuvo encarcelado en diferentes sitios por 4 años y entre distintos castigos corporales y písquicos, sufrió descargas eléctricas en los genitales, golpes y amenazas de violación a su mujer, según contó después.
Sus recientes declaraciones han sido muy limitadas pues teme represalias como las sufridas antes. Afirma que lo convirtieron en un guiñapo humano.
De acuerdo con testimonios de algunos que lograron salir de la cárcel establecida en la base naval del sur-oriente cubano, hasta quienes mejor asimilaron la amarga experiencia, sienten los efectos del aislamiento, las humillaciones y otros tratos desnaturalizados a que fueron sometidos.
La Convención sobre los Desaparecidos describe tales prácticas como crí¬menes de lesa humanidad y prohíbe el secuestro y la desaparición forzada de personas bajo cualquier circunstancia, incluyendo la¬ llamada guerra contra el terrorismo. Lo consigna de forma explícita. De igual forma proscribe los centros secretos de detención similares a los empleados hasta el momento por el gobierno Bush.
Conociendo esas interioridades del protocolo, resulta casi natural que Washington se abstenga de asumir un compromiso con normas que les denuncia a las claras. La no participación estadounidense, limita mucho el cumplimiento de este tratado, tal como le ha sucedido al Tribunal Penal Internacional, boicoteado con extremos como amenazar con ataques militares a la sede de ese órgano si es llevado allí algún norteamericano.
No se requiere de gran suspicacia para enlazar todos estos elementos pues obviamente forman parte de una política de dominación que no respeta ni las viejas ni las más modernas vivencias de la humanidad que aconsejan ponerle mesura y brida a la codicia desbordada.
El mundo vivió ya una etapa tan similar que es imposible no identificarla. Europa fue entonces ciega y cómplice. Como ahora.

