
Señor Presidente:
Permítame, en primer lugar y a nombre de mi gobierno, felicitarlo a Usted y a los demás miembros de la Mesa por su elección para dirigir los trabajos de esta Comisión durante el 59 Período de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas. Deseamos expresarle el pleno apoyo de nuestra delegación a su gestión, que anticipamos exitosa por la sabiduría y destreza con la que estamos seguros conducirá nuestras labores.
Mi delegación desea asociarse a la Declaración del Representante del Estado de Qatar, a nombre del G-77 y China, al tiempo que quisiera expresar algunas consideraciones acerca de lo que, con toda certeza consideramos será un período crucial para el trabajo de la II Comisión, debido a la importancia de los temas que tratará la misma, incluyendo la continuación de las discusiones acerca de su Programa de Trabajo.
Señor Presidente:
Como parte de los esfuerzos emprendidos por revitalizar la Organización de Naciones Unidas, y en particular la Asamblea General, deberemos ser capaces de decidir acerca del futuro de la II Comisión, la cual deberá preservar en cualquier caso su rol central en el tratamiento de los asuntos económicos y financieros dentro del sistema de NN.UU, particularmente en momentos en que el tema del desarrollo trata de colocarse en el centro de atención de la agenda mundial.
Por ello, es interés vital de los países en desarrollo que esta Comisión siga constituyendo el marco legítimo de defensa de sus posiciones en este terreno, y que no prevalezcan aquellos enfoques dirigidos a despojar a la misma de sus mandatos y prerrogativas por parte de los que intentan alejar el debate económico del seno de esta Organización, con el fin deliberado de continuar imponiendo su voluntad a los países pobres, en el marco de otros foros internacionales.
Es preciso tomar plena conciencia de las circunstancias mundiales en las que conducimos nuestros debates.
Varias fuentes dan cuenta de los retrocesos sin precedentes que el mundo ha experimentado en relación al desarrollo en la década de los noventa. Se señala por ejemplo que en 46 países las personas son más pobres hoy de lo que eran en 1990 y que en 25 naciones, más personas padecen hambre que hace diez años. Otras cifras igualmente elocuentes y alarmantes indican que más de mil millones de personas en el mundo sobreviven con menos de 1 dólar al día, más de 800 millones de seres humanos sufren de desnutrición, y alrededor de 100 millones de niños en edad escolar, de los cuales 60 millones son niñas, no asisten a la escuela.
El proceso de globalización neoliberal ha conducido, prácticamente en todas partes del mundo, a la disminución del papel del Estado en las sociedades y a la reducción de su capacidad económica y financiera para garantizar los derechos más elementales de sus ciudadanos. En su defecto, la vieja fórmula de la privatización sigue recetándose a los países en desarrollo, a pesar de su estruendoso fracaso.
De igual manera, la globalización no ha conducido a la reducción de la brecha entre países ricos y pobres. Por el contrario, los países en desarrollo pagan a los países desarrollados 100 mil millones de dólares anuales en aranceles comerciales, lo que equivale al doble de la ayuda que reciben de estos. La Ayuda Oficial al Desarrollo, a la que los países ricos prometieron hace 34 años dedicar el 0,7 % de su Producto Nacional Bruto (PNB), solo alcanza el 0.22 %, menos de la tercera parte, es decir, 110 mil millones de dólares menos que los que habrían aportado de haberse cumplido los compromisos anteriores. Los EE.UU., el país más industrializado del mundo, tiene irónicamente el triste record del más bajo índice de Ayuda Oficial al Desarrollo: solo un 0.11 % de su PNB.
Como si fuera poco, se sigue acudiendo a inmorales políticas de sanciones y medidas económicas unilaterales a los países pobres. Este año, por ejemplo, mi país ha sido víctima de un recrudecimiento sin precedentes del bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene el gobierno de EUA contra nuestro pueblo, a contrapelo de las normas más elementales del derecho internacional y la convivencia entre los Estados. Un paquete de nuevas medidas se ha venido implementando con este fin, las cuales resultan en desastrosas consecuencias para la vida del pueblo cubano y el pleno disfrute de sus derechos, y en general para el desarrollo de un pequeño Estado insular como el nuestro, sujeto a las vulnerabilidades que esta condición lleva aparejadas.
Señor Presidente:
La reciente ocurrencia de devastadores fenómenos naturales en el Caribe y sus terribles consecuencias para los pueblos de la región ha puesto una vez más de manifiesto la importancia del reconocimiento internacional a las necesidades especiales de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo.
En ese sentido, mi delegación otorga primordial importancia a las negociaciones que emprenderemos en unos días como parte del proceso preparatorio para la Reunión Internacional encargada de la revisión decenal del Plan de Acción de Barbados para los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo, que tendrá lugar en Mauricio, a inicios del próximo año.
Los buenos resultados que puedan alcanzarse de este proceso de revisión, así como su consecución práctica dependerán en buena medida de la voluntad política de toda la comunidad internacional, y en especial de los países desarrollados, por lo que urgimos a todas las delegaciones a involucrarse de manera constructiva en la próxima ronda de consultas informales sobre este tema.
Señor Presidente:
Nuestra delegación prestará especial atención también al análisis de la Revisión Trienal Amplia de la Política de las Actividades Operacionales del Sistema de NN.UU que emprenderá esta Comisión. El tratamiento de este tema constituirá sin dudas una gran oportunidad para volver a sentar las pautas de esta importante área de trabajo de nuestra Organización, a través de sus fondos y programas, los cuales deberán volver a centrar sus actividades en el fomento del desarrollo de nuestros países.
Por todo lo anterior, entendemos que se avecinan debates complejos, y esperamos que los mismos se traduzcan en resultados tangibles que redunden en beneficio de los más pobres, a quienes deberemos dedicar nuestros mejores esfuerzos.
Muchas gracias.