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  OPINION

 

 
 

2006

FEBRERO

La elección de los cubanos

El imperialismo yanqui y su 'relación'
con nuestra América

La socialización del heroísmo 

Blair contra Venezuela

Los nuevos y provocadores pasos
de Lech Walesa contra Cuba

Bush, de rodillas por su incapacidad

Occidente vs. Islam

ENERO

Bush presenta a una sociedad desencantada
el estado de la Unión

Cruzada intelectual

El papel de la prensa alternativa: muralla contra
la manipulación de la realidad.
El caso de la emigración cubana hacia Estados Unidos

El silencio de Reporteros Sin Fronteras

Carnaval en Nueva Orleans

IRÁN: El peligro de un nuevo conflicto militar

Aliento contra la usurpación

El mundo es en blanco y negro

La política norteamericana de los muros

Bush: “Fue un año muy bueno”

Revolución cubana: fantasías
y realidades

Europa: las cicatrices de una dama indigna

El viento gira al Sur

El País de la infamia

2005

La elección de los cubanos

Por Ricardo Ronquillo Bello
Tomado de Juventud Rebelde,
24 de febrero del 2006

Unas veces se nos presenta como un pueblo esclavizado, y en otras, fanatizado. El Fidelismo se malinterpretó por el enemigo, que, incluso, ha apostado en Cuba a la muerte de un hombre, considerando que con ello también se entierra al proyecto que encabeza.

Esta reflexión inicial surgió al participar hace algunos años en una enorme manifestación popular. A esta acudo este 24 de febrero, cuando recordamos los 30 años en que la Constitución socialista cubana fue aprobada en aplastante referéndum popular.

En su retórica política contra la Revolución, siempre sus enemigos han tratado de presentarla desinstitucionalizada. Durante años, según ese discurso, en Cuba no existió un modelo social democrático, ni elecciones libres, ni Estado de derecho, ni parlamento....

En su rudimentaria ceguedad, no tuvieron vista para apreciar que ningún paso en este país después de 1959 se realizó fuera de la Ley. Una de las principales preocupaciones de la Revolución tras la toma del poder fue la formación institucional de la nación.

Solo que la institucionalidad fundada rompió con todo lo que había conocido el país, e incluso buena parte del mundo, hasta ese entonces. En el nuevo proceso se fundieron lo mejor de las tradiciones y la historia nacionales con las corrientes más modernas y avanzadas internacionalmente, buscando borrar definitivamente con el orden que durante más de 50 años caotizó al país en lo político, económico y social.

Los historiadores más objetivos reconocen que la experimentación democrático-burguesa tuvo su punto final en este Archipiélago con la gran decepción en la que lo sumieron los denominados gobiernos “auténticos”. Autoproclamados herederos de los anhelos de la Revolución del 30, su único resultado fue empujar a la Isla hacia el abismo insalvable en que se desbarrancaba.

Y para desbordar la copa del modelo seudorrepublicano tuvo lugar el golpe de Estado de Fulgencio Batista. Este cuartelazo marcó el instante definitivo del multipartidismo —“piedra preciosa” de la llamada democracia liberal burguesa—, que matizado de intervencionismos y bravatas militares, ya le había dado a la nación todo lo que de él podía esperarse.

No debe olvidarse que el primer gran encontronazo entre el proceso revolucionario naciente y la oligarquía nacional, aliada a Estados Unidos, ocurrió precisamente al aprobarse la Primera Ley de Reforma Agraria. Las nuevas leyes y el nuevo orden en fundación, con su inconmensurable contenido social, se situaban verticalmente frente a los peores intereses que habían desgobernado la república mediatizada.

Desde ese momento, nada de lo que fue Ley en Cuba resultó legal para la burguesía derrotada y sus sostenedores, los sucesivos gobiernos norteamericanos. Para ellos, presentar un país sumido en la ilegalidad es hasta hoy, cuando celebramos 30 años de nuestra Constitución socialista, una de sus principales apuestas.

Pero tampoco debemos olvidar que el espíritu y la letra de esa Constitución y de nuestro sistema político socialista tuvieron en el 2002 un espaldarazo mayor, cuando el 99 por ciento de los ciudadanos refrendó su perdurabilidad constitucional.

Todavía nuestros “amigos” de enfrente tratan de explicarse la insólita dimensión de esa cifra —entusiasmo del populacho, creencia ciega, disposición obligada— que le ofrece a este país un nivel de consenso político irrepetible en ningún lugar del planeta.

Tal vez sea muy difícil entender la dinámica de la Revolución cubana. Hasta a los que la construimos nos resulta difícil, en ocasiones, asumirla en todas sus dimensiones coherentes o contrapuestas, pero tenemos la profunda convicción de que el socialismo le ofrece a nuestra nación un proyecto viable de desarrollo humano.

Lo indudable es que quienes acudieron a ambos referéndums asumieron un acto de plena madurez y un ejercicio ciudadano absolutamente responsable y cuerdo. En esas firmas no solo quedó la satisfacción por la obra concreta e innegable forjada por el socialismo durante su existencia aquí, sino que también estampamos con ella nuestro reconocimiento e inconformidad con sus defectos.

El socialismo cubano se las ha arreglado para ser dialéctica y potencialmente capaz de enfrentar sus contradicciones, sin renunciar ni sacrificar fundamentos.

Este no es un país cuyo sistema político permite que se desgobierne. Es en esos resortes participativos sobre los que se asienta su obra, que definitivamente será intangible para sus enemigos. O para decirlo más claramente: intocable.

Nota: Las opiniones del Autor no tienen que coincidir necesariamente con las del Consejo Editorial del Sitio Cubaminrex


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El imperialismo yanqui y su 'relación' con nuestra América

Por Homar Garcés
Tomado de ARGENPRESS
20 de febrero de 2006

El 2 de diciembre de 1823, James Monroe, entonces Presidente de Estados Unidos, proclamaba: “debemos, por tanto, por las sinceras y amistosas relaciones que existen entre EEUU Con esas potencias (Europa), declarar que consideraremos todo intento de su parte por extender su sistema a cualquier parte de este hemisferio, como peligroso a nuestra paz y seguridad”. De este modo, el gobierno gringo asumía, unilateralmente, la defensa aparente de las ex colonias españolas que luchaban por su independencia en condiciones desventajosas y, aun, precarias, cuya máxima gloria sería alcanzada en las pampas de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. Esta “buena intención”, en el fondo, vendría a revelar el papel de potencia emergente que Estados Unidos quería para sí una vez que el imperio español fuera desalojado del continente americano. En los oídos de la clase gobernante estadounidense retumbaban, de modo escandaloso y amenazante, las palabras integracionistas de Simón Bolívar, el Libertador, más todavía al comprobar su intrepidez al desconocer los reclamos hechos para la devolución de unas embarcaciones de “comerciantes ilustres” de ese país que abastecían de armas y pólvora al ejército realista en Venezuela, en lugar de ayudar a la causa revolucionaria. Situación agravada al promover Bolívar el establecimiento de una república en la isla Amelia, adyacente a la península de la Florida, entonces en posesión de España, sobre la cual ya el incipiente imperialismo yanqui había puesto su mirada expansionista, al igual que sobre Cuba y Puerto Rico, como su llave de entrada en el mar Caribe. De ahí que a los gobernantes estadounidenses les preocuparan las “locuras imperiales” del “dictador” Bolívar al convocar, en plena guerra, a un Congreso Anfictiónico en el Istmo de Panamá, cuya sola realización sería un serio revés a sus planes imperialistas.

Sin embargo, los sueños bolivarianos fueron torpedeados por la ineptitud, la incomprensión y la ambición de quienes asumieron la conducción de las nuevas repúblicas. La codicia capitalista estadounidense se hizo sentir en toda nuestra América, de un modo sólo igualado por el imperio romano en la antigüedad. El territorio de México fue desgarrado, de forma tal que el espacio de las trece colonias originales que dieron lugar a Estados Unidos pudo prolongarse hasta alcanzar el Océano Pacífico. En 1856, el filibustero yanqui William Walker invadió y gobernó Nicaragua con el beneplácito de Washington. En 1889, el imperialismo yanqui ideó la celebración de la Primera Conferencia Panamericana con el claro propósito de unificar, bajo su tutela, a todos los países del Continente. Interviene en la guerra de independencia de Cuba, frustrando los propósitos independentistas de los patriotas cubanos y sometiendo a la Isla a través de una enmienda en su Constitución que permitía la injerencia de la Casa Blanca en sus asuntos internos. Todo esto, sin contar con las intervenciones veladas, golpes de Estado y asesinatos de dirigentes políticos a todo lo largo y ancho de nuestra América, siendo los casos más emblemáticos Chile, República Dominicana, Haití, Grenada, El Salvador, Guatemala, Colombia y, más recientemente, Venezuela; además del entrenamiento genocida y fascista brindado en la Escuela de las Américas a tropas y oficiales de sus fuerzas armadas, adoctrinados bajo la Doctrina de Seguridad Nacional impuesta por Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Tales antecedentes históricos y nada prejuiciados nos dan cuenta de la continuidad de la política imperialista aplicada por Washington sobre nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños. Por ello, trata de sacar de en medio al proceso revolucionario bolivariano activado en Venezuela por Hugo Chávez, fomentando su desestabilización por todos los medios disponibles, incluso por un golpe de Estado o el magnicidio, sin excluir la posibilidad de una intervención más directa, como lo dejan notar la Secretaria de Estado Condoleeza Rice y otros altos funcionarios de la administración Bush, habida cuenta de la influencia emancipatoria que este proceso tiene sobre el resto de los pueblos latinoamericanos y del Caribe, cuestión que representaría el declive de la dominación yanqui, como muchos lo anhelamos.

Nota: Las opiniones del Autor no tienen que coincidir necesariamente con las del Consejo Editorial del Sitio Cubaminrex


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La socialización del heroísmo 

Tomado de Juventud Rebelde
Por Carlo Frabetti 
17 de febrero de 2006

El pasado 10 de febrero tuve el honor de participar, en Madrid, en un homenaje a “los Cinco”, los patriotas cubanos ilegalmente detenidos y encarcelados por el Gobierno estadounidense. Doble honor, por el acto en sí y por la calidad de las personas con las que compartí la mesa: Gloria Berrocal, que actuó de moderadora (pero que no se moderó a sí misma, lo cual, en su caso, es de agradecer); el abogado Raúl Martínez, que hizo una certera exposición jurídica de la causa instruida contra “los Cinco” y evidenció de forma irrefutable su índole fraudulenta; el excelente pintor Paco Bernal, a quien el síndrome de Down no ha impedido alcanzar las más altas cotas de la expresión artística; y Rosa Bernal, hermana del anterior, cuya ponencia determinó mi subsiguiente intervención, así como las reflexiones recogidas en este artículo. (...)

Entre otras cosas dignas de mención, comentó Rosa que la primera vez que su hermano fue seleccionado para participar en un importante certamen artístico, su familia reaccionó con gran sorpresa y alborozo; pero que al ir consolidándose el éxito profesional de Paco, empezaron a considerarlo algo normal: no era ningún milagro, ninguna lotería, sino el resultado del tenaz esfuerzo de un artista de talento, que, aunque hubiera partido de una situación desventajosa, estaba cosechando los frutos de su perseverancia y su coraje.

Esta “normalización de lo extraordinario” de la que hablaba Rosa me llevó de vuelta al asunto que nos había reunido allí, el homenaje a los cinco héroes cubanos, y de pronto comprendí por qué la palabra “héroe” no suena igual en Cuba que en Europa. Para quienes estamos de lleno inmersos en la tradición grecolatina, el héroe es, por definición, un ser excepcional, incluso sobrehumano (no hay que olvidar que, originariamente, el término se reservaba a los hijos de dios y mujer, o de diosa y hombre). Si a este substrato mítico le añadimos el efecto corruptor de una cultura de la competencia y la depredación, es comprensible que al oír la palabra “héroe” pensemos en un musculoso guerrero ebrio de testosterona, como Aquiles o el Cid. Pero en una cultura de la solidaridad el paradigma del héroe no es —no puede ser— el conquistador, sino el defensor: no es el que invade otras tierras, sino el que defiende la suya, la de los suyos. Y este heroísmo de la resistencia, el único digno de emulación y elogio, es admirable, pero no “excepcional”, no allí donde la solidaridad revolucionaria prevalece sobre la competencia; si fuera una excepción, una inusitada acrobacia moral, no sería significativo ni relevante, como, por desgracia, no lo es en las desdichadas seudodemocracias occidentales. Entre nosotros, este heroísmo no acrobático, no excepcional, carece de dimensión social: solo se manifiesta en los pequeños reductos en los que la solidaridad logra sobrevivir, como la familia o los círculos de amigos (y entonces, aunque nos admire, no nos sorprende: a nadie le extraña que una madre se sacrifique o incluso arriesgue la vida por su hijo, y los ejemplos de abnegación entre familiares o allegados son relativamente frecuentes).

Esa es la clave y la trascendencia del heroísmo de “los Cinco”, que pudieron eludir la cárcel inculpando a su Gobierno y no lo hicieron. Y no lo hicieron porque su Gobierno es su pueblo y su pueblo es su familia. Y eso, en Cuba, es algo más que una hermosa frase, como hemos podido comprobar una y otra vez quienes tenemos el privilegio de frecuentar la Isla: la solidaridad no está en las consignas ni en los discursos, sino en la calle. Por eso miles, millones de cubanos habrían hecho lo mismo que “los Cinco”, igual que millones de madres se sacrificarían por sus hijos. Mejor dicho, millones de cubanos han hecho ya lo mismo que “los Cinco”, pues el bloqueo al que Estados Unidos somete a Cuba desde hace más de 40 años también es una cárcel, y durante el llamado “período especial” llegó a ser una celda de castigo, en la que el hambre y las privaciones se pudieron superar porque se afrontaron, más que colectivamente, fraternalmente. La fraternidad que nace con la Revolución, y la alimenta a la vez que se alimenta de ella, socializa el heroísmo, “heroíza” la sociedad. Antonio, Fernando, Gerardo, Ramón y René no solo son ejemplares en el sentido adjetival del término, sino también en el sustantivo: no solo nos ofrecen un ejemplo, sino que además son cinco magníficos “ejemplares” de una nueva raza de hombres y mujeres que solo puede desarrollarse en el seno del socialismo.

Nota: Las opiniones del Autor no tienen que coincidir necesariamente con las del Consejo Editorial del Sitio Cubaminrex


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BLAIR CONTRA VENEZUELA

La pérfida Albión se desmoraliza

Por: Lisandro Otero
14 de febrero de 2006

El Primer Ministro británico, el renegado Tony Blair que encabeza el Partido Laborista de derecha que se ha deshonrado con todas las apostasías y deserciones, exhortó a Venezuela  a integrarse dentro de las normas y convenciones internacionales para que sea respetada por la comunidad mundial. Es difícil de creer tal desvergüenza en un político que ha reducido su cargo al de un simple amanuense de la pandilla petrolera que usurpa el poder en la Casa Blanca, un Primer Ministro que ha invadido, bombardeado y reprimido a un pueblo en nombre de una mentira demostrada.

No es Venezuela la que está en Irak, ni son soldados venezolanos los que torturan a un pueblo inerme. Gran Bretaña ha mancillado una vez más su historia con su aventurerismo  bushista y se atreve ahora a tratar de dar lecciones de comportamiento ético. Es difícil de creer tanta impudicia.  Chávez respondió aconsejando a los ingleses que devuelvan las islas Malvinas a los argentinos. Una excelente réplica que recuerda las depredaciones británicas, su comportamiento pirático, sus vastos saqueos, sus asaltos a la soberanía ajena.

Después de ese intento de lección moralista aparecieron los videos de las tropas inglesas apaleando a muchachitos adolescentes en las calles de Bagdad. ¿No es más bien Gran Bretaña la que debe adaptarse a las normas y convenciones morales de la comunidad internacional? ¿No es el gobierno en Londres el que debe tratar de atraerse el respeto de las naciones que ha perdido en su sumisión lacayuna al criminal Bush?

Esos jóvenes salieron a la calle a protestar por su fe ofendida. Las caricaturas de Mahoma --que la prensa europea no cesa de publicar y republicar, como si quisiera afirmar su derecho a ofender, humillar y ultrajar los valores más apreciados de los pueblos cuya soberanía ha asaltado y ocupan ilegalmente--, motivaron esa desaprobación pacífica de unos niños inermes. En el video se advierte cómo un grupo de ellos es arrastrado detrás de una empalizada y golpeado de manera brutal por los soldados británicos, fracturando costillas, quebrando piernas y brazos, hundiéndole los riñones a garrotazos, escupiéndoles, vociferando insultos, pateándolos. ¿Es esa la civilizada Inglaterra que respeta las normas de la comunidad internacional? 

Esas fotos, esos filmes, han dado la vuelta al mundo alzando un coro generalizado de rechazo a tanta barbarie. Pero no debería extrañar a ninguno. Así ha procedido Gran Bretaña a lo largo de su historia. Del pirata Francis Drake a las colonias penales de Australia, de las depredaciones de la East India Company y las guerras de Mysore a las luchas contra los insurgentes de Michael Collins y el IRA en Irlanda, de las guerras del opio para someter a los chinos a la guerra de los boers para subyugar a Sudáfrica, la historia británica ha estado plagada de sangre, abusos, iniquidades, despotismo y explotación salvaje. La Pax Británica ha siempre sinónimo de absolutismo y avasallamiento.

¿Es el dirigente de ese país el que intenta dar lecciones a Venezuela? Esta es una nación que todos debemos respetar pues no ha cesado de irradiar luz y  dar  libertad a otros pueblos: Colombia, Ecuador, Bolivia.  Chávez es el heredero de esas tradiciones bolivarianas y no del abrumador legado de despotismo explotador que ha sido el comportamiento histórico del imperialismo británico. Tradición que Blair ahora perpetúa con su incursión, ordenada por Bush, contra Irak.

Blair ha sido el hombre que liquidó el viejo laborismo. El laborismo de nuevo estilo abolió las aproximaciones al socialismo radical, que nunca fueron extremistas, y se acercó más a la social democracia conservadora. Alguna vez, en el desarrollo  del brutal imperio británico, los políticos de Whitehall usaron a los cipayos y los gurkhas para que realizaran las tareas sucias en las tareas de represión y conquista. Ahora son los propios ingleses quienes se han convertido en los cipayos y gurkhas de los estadounidenses. Blair ha demostrado que está siendo más retrógrado que la propia Thatcher. Al menos está siguiendo al pie de la letra su legado ideológico. 

El entreguismo de Blair a  Bush y  a la camarilla de feroces panteras (Cheney, Rice, Rumsfeld) está ensombreciendo la autonomía de Gran Bretaña y disminuyendo su capacidad de maniobra en los asuntos internacionales. Blair ha sido calificado en las cancillerías occidentales como el primer embajador del gobierno de Washington. Y ese es un título ignominioso. Al atacar a Chávez,  Blair demuestra que se ha convertido en un fantoche sin rumbo propio, indigno del respeto de la comunidad internacional.

gotli2002@yahoo.com

Nota: Las opiniones del Autor no tienen que coincidir necesariamente con las del Consejo Editorial del Sitio Cubaminrex


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Los nuevos y provocadores pasos de Lech Walesa contra Cuba

Por: Percy Alvarado
06-02-2006

Lech Walesa, redomado anticomunista, ex presidente polaco y premio Nóbel de la Paz por obra y gracia de los resortes mediáticos financiados por Estados Unidos y sus acólitos, visita a Miami por tercera ocasiónpara recibir la medalla presidencial del Miami Dade College, así como para despotricar contra Cuba y su Revolución, tal como lo hace con asiduidad. Invitadopor el Instituto Cultural Polaco-Americano, participará también en un homenaje al sindicato Solidaridad, añejado fantasma de dudosas glorias en los años 80, a quien han desunido las propias ambiciones de sus integrantes y los frecuentes fracasos en la palestra política polaca. Solidaridad es hoy, como muchos lo reconocen, un mal ejemplopara los jóvenes polacos.

No podía faltar la oportunidad para que la mafia de Miami usara a Walesa paraatacar a la Revolución Cubana, para lo cual lo colaron como principal orador en el seminario ''Transición polaca y lecciones para Cuba'',a celebrarse en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami. Con el apoyo tácito de sus viejos consortes de la mafia anticubana, verdaderos organizadores de este seminario, Walesa escribirá otra sucia página de diatribas contra nuestra Patriadestinada, como las otras que ha realizado contra el pueblo cubano, a un bochornoso fracaso. No en balde, Lincoln Díaz-Balart se apresuró a congraciarse con la visita de Walesa a Miami y a declarar que el viejo oportunista polaco''es un símbolo de libertad y probado amigo del pueblo de Cuba y siempre será bienvenido a nuestra comunidad, como estoy seguro de que lo será en una Cuba libre ''.

El abultado periplo de Walesa, destinado a complacer las expectativas de sus tradicionales amos en la Casa Blanca, abarca cerca de veinte conferencias endiferentes universidades de Colorado, Virginia, Nebraska, Maryland, Indiana, California, la Florida yNuevo México. Sostendrá también encuentros con Nancy Reagan, esposa del expresidente Ronald Reagan, y con el actual gobernador de California, Arnold Schwarzenegger.

Como para actualizar su abultado pasaporte de favores a la mafia de Miami y a sus empleados dentro de Cuba, Walesa participó recientementeen unavideo-conferencia con estos mercenarios de la SINA, nada menos que desarrollada en la casa del ingerencista de turno, Michael Parmly. Allí se le vio aconsejar, desde el display de las computadoras, “paraque se preparen para una inevitable transición democrática en Cuba”. Con aires de experto en tenebrosas y oscuras confabulaciones, Walesa les orientó ser cuidadosos para no cometer errores en ese tránsito.

Engañado todavía como sus jefes de Washington, Walesa vive con la falsa idea de que en Cuba podrán revertir el proceso socialista que viven los cubanos. De nada valdrá la hora de “teque” [1] barato empleado por este sórdido anticomunista, ni el dinero desembolsado a manos llenas por sus patrocinadores norteamericanos. La sucia maniobra implementada en la casa de Parmly, a la que sólo asistieron unos pocos mercenarios y sí muchos funcionarios de la SINA y de otras embajadas que se prestan al juego anticubano, fue un completo fracaso.

Si este gastado instrumentos de la CIA, perdedor de la confianza de los polacos por su ultra conservadurismo a ultranza, tuviera un ápice de inteligencia, se dedicaría a vivir de sus pasadas y dudosas glorias, y dejaría tranquilos a los cubanos, dueños de su destino y dispuestos hasta la muerte a no cederlo ni cambiarlo. Aquí, como reza en viejo refrán, “ni con sacos de oro, podrá vencer la plaza el moro”.

Nota: Las opiniones del Autor no tienen que coincidir necesariamente con las del Consejo Editorial del Sitio Cubaminrex


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Ante el Congreso

BUSH, DE RODILLAS POR  SU INCAPACIDAD

Por: Lisandro Otero

El quinto informe presidencial de Bush estuvo marcado por la limitación de objetivos, las dimensiones modestas, la ausencia de los presuntuosos proyectos de discursos anteriores. Toda la bambolla retórica permaneció pero las promesas fueron insignificantes. Se comprende. Estados Unidos se encuentra en un año electoral y Bush cuenta con dos tercios de desaprobación en la opinión pública. Las violaciones a la constitución, los abusos de derechos humanos (como las extendidas torturas practicadas por la CIA), el déficit record en el comercio y en el presupuesto, la corrupción, el espionaje ilegal, las prisiones secretas, la debilitada seguridad social, las guerras y la inestabilidad mundial constituyen puntos vulnerables que permitirán, muy probablemente, a los demócratas reconquistar el Congreso en noviembre.

Al iniciarse su mandato Bush pretendió abrir nuevos yacimientos a la exploración petrolera, ahora confesó que Estados Unidos es un país “adicto al petróleo” y que es preciso liberarse de ese vicio. Para ello prometió un incremento en la producción de etanol y una inversión notable en las búsquedas de energía sustituta como la eólica, el hidrógeno y las baterías de litio. Veremos si esa promesa queda trunca como tantas otras. Ofreció que en dos décadas Estados Unidos debe liberarse en un 75% de la dependencia del combustible del Oriente Medio. Lo que no dijo es quién controlará esos nuevos medios energéticos.

No tuvo más remedio que reconocer el gran déficit en profesores y científicos de su país, que se está quedando atrás con respecto a gigantes en marcha como China y la India. En esas condiciones de precariedad ¿cómo le va a ser posible acometer las extensas búsquedas y experimentaciones necesarias para hallar sucedáneos a las actuales fuentes de energía? 

Durante el mandato de Bush muchos programas de seguridad social han sido suprimidos o reducidos. El costo de los tratamientos de salud es ahora mayor que nunca antes. Cuarenta millones de norteamericanos no tienen seguro médico y por tanto no disponen de acceso a hospitales ni a galenos, ni a medicamentos ni a procedimientos curativos por no poderlos pagar. Por ello el discurso de Bush estuvo dominado por la agenda doméstica, los problemas internos, que decidirán a muchos a la hora de votar. Fue un informe preparado con la intención de reconquistar el apoyo de las clases medias que están desertando del apoyo al clan petrolero de la Casa Blanca. Fue un discurso concentrado en los problemas de economía, salud y energía que están en la preocupación de todos los ciudadanos.

Una de las causas de esa desbandada es la guerra en Irak de la cual el pueblo norteamericano parece haberse percatado que no tendrá fin y que la voluntad de resistencia del pueblo iraquí crece en lugar de disminuir. Es una guerra sin salida para Bush pero éste no desea reconocerlo y se obstina en un discurso triunfalista que todos saben falso. Irak se ha convertido, como muchos pronosticamos, en un nuevo Vietnam.

Otra causa del desprestigio creciente de Bush fue la pobre respuesta federal a las víctimas del huracán Katrina y las débiles medidas preventivas. El mundo descubrió con estupor cuán extendida estaba la pobreza en Estados Unidos, cuantos negros estaban viviendo en miserables casuchas, cuán pobre, desorganizada, insuficiente era la ayuda a los damnificados. Todos los presupuestos de socorro a los desvalidos han sido desguarnecidos de fondos para comprar balas y cañones con el fin de intentar el avasallamiento del pueblo iraquí. La venda se va cayendo de los ojos del pueblo estadounidense.

Bush reconoció de manera implícita la tendencia hacia la izquierda en América Latina, al no mencionar al continente sur. Ni siquiera Cuba, centro de sus furias y exasperaciones, ocupó una línea. ¿Confesión tácita de su derrota ante la obstinada solidez de la isla? De México, donde se ha desatado una feroz guerra de narcotraficantes y una caótica ingobernabilidad, donde se eleva en la frontera un muro, similar al de Berlín, tampoco dijo nada. ¿Es que ignora el serio problema migratorio y de seguridad pública existente en su frontera sur? 

Eso sí, reiteró su intromisión en los asuntos internos de Irán al pretender negarle el derecho de construir un poderío atómico con fines pacíficos. Esgrimió el conocido embuste de las armas nucleares –el mismo usado contra Irak--, para justificar un ingerencismo peligroso.

Ante el cerco de los legisladores demócratas, e incluso de su propio partido republicano, Bush alzó la bandera blanca de la conciliación y la derrota. Pidió que las diferencias políticas no fueran conducidas con irritación y frenesí, pidió que lo dejaran respirar, casi suplicó una tregua que ninguno parece querer concederle antes de las elecciones. 

Fue un discurso sin la retórica de esplendor de los anteriores informes presidenciales, más ajustado a una realidad que se le escapa de las manos, menos convincente que nunca, más huidizo. Un Bush de rodillas frente a su incapacidad.

gotli2002@yahoo.com

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Occidente vs. Islam

MAHOMA Y LA LIBERTAD DE PRENSA

La Habana, 6 de febrero de 2006
Por: Lisandro Otero

La publicación de unas caricaturas ofensivas en un diario danés, luego reproducidas en muchos otros periódicos europeos, ha dado lugar a una extendida confrontación que ha suscitado manifestaciones, protestas, apedreamiento de consulados, incendio de embajadas y una vasta ola de rencor en el mundo árabe contra Occidente.

La caricatura muestra a Mahoma con un turbante en forma de bomba. Imaginemos casos similares, un rabino portador de una bazuca con la cual extermina palestinos, o una imagen de Jesucristo piloteando un avión F-86 desde el cual ametralla iraquíes.  Ello daría lugar a un vasto clamor de los órganos occidentales acusando de antisemitismo o de blasfemia anticristiana  a los autores.

Lo que trata de demostrar la presa europea es que el Islam es una religión violenta y ello es una afirmación torpe y majadera porque ignora los infinitos matices dentro del Islam y las fisuras sociales que  fraccionan y otorgan una coloración múltiple a esa civilización. No son las religiones las que combaten sino los Estados que responden a sus organizaciones políticas. El rencor contra el Islam se origina por su resistencia a no dejarse dominar por la ocupación extranjera, por su inconformidad con la explotación intensiva de sus recursos petroleros.  

Para colmo de necedades ahora la prensa europea, e incluso la estadounidense, ha comenzado a reproducir las caricaturas masivamente como una manera de reafirmar la libertad de prensa, que, alegan, ven amenazada. La realidad es otra. Europa y Estados Unidos se han empeñado en una guerra contra Irak y necesitan convencer a sus ciudadanos que esa guerra es justa, que ha sido emprendida contra sujetos agresivos, coléricos y crueles. Esto se ha hecho en todas las guerras. Durante la Segunda Guerra Mundial alemanes y japoneses aparecían en caricaturas, en la cinematografía, en la prensa, en la radiodifusión,  como horribles engendros del odio y la maldad. Se creaba así  una imagen negativa que predominaba  sobre cualquier raciocinio. Es lo que se está haciendo ahora: hay que montar una cadena de reflejos condicionados que permitan una retaguardia de opinión favorable a la guerra.

Todos saben que la libertad de prensa no existe.  Las grandes corporaciones propietarias de los medios de comunicación los sitúan al servicio de sus intereses y condicionan la emisión de noticias a las necesidades de las tesis que deseen imponer. Esto fue bien visible al iniciarse la guerra en Irak cuando medios reputados como “neutrales” y “serios” como el New York Times y la CNN dieron versiones tan distorsionadas, tan intrigantes e impostoras que comprometieron su reputación y mermaron su capacidad de influir en la opinión. 

La guerra en Irak vino a demostrar a los que aún dudaban que la cacareada libertad de prensa es un mito inexistente. Los periódicos estadounidenses, unidos a sus estaciones de radio y de televisión, se  dedicaron a defender la verdad oficial del gobierno de Bush sin deslizar ni un átomo de hesitación en sus presentaciones. En el lenguaje de los locutores se hablaba constantemente de cómo las tropas habían ido a Irak a restablecer la democracia, a luchar por la libertad del pueblo iraquí, a aplastar para siempre el terrorismo. En ninguna emisión se comentaba sobre  las ambiciones de los grandes consorcios petroleros, ni se mencionaban las evidentes vinculaciones financieras de Bush, Cheney y Condoleezza con los carteles del hidrocarburo: Chevron, Texaco, Mobiloil, Shell. No se fue a las entrañas del fenómeno que el mundo está sufriendo: la voracidad imperialista de los grandes monopolios del capitalismo desarrollado.

El pueblo estadounidense se traga estas monsergas y sale con sus banderitas a la calle, inflamados de patriotismo, creyendo realmente que combaten por el rescate de un pueblo encadenado sin percatarse que están siendo usados como autómatas para satisfacer el apetito de ganancias de las empresas petroleras y de los despiadados peones que las sirven desde las esferas de gobierno.

Cada día el capital monopólico se concentra más y las pequeñas  empresas pasan a manos de las grandes corporaciones que son las dictadoras de la opinión. Los nuevos amos de la prensa son inmensos “holdings” insertados en lo que se llama la industria de la comunicación y están ligados a periódicos, revistas, cadenas de radio y televisión. La libertad de expresión de la prensa es, en realidad, la libertad del gran capital financiero de moldear la opinión pública de acuerdo con sus intereses.

El futuro de la economía de mercado nos depara, en los medios de comunicación masiva, una gran tecnocracia totalitaria unida electrónicamente a un cerebro común en una computadora central que dará las pautas de comportamiento ante cada contingencia.  La “libertad de información” ha desaparecido ante un pacto colectivo de aceptar una “verdad” única. El albedrío cognoscitivo se eclipsa ante la robotización de la encuesta y el sometimiento del criterio. 

No puede esgrimirse la inexistente “libertad de prensa” como una excusa para fomentar el odio religioso, la xenofobia y la intolerancia como parte de una guerra psicológica para aplastar la justificada rebeldía nacionalista de los pueblos árabes.  

gotli2002@yahoo.com

Nota: Las opiniones del Autor no tienen que coincidir necesariamente con las del Consejo Editorial del Sitio Cubaminrex


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