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Patrimonio

Símbolos que hablan de amistad y de historia

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El simbolismo del acto al cual se refiere este documento tiene su significado. Para hallarlo sólo hay que hurgar en la historia de dos naciones México y Cuba; constituye una expresión de hermandad de sus pueblos y la comunión de ideas y propósitos de dos grandes próceres de nuestra historia americana: José Martí y Benito Juárez.

Benito Juárez quien naciera en San Pablo Guelatao, Oaxaca, México en 1806. De extracción indígena, durante sus primeros años habló solamente zapoteco, un indio pobre, que a fuerza de voluntad e inteligencia había llegado a ser gobernador del
Estado de Oaxaca y diputado. Fue regidor del Ayuntamiento de Oaxaca en 1831 y diputado local en 1833. Durante algún tiempo ejerció su profesión defendiendo a las comunidades indígenas, hecho este que definiera su concepto sobre la justicia social que necesitaba su país. En 1847 fue elegido gobernador de su estado natal.

Al volver Santa Anna al poder en 1853 fue desterrado. Marchó a Nueva Orleáns, dónde, sin descuidar su actividad política, desempeñó diversos oficios para ganarse la vida.

En esta ciudad conoce al cubano Antonio Santacilia Palacio. Santacilia nació en Santiago de Cuba el 24 de junio de 1826. Su niñez y juventud transcurrieron entre Cuba y el exilio en Jamaica junto a su familia y de nuevo Cuba. En 1852 luego de haber estado en prisión en el Castillo del Príncipe por sus ideas independentistas, es deportado, marchando a Nueva Orleáns dónde se produce el encuentro con Juárez.

De su amistad nació un fuerte vínculo filial. Es tal el grado de afinidad entre ambos hombres que hay una carta fechada enero de 1865 de Benito Juárez a su amigo encabezada por la frase: “Mi querido hijo Santa"...

Santacilia, no abandona sus sueños e ideales independentistas para su Isla
caribeña. Colabora con el nuevo amigo, en la guerra de los tres años contra los conservadores, y contra el emperador Maximiliano. Al ser derrotado Maximilano, Santacilia vuelve a México junto a su entrañable amigo Juárez, ya presidente de México para convertirse en su secretario. Tres años después, en mayo de 1868, Santacilia contrae matrimonio con Manuela Juárez Maza, hija del prócer mexicano. Vuelve a Nueva York, en labor diplomática al servicio de la República Constitucional de México, en su lucha por expulsar al invasor extranjero.

Preocupado por los destinos de su tierra natal, Santacilia logra que el 3 abril de 1869 se haga un decreto presidencial, por el cual se permitía que los barcos con bandera cubana pudieran fondear en los puertos mexicanos. Después el Congreso de ese país, del cual era miembro, apoyó el mencionado decreto, convirtiéndose ese gobierno el primero en reconocer la beligerancia cubana iniciada el 10 de octubre de 1868.

En una ceremonia oficial, luego de un encendido discurso de Juárez, Santacilia propuso un brindis: "Por la independencia de los pueblos americanos que están sujetos todavía a la dominación europea. ¡Porque desaparezca de Cuba el pendón de Castilla!". (Cubaminrex-Dirección de Gestión Documental)

 

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