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Alejo Carpentier: su labor en la cultura y la diplomacia revolucionaria.

“A la Revolución, su Revolución, Alejo le sirvió como el más humilde de los soldados: un soldado de la guerra del tiempo, el tiempo en que volvieron a arder en él las voces, que lo convocaban a la lucha, de Mella y Martínez Villena; el tiempo en que nuestra América entró en su segunda independencia”

Roberto Fernández Retamar

"Hombre de mi tiempo soy, y mi tiempo trascendente es el de la Revolución Cubana... Escritor comprometido soy y como tal actúo... trataré de realizar las tareas que aún me quedan por cumplir en el Reino de este mundo"

Alejo Carpentier

Alejo Carpentier Velmont nació en la Habana  el 26 de diciembre de 1904, fruto de la unión del arquitecto francés George Julien Carpentier y la profesora rusa de idiomas Catherine Velmont. Su propio origen filogenético expresa ya una simbiosis cultural que antecedería su condición de escritor e intelectual universal. La niñez y juventud de Carpentier transcurrieron fundamentalmente en Cuba –aunque también residió en Francia durante su etapa de estudiante en el liceo “Jeanson de Saily” de París- donde adquiere los rudimentos esenciales de la literatura y se educa en permanente contacto con la cultura insular y su raigambre africana. En esta etapa manifiesta ya su vocación de dilettante, al cursar estudios de teoría musical en el “Instituto de Segunda Enseñanza de la Habana”, posteriormente matricula en la escuela de Arquitectura, disciplina que no concluye, aunque mantiene su interés por la pintura y otras artes.
A partir de su formación en el contexto de las contradicciones de la Cuba neocolonial, se perfila en su personalidad la asunción de una posición política que a la postre determinaría un hondo compromiso con la justicia y significativamente con la Revolución Cubana. Participa en la “Protesta de los Trece” y se integra al “Grupo Minorista”, pequeña asociación de intelectuales abocados a la defensa de los valores de la identidad nacional, en el campo de la cultura y desde una óptica antiimperialista, sin excluir la problemática de los estratos sociales oprimidos. Por el hecho de aparecer como signatario del “Manifiesto Minorista” y otras actividades políticas, fue acusado de comunista y recluido en prisión, lo que motiva su salida  a Francia.
En Cuba había ya iniciado una labor periodística consecuente con sus ideales morales y políticos, profesión que continuaría desempeñando apasionadamente en Francia y a lo largo de toda su vida; trabaja en una de las estaciones radiales más importantes de Paris, escribe libretos para ballet y consagra su tiempo al estudio del continente americano. Su primera novela, “!Ecué – Yamba –Ó!”, aparece publicada en España en 1933, con la cual inaugura una prolífica y valiosa trayectoria literaria. Los tópicos de sus obras están muy asociados a la historia de América, a partir de un proceso creativo cimentado en profundos conocimientos científicos sobre las realidades de este continente, a la vez que recibe la influencia de las corrientes literarias en boga en Europa, sobre todo el surrealismo y la estética barroca, estos elementos cuajan en una cosmovisión renovadora sobre lo americano, que se identificaría como “lo real maravilloso” y por la que alcanzó un merecido prestigio en las letras hispanas.
En 1939 regresó a Cuba, a partir de esta fecha se inicia un periodo en que viaja a Haití, reside en México y desde 1945 en Venezuela, lo que contribuye a consolidar su vocación americanista e inspira algunas de sus obras más trascendentes, tales como “El reino de este mundo” y “Los pasos perdidos”. En “Guerra del Tiempo”, publicado en México en 1958, aparece la pieza narrativa “El Acoso” que refleja la corrupción y las convulsiones sociales que sacudían la Isla en la etapa posterior al derrocamiento de Gerardo Machado, bajo las secuelas de la represión política y la frustración del ímpetu revolucionario de 1930. Retorna nuevamente a Cuba en 1959 para ponerse al servicio de la Revolución triunfante, a la cual profesaría sempiterna lealtad.
En el seno de la Revolución desempeña diversas funciones relacionadas con la cultura, colabora en publicaciones literarias y se encarga de la administración de la “Editorial de Libros Populares de Cuba y el Caribe”; en 1960 es nombrado Subdirector de Cultura del Gobierno Revolucionario. Ofrece conferencias y cursos sobre temas de literatura hispanoamericana en la Universidad de la Habana, así como en instituciones y universidades de América Latina, Estados Unidos y Europa, en 1975 la Universidad de la Habana le otorga el título de “Doctor Honoris Causa en Lengua y Literatura Hispánica”. La valía de su obra literaria lo hizo merecedor de diversos galardones internacionales, entre los que descuellan el Premio Mundial “Cino del Duca” en 1975 y el “Miguel de Cervantes y Saavedra” en 1978; el escritor donó las retribuciones monetarias de ambos al Partido Comunista de Cuba.
Como parte de sus funciones diplomáticas, suscribió convenios para el intercambio cultural y científico con Bulgaria, Rumania y Hungría. En 1966 fue designado para ocupar el cargo de Ministro - Consejero del Servicio Exterior de la República de Cuba en la Embajada de París, desde el cual contribuyó a desarrollar las relaciones bilaterales sobre amplias bases culturales, sorteando divergencias políticas. Los documentos que datan de su labor como diplomático revolucionario, reflejan también sus valores humanos y la actitud amable y cordial que mantuvo en sus relaciones laborales e interpersonales, las cuales no sufrieron mella por el hecho de alcanzar altas cimas en la literatura nacional y ecuménica. Regresó a Cuba al cesar sus funciones en la Embajada de Francia, y continuó prestando servicios a la Revolución;  en 1976 es electo Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por el municipio de Habana Vieja.  Falleció repentinamente en París el 24 de abril de 1980.
La amplitud del entramado de su cultura y el hecho de haber residido también en otras latitudes, le permitieron calibrar acertadamente la obra profundamente humanista y renovadora que ha significado la Revolución Cubana. En este sentido, su labor revolucionaria y diplomática no se circunscriben a la representación del Estado Cubano en los escenarios internacionales en que tomó parte, sino que a través de toda su obra gestada después de 1959, traducida como la anterior a disímiles idiomas y publicada en numerosas regiones del orbe, ofrece un auténtico homenaje al pueblo cubano inmerso en la forja de una sociedad de nuevo tipo, a contrapelo de los Estados Unidos, su enemigo histórico.
Una de sus obras cumbres, “La consagración de la primavera”, concluye precisamente con el triunfo sobre las tropas mercenarias enviadas por el Gobierno de los Estados Unidos a Playa Girón. A partir de 1959, su vida y obra se erigieron en tribuna permanente de defensa de los principios de la Revolución, de la cual fue testigo comprometido y nuncio fiel a través de la literatura y en sus labores diplomáticas.

 

 

Pie de ilustración 1: Resolución No. 271 - A, mediante la cual se designa a Alejo Carpentier, para ocupar el cargo de Consejero del Servicio Exterior de la República, con rango de Ministro, en la Embajada de Cuba en París, República de Francia; dada en La Habana, el 1ro de octubre de 1966.

Pie de ilustración 3: Original de la carta manuscrita enviada al Compañero René Anillo, Viceministro Primero del Minrex, fechada en París, el 25 de abril de 1974.

Fuente: Fondos Documentales del Archivo Central, Dirección de Gestión Documental, Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba. 

 


Tomado de: Opiniones sobre Alejo Carpentier. Sitio web Cubaliteraria. Disponible en: http://www.cubaliteraria.com/autor/alejo_carpentier/valora.htm

Tomado de: Instituto de Literatura y Lingüística “José Antonio Portuondo”. Historia de la Literatura Cubana, La Revolución, tomo III. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2008. p.195.

 

(Cubaminrex-Dirección de Gestión Documental)

 

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