Ernesto Che Guevara, la boina seria y el tabaco risueño
Ernesto Che Guevara se consagró desde muy joven a la causa de los desposeídos en Latinoamérica y el mundo, hombre de patria ecuménica, luchador incansable por los derechos de los pueblos oprimidos, firme en sus convicciones revolucionarias y el más internacionalista de la pléyade de combatientes por la libertad y la justicia; sus principios lo decidieron a renunciar a su cargo de Ministro de Industrias y marchar a otras tierras con el ánimo de apoyar las luchas de liberación nacional y por la justicia social allí donde fuera necesario.
Los vínculos del Che con la Revolución Cubana datan de sus contactos con integrantes del Movimiento 26 de Julio y en especial con Fidel Castro, durante el exilio del líder en México, la empatía revolucionaria de estas grandes figuras fue creciendo a través de las vicisitudes de la expedición del Granma y las duras jornadas en la Sierra Maestra.
El Che demostró su entereza revolucionaria, frente al enemigo y en la cotidianeidad del campamento, luchando contra la pertinacia de su asma y, en su condición de médico, contra el dolor ajeno, además de llevar a la práctica su alto sentido de la solidaridad y el principio socialista de anteponer las necesidades del colectivo a las propias, de lo cual se han preservado numerosos testimonios.
Al triunfar la Revolución, ocupó la jefatura de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña y desempeñó sucesivas responsabilidades en el Gobierno, como Director del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), Presidente del Banco Nacional de Cuba y Ministro de Industrias.
Ernesto Guevara representó a Cuba en diversos foros internacionales y para la concreción de acuerdos económicos y comerciales de envergadura, su voz vibró en las asambleas generales de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para denunciar las primeras medidas económicas coercitivas instituidas por los Estados Unidos como parte del bloqueo y expresar la necesidad de detener “el brazo armado del imperialismo”.
Declaró en una ocasión que hablaba “a nombre de la primera parte libre de América Latina”, pero siempre albergó el propósito de continuar luchando por que toda ella fuera tierra soberana y reino de justicia, por lo que podría considerársele un diplomático sui géneris, representante en primera instancia de los humildes y los oprimidos de todo el orbe. En la conocida carta de despedida que le enviara a Fidel Castro antes de partir a cumplir la misión que se trazara, manifestó: “he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando”[1], para despejar maliciosas elucubraciones.
El 8 de octubre de 1967, Guevara fue vilmente asesinado en los campos de Higueras, Bolivia, donde apoyaba la lucha guerrillera por la liberación de ese terruño, dispuesto a entregar la vida por la causa revolucionaria. Su desaparición física suscitó un profundo dolor en quienes tuvieron el privilegio de conocerlo o compartir sus sueños. Su imagen se convirtió en símbolo de la Revolución Cubana, de los proyectos latinoamericanos de independencia y de las aspiraciones de emancipación de todos los pueblos del mundo aun bajo la férula imperial.
En Cuba el infausto acontecimiento tuvo también líricas resonancias, en los versos de poetas de la generación origenista y de los primeros años de Revolución, entre ellos Eliseo Diego, quien usó el calificativo de “la boina seria y el tabaco sueño” -metáfora quizás de la serenidad de pensamiento y prístina alegría del Che- escribió el entrañable poema titulado “Donde nunca jamás se lo imaginan”:
“Entonces ya es seguro que estás muerto.
No volveremos otra vez a verte
jugar con el aliento de los hartos
al escribir como al desgano: che,
sobre el dinero.
Entre leyendas
viniste brevemente a nuestro día
para después marcharte entre leyendas.
Cruzabas en la sombra, rápido
filo sediento de relámpago,
y el miedo iba a tronar donde no estabas.
Luego, es verdad, la boina seria
y el tabaco risueño, nos creímos
-y tú sabrás, si cabe, perdonarlo-
que te quedabas ya para semilla
de cosas y de años.
Hoy nos dicen
que estás muerto de veras, que te tienen
por fin donde querían.
Se equivocan
mas que nosotros figurándose
que eres un torso de absoluto mármol
quieto en la historia, donde todos
puedan hallarte.
Cuando tú
no fuiste nunca sino el fuego,
sino la luz, el aire,
sino la libertad americana
soplando donde quiere, donde nunca
jamás se lo imaginan, Che Guevara.”[2]

Pie de ilustración: Fotografía de Ernesto Che Guevara tomada en la década del 60, perteneciente al reservorio digital de la Dirección de Gestión Documental, sin fecha.
Fuente: Fondos Documentales del Archivo Central, Dirección de Gestión Documental, Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba.
[1]Carta de despedida del Che a Fidel. La Habana: Edición digital de Granma Internacional, 1997. Disponible en: http://www.granma.cu/che/carta.html
2Diego, Eliseo. Los días de tu vida. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1993.
(Cubaminrex- Dirección de Gestión Documental)
[2] Diego, Eliseo. Los días de tu vida. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1993.