Fidel Castro y Raúl Roa, la dignidad en la Revolución cubana
“Roa supo interpretar en forma cabal la línea y las posiciones de Fidel”
Armando Hart Dávalos
“Fidelista de pura cepa, Roa estuvo siempre, como nuestro invicto Comandante, en la primera fila, en la avanzada más riesgosa, donde lo reclamaba el deber”
Ricardo Alarcón de Quesada
Se ha reiterado que Raúl Roa García fue fiel ejecutor de la política exterior trazada por Fidel Castro e intérprete idóneo de sus concepciones revolucionarias; esta realidad no encarna sin embargo un actitud mimética sino la evolución paralela de dos líneas de pensamiento que aunaron sus esencias a partir del triunfo de la Revolución Cubana el 1ro de enero de 1959.
La empatía y el común sustrato ideológico existente entre ambos líderes se fue gestando en la propia etapa de luchas emancipadoras, el legado de la rebeldía estudiantil y la frustración revolucionaria en torno a 1930 estaba presente en el obrar de Fidel Castro y los asaltantes al Moncada, pues la denominada Generación del Centenario reivindicaba no solo el ideario del Apóstol sino toda la tradición de lucha contra la hegemonía norteamericana y la corrupción política imperante en la Isla, con un programa que imbricaba los más caros anhelos de liberación nacional y justicia social desde el pueblo y para el pueblo.
Roa había estado profundamente inmerso en las luchas del estudiantado y los intelectuales cubanos de la época de Julio Antonio Mella, Rafael Trejo, Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente Brau, y toda la pléyade de héroes y mártires que se opusieron al régimen dictatorial instaurado por Gerardo Machado, con una vocación antiimperialista que amenazaba ya los cimientos del sistema político instaurado en la Isla tras el cese de la dominación española. Fue fundador del Directorio Estudiantil Universitario en 1930, se incorporó poco después al Ala Izquierda Estudiantil y militó activamente en la Organización Revolucionaria Cubana Antiimperialista (ORCA), mientras estuvo exiliado en Nueva York, a causa de su participación en la huelga de 1935 contra la emergente férula de Batista.
Aunque, según sus propias palabras, la Revolución del 30 se había ido “a bolina”, no por ello claudicó de los proyectos y utopías transformadoras que movieron a aquella generación. A partir de 1948 fungió como Director de Cultura del Ministerio de Educación, puesto desde el cual contribuyó a propalar en el país la cultura vernácula y también ecuménica, en función de preservar la identidad nacional frente a la penetración norteamericana. Las circunstancias de la asonada militar y el subsecuente gobierno de facto instaurado por Fulgencio Batista lo conminaron a exiliarse en México; regresó a Cuba en 1955 y sufrió presidio en varias ocasiones por su apoyo a la lucha nacional liberadora.
Cuando se produce el triunfo de la Revolución, se incorpora a la diplomacia revolucionaria al ser designado Embajador de Cuba ante la Organización de Estados Americanos (OEA), y en junio es designado Ministro de Estado. Su labor diplomática y su condición de artífice, junto a Fidel, de una transformación raigal de la política exterior del país, son harto conocidas en la historia de la Revolución en el poder.
En este sentido constituyen episodios insoslayables los de la VII Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, en San José, capital de la República de Costa Rica, en que un proyecto de Cuba en contra de la injerencia y las agresiones armadas en el continente no fue aprobado por el “Ministerio de colonias yanquis” y Roa decretó la retirada honrosa de la delegación cubana, acto que le valió el calificativo de “Canciller de la dignidad” otorgado por un periodista costarricense y ratificado por ese pueblo y por toda Cuba, avalado además por la conducta que mantuvo a lo largo de toda su trayectoria como ministro y desde 1976, como vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, hasta su muerte en 1982.
Memorables resultan sus alocuciones en la Comisión Política y de Seguridad de las Naciones Unidas en abril de 1961, en defensa de la soberanía nacional atacada por los mercenarios de Playa Girón -con el auspicio del gobierno norteamericano- en cuyas arenas David venció a Goliat, victoria que tuvo el orgullo de proclamar oficialmente ante el mundo el 20 de abril.
“Descubrí que era revolucionario el día que me sentí disconforme con el mundo restante y anhelé uno más justo y bello” , afirmaba Roa, todo su talento y su temperamento vibrátil lo puso al servicio del proceso revolucionario a que dio paso la alborada del 1ro de enero de 1959, donde lo imposible retrocedió ante la impetuosa convicción de todo un pueblo en la viabilidad de un mundo mejor, tomando como punto de partida un hombre nuevo y una sociedad de nuevo tipo; que enrumbaría por el sendero sempiterno del Socialismo.
Raúl Roa había entablado con el Comandante en Jefe una inmediata comunicación que se consolidó a medida que avanzaba el proceso revolucionario, admiró sin cortapisas el genio avizor del líder, “Fidel oye la hierba crecer y ve lo que está pasando al doblar de la esquina” , llegó a aseverar. Sin embargo, más que interpretar el pensamiento de Fidel con respecto a los principios que debían regir la diplomacia revolucionaria, había llegado por sus propios caminos intelectuales a ponderar el valor de la doctrina marxista y comprender que el Socialismo era la única alternativa para llevar a vías de hecho los grandes sueños colectivos y aspiraciones medulares de los pueblos.
Este manuscrito enviado por Raúl Roa a Fidel Castro, data del proceso previo al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Venezuela. Desde el 1ro de enero de 1959, los Estados Unidos se trazaron el propósito de destruir a la Revolución Cubana y en el frente exterior desplegaron una estrategia encaminada a aislar al país del continente, esta fue implementada a través de la OEA y supuso finalmente la suspensión de Cuba del Organismo regional en 1962; implicó asimismo maniobras diplomáticas coactivas en las relaciones bilaterales con los gobiernos latinoamericanos, con el propósito de que estos rompieran sus nexos diplomáticos con la Isla. En esta coyuntura, Venezuela determina cesar las relaciones diplomáticas con Cuba el 11 de noviembre de 1961.
La década del 70 se caracterizó por cierta distensión en el panorama internacional, a partir del incremento de los contactos entre las grandes potencias, fundamentalmente los Estados Unidos y la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), que constituían los dos polos del conflicto de la Guerra Fría. Esta nueva situación marcó el interés de muchos países latinoamericanos en restituir los vínculos diplomáticos con la Isla; al no ser posible en bloque y a través de los mecanismos de la OEA, los gobiernos lo harían de modo independiente al margen de las resoluciones adoptadas al respecto en el seno del Organismo.
Entre 1972 y 1974 Perú, Barbados, Guyana, Jamaica, Trinidad y Tobago, Argentina, Panamá y por último Venezuela, el 29 de diciembre de 1974, deciden restablecer los vínculos diplomáticos con Cuba, tras más de una década de intermisión. Las gestiones diplomáticas de Roa y las certeras orientaciones de Fidel, tomaron parte activa en esta etapa del proceso, que continuaría con la normalización paulatina de las relaciones de Cuba con los países del área de América Latina, y alcanzaría a la totalidad de estos en el año 2009, al restablecerse los vínculos diplomáticos con Costa Rica y El Salvador. En particular las relaciones diplomáticas con Venezuela se profundizaron y extendieron a diversas esferas, sobre la base de posiciones políticas muy afines, a raíz de la toma de posesión del mandatario Hugo Chávez en 1999.
1. Palabras pronunciadas por Armando Hart Dávalos en la despedida de duelo que se le tributó a Raúl Roa García, tras su fallecimiento el 6 de julio de 1982. Tomado de: http://www.siporcuba.cl/RAUL_ROA.htm
2. Palabras pronunciadas por Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en velada solemne por el centenario del natalicio de Raúl Roa García, Aula Magna de la Universidad de la Habana, 18 de abril del 2007. Tomado de: http://www.casadelasamericas.com/publicaciones/revistacasa/247/roa.pdf
Pie de ilustración: Nota manuscrita enviada por Raúl Roa a Fidel Castro, de fecha 20 de diciembre de 1974 (la fecha fue tomada de la versión impresa del documento), adjunta a declaraciones del Canciller de Venezuela, alusivas al propósito de reestablecer relaciones diplomáticas, consulares y comerciales con Cuba.
Fuente: Fondos Documentales del Archivo Central, Dirección de Gestión Documental, Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba.
(Cubaminrex-Dirección de Gestión Documental)