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Cartas
de Olga Salanueva y Adriana Pérez, a los amigos solidarios
del mundo
Ivette, nuestra hijita, responde al teléfono con una frase:
“Casa de la familia González Salanueva, dígame.”
Sabe bién que somos una familia, su papito, su mami, su hermanita
Irmita y ella.
Lo dificil de explicar es el porque falta Papi desde hace tanto
tiempo, por que no puede recordarlo en casa o en cualquier otro
lugar dándole un beso, abrazándolo o jugando.
Jamás ha visto una foto donde estemos juntos. No existen
estos recuerdos porque se le han negado vivirlos. La niña
tiene cinco años de edad, el mismo tiempo que lleva René
preso. Ivette tenía solo cuatro meses y medio aquel funesto
12 de septiembre de 1998 cuando comenzó nuestra tragedia.
Hemos sido víctimas del odio que siente el gobierno de EEUU
contra los 5 héroes cubanos, luchadores contra el terrorismo.
En los 17 meses de confinamiento solitario al que fueron sometidos
Fernando, Antonio, Gerardo, Ramón y René, a mi esposo
sólo le permitieron ver a sus hijas en dos ocasiones. La
primera vez fue especialmente cruel al sernos presentado René
esposado a la silla impidiendo así todo tipo de contacto
físico. Para poder ver a sus hijas, sólo nos quedó
la opción de acordar a una hora determinada, llevarlas a
las proximidades de la carcel desde donde él podía
observarnos a través de una pequeño ventana. Desde
el piso 12 sólo podía distinguir los movimientos de
una motica de pelo negro que aprendía a caminar. Esa era
Ivette.
En Julio del 2000 la fiscalía de Miami le propuso a René
un trato para declararse culpable y le recordó que su familia
estaba a merced de ellos.
Ante la negativa digna de mi esposo, cae nuevamente todo el odio
y la venganza sobre nuestra familia.
Fuí llevada a la carcel durante tres meses y luego deportada
a Cuba sin poder despedirme de René y viajar con mi pequeña
Ivette. Hoy estamos nosotras en Cuba, separadas de René que
continua en la carcel de Carolina del Sur.
He pedido visa para visitar a René en tres ocasiones y las
tres veces me ha sido denegada por las autoridades del gobierno
de Estados Unidos. De esta manera también le han impedido
a mi equeña Ivette el contacto con su padre.
Todo este tiempo me he preguntado: Si toda persona en prisión
tiene el derecho de ser visitado por sus familiares, si debe ser
tratado con respeto a sus derechos humanos y dignidad, “porque
no podemos reunirnos aunque sea en estas crueles condiciones?
¿Por que se nos niega mirar sus ojos color de la esperanza
que tanto necesitamos? ¿Por que se impide que una pareja
se tome de la mano en señal de apoyo, amor y entrega? ¿Por
que negarle a una niña el sagrado beso de su padre?
Nunca nos cansaremos de exigir nuestro derecho con la fuerza de
la verdad, el amor y la esperanza.
Damos gracias todos los días a todos los hombres y mujeres
que con su nobleza y dignidad nos ofrecen su ternura, apoyo y solidaridad
en estos momentos de tristeza familiar en medio de nuestra lucha
por la libertad de los cinco héroes cubanos, luchadores contra
el terrorismo, injustamente encarcelados en Estados Unidos.
Olga Salanueva, esposa de René González
A todos los amigos solidarios:
Vivir
con la angustia e incertidumbre diaria de qué nos deparara
el futuro es la cadena perpetua que comparto con Gerardo.
No fui sancionada en una corte federal como él, ni siquiera
estuve cerca, sin embargo, recibimos el castigo más cruel:la
tortura sicológica y el aislamiento definitivo.
El gobierno de Estados Unidos ha impedido que Gerardo pueda recibir
mi visita como esposa; derecho que como preso sentenciado a dos
cadenas perpetuas le ha sido violado, prohibiendo el encuentro de
dos personas que se aman, aún bajo las restricciones que
establece el buró de prisiones.
La negación de visa de forma reiterada nos obliga a un distanciamiento
mayor, a sufrir las constantes violaciones de los derechos humanos
y de leyes internacionales, aumentando así la ansiedad y
el perpetuo castigo de no vernos.
Al cumplir próximamente 15 años de matrimonio, me
pregunto: ¿Cuándo podremos mirarnos nuevamente a los
ojos?
¿Quién tiene el derecho de violar las leyes internacionales?
¿Cuándo se hará justicia?
La confianza en el pueblo norteamericano de nobles valores y defensor
de las tradiciones familiares nos hace mantener la confianza en
un futuro mejor donde la verdad y la justicia levanten su voz. Por
favor, unan sus fuerzas para denunciar esta injusticia.
Adriana Pérez O'Connor, esposa de Gerardo Hernández