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Prisioneros del Imperio

Prisioneros del Imperio
  • Antonio Guerrero Rodríguez
  • Fernando González Llort
  • Gerardo Hernández Nordelo
  • Ramón Labañino Salazar
  • René González Sehwerert

Mensaje de cinco cubanos presos injustamente hace 10 años en cárceles norteamericanas

Señora presidenta:

Hace ya tres años que el Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de este organismo se pronunció por la ilegalidad de nuestro encarcelamiento e instó al gobierno de Estados Unidos de América a que diera los pasos para remediarlo. Para entonces, la burla a las leyes y a la más elemental decencia que es toda esta historia se aproximaba a su séptimo año.

Habían quedado atrás el encierro en solitario, el abuso a nuestros hijos, la manipulación de la evidencia, los chantajes a los testigos, un jurado atemorizado, la jueza cómplice y una ciudad convertida en un circo mediático; todo ello para proteger a los terroristas cuya amenaza motivaba nuestra presencia en territorio norteamericano. Como si la burla no fuera suficiente, uno de aquellos terroristas, identificado como tal por el relator de la ONU para el tema, llegó a mancillar este recinto como miembro de la delegación oficial de los Estados Unidos.

Tres años después de aquel honorable pronunciamiento la burla continua. Otro pronunciamiento de la Corte de Apelaciones, igual de sólido y honorable, ha sido enterrado en una maraña cómplice de turbios procedimientos. Los terroristas más letales del hemisferio occidental se añadieron a los que ya campeaban libremente y bajo entera protección por la ciudad de Miami. Nuestros hijos se hacen adolescentes y adultos lejos del calor de sus padres. Dos de nuestras esposas siguen sin poder visitamos y una de ella parece habérsele condenado a no ver a su cónyuge para el resto de su vida.

Se diría que a este augusto organismo, y a través de él las Naciones Unidas, están siendo sometidos por el gobierno más agresivo del mundo a una prueba de tolerancia.

¿Cuánto desdén le es permitido a la fuerza bruta?

¿Cuánto somos capaces de ceder en el terreno de los principios?

¿Cuánta dignidad aceptamos sacrificar a la ley del más fuerte?

¿Cuánto cinismo se requiere para revolver a nuestras conciencias?

Mientras la humanidad enfrenta el dilema de que el miedo y cierto concepto del pragmatismo se sigan manifestando en indiferencia, y en pasiva aceptación de la injusticia, nosotros, aún desde cinco cárceles norteamericanas, no dejaremos de llamar a que despierte y se rebele contra tanta impunidad la conciencia humana.

Le saludan,

Gerardo, Femando, Ramón, Antonio y René

 

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