Entrevista a José Pertierra
Tomado de la Revista Siempre, de México
27 de agosto de 2007
Pocas veces en la historia, la humanidad ha conocido un caso mayor de injusticia, de torcimiento de las leyes, de sevicia. Como el de Sócrates, condenado a beber la cicuta, acusado falsamente de corromper a la juventud. O el del coronel Alfred Dreyfus, condenado a largos años de cárcel por el delito de espionaje a favor de Alemania, mediante un procedimiento judicial con graves irregularidades, flagrantes contradicciones y groseras manipulaciones, todo orquestado desde la mismísima cúpula del poder en la Francia de entre los siglos XIX y XX.
En el caso del militar, la injusticia pudo ser reparada. Una opinión pública indócil al engaño logró saber que el anónimo informe de inteligencia que culpaba a Dreyfus fue celosamente ocultado a la defensa. Esta fue la base para liberar al artillero de la injusta prisión a que lo había enviado una conspiración antisemita fraguada desde los más altos niveles del poder.
Exactamente un siglo después del celebérrimo caso Dreyfus, la humanidad es testigo de una nueva y exhaustivamente documentada conspiración del poder para encarcelar no a uno, sino a cinco inocentes. No es ahora el gobierno francés el que acusa falsamente y oculta las evidencias de inocencia. Hoy el conspirador para torcer la justicia es el gobierno de Estados Unidos. Y hoy la quíntuple víctima no es un soldado judío, sino unos jóvenes cubanos que habían logrado infiltrarse en la mafia terrorista anticubana de Miami para conocer anticipadamente los planes de atentados terroristas contra su asediada patria.
Como al coronel Alfred Dreyfus, a los cinco jóvenes cubanos les ha sido negado el derecho al debido proceso y a un juicio imparcial, garantías judiciales que son base de la doctrina jurídica universal. Y como a la defensa de aquel artillero, al equipo de abogados de Los Cinco se les ha negado acceso al expediente que contiene las evidencias de su falsa inculpación.
“Los fiscales -dice el abogado José Pertierra, asesor de la defensa de Los Cinco, de visita en México- violaron el código de ética de la fiscalía, ocultando evidencias y prejuiciando a los jurados”. Recordemos -dice el doctor en derecho por la Universidad George Washington- estos tres puntos clave.
Primeramente, que de los más de 2 mil documentos confiscados a Los Cinco, ninguno tenía el carácter de clasificado; es decir, que se trataba de documentos públicos. Este solo hecho desmiente la acusación de que Los Cinco realizaban espionaje. En segundo término, que ahora, por gestión de los fiscales, esos 2 mil papeles han sido clasificados; es decir, que son ahora inconsultables por la defensa de Los Cinco. Y tercero, que la fiscalía prejuició a los jurados contra Los Cinco, diciendo, remarcando y remachando que pretendían destruir a Estados Unidos. ¿No es esta una diáfana muestra de violación al código de ética de la fiscalía? ¿Y no es esta una clara manifestación de conspiración para encarcelar por consigna a cinco inocentes?
Pero por si faltaran -dice Pertierra- muestras de la corrupción de la institución de la fiscalía en Estados Unidos, y de las maniobras desde la Casa Blanca para torcer la justicia, ahí están los casos emblemáticos de Lewis Scooter Libby y Luis Posada Carriles.
Libby, cercanísimo colaborador del presidente George W. Bush y del vicepresidente Richard Cheney, filtró a la prensa la información secreta de la identidad de una agente de los servicios de espionaje de Estados Unidos. Encontrado culpable del grave delito, Libby fue condenado a sólo unos cuantos meses de cárcel. Y no sólo eso: fue inmediatamente indultado por su ex jefe y amigo, el propio presidente Bush.
El caso Posada Carriles
Por su carácter de profundo conocedor del sistema judicial estadounidense, José Pertierra es, además de asesor de la defensa de Los Cinco, el representante de Caracas para tramitar y lograr la extradición de Luis Posada Carriles a Venezuela. Pertierra, educado en las universidades Loyola, Georgetown y George Washington, conoce, como se dice en México, el caso al dedillo. Y con serenidad no exenta de vehemencia, este culto abogado, nacido en Cuba hace 51 años, nos recuerda algunos de los más relevantes datos de esta perversión de la justicia estadounidense: Luis Posada Carriles ha confesado, pública y cínicamente, ser al autor intelectual del atentado contra un avión de pasajeros cubano que provocó la muerte de los 73 ocupantes del aparato. Fue juzgado y condenado por este crimen en Venezuela, pero se fugó de la cárcel, por lo que Caracas reclama su extradición.
Hace unos meses, como lo denunció públicamente el presidente Fidel Castro, Posada Carriles entró subrepticiamente a Estados Unidos. La denuncia produjo la detención del criminal. Una vez detenido, el gobierno estadounidense tiene, según la legislación internacional en la materia, tres únicas opciones. Una, la inexcusable obligación de procesarlo por terrorismo; dos, conceder la extradición solicitada por Venezuela; y tres, conceder la extradición a la República de Cuba, para que responda por la voladura de la aeronave cubana y por la muerte de un turista italiano en un atentado con bomba, asimismo ordenado por Posada, en un hotel de La Habana.
Pero Washington pretende eludir el cumplimiento ético y legal de esas obligaciones internacionales. Y para ello ha montado un circo: se niega a juzgar a Posada Carriles por terrorismo y, en cambio, procede a procesarlo por razones migratorias, con fines de deportación.
Washington quiere, evidentemente, protegerlo. Se trata de un criminal que se ufana de haber actuado siempre al servicio del gobierno de Estados Unidos. Y ante la parcialidad y la corrupción de la justicia estadounidense, los países interesados en que Posada pague por sus crímenes, sin abandonar el propósito de que Estados Unidos cumpla con sus obligaciones legales, han acudido en busca de justicia a distintos foros internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas y el Movimiento de los Países no Alineados.
¿Hay esperanzas de lograr la libertad de Los Cinco y la extradición de Posada Carriles -le pregunto, preocupado yo mismo- por el destino final de esta desigual lucha por la justicia?
La justicia está de nuestro lado. Las leyes y la ética también. Hay mucho por hacer en Estados Unidos y en los foros internacionales. Y lo que hay que hacer lo estamos haciendo. Miramos al futuro. Con optimismo y confianza. Nuestra moral es inclaudicable.