Diez años de infamia
Burdo como una mala película de suspenso, sádico y lleno de odio, el encarcelamiento político que desde hace una década sufren cinco antiterroristas cubanos es todo un alegato contra el sistema penitenciario y judicial de Estados Unidos.
Este 12 de septiembre se cumplen 1O años del arresto de Fernando González, Ramón Labañino, René González, Antonio Guerrero y Gerardo Hernández; los Cinco, como son conocidos dentro y fuera de Cuba.
Son víctimas de las mentiras, abusos y venganzas auspiciadas por el gobierno estadounidense para complacer al “lobby” anticubano de Miami, cuyos planes de sabotaje contra la Isla fueron muchas Veces frustrados por los cinco acusados.
Y aunque el Buró Federal de Investigaciones conocía que ninguno amenazó la seguridad nacional de Estados Unidos, procedió a los arrestos y desencadenó un proceso judicial marcado por el prevaricato y la politización.
De hecho, los acusados enfrentaron cargos que fueron levantados sin evidencias ni fundamentos, pero que pesaron en sus sanciones, pese a nunca haber sido probados durante el juicio.
Esta conjura derivó en varias condenas violatorias de las propias leyes norteamericanas, y el juicio fue cuestionado por la Asociación Nacional de Abogados Criminalistas de Estados Unidos, la Asociación Americana de Juristas y otros organismos jurídicos internacionales.
“Dime de qué alardeas... ...y te diré de qué careces”, reza un refrán qué retrata el doble rasero de Washington, que se ufana de combatir el terrorismo y de defender los derechos, humanos, pero se los viola a cinco cubanos sólo por proteger a su país de dicho flagelo.
Tal componenda demostró que los Cinco son presos políticos, pero Washington no los reconoce como tal y padecen en carne propia la represión física y psicológica del sistema carcelario de Estados Unidos, notorio por sus violentos métodos de sometimiento.
Permanecen aislados en prisiones de máxima seguridad, donde el “spray” de pimienta aplaca revueltas, y el “lockdown” o encierro masivo castiga a todos justos por pecadores.
Desde su arresto han sido sometidos a situaciones que violan las normas penitenciarias y los convenios internacionales contra los tratos crueles, inhumanos y degradantes. Tampoco podía esperarse otra cosa del gobierno que avaló las torturas de Abu Ghraib.
Para sublimar el sadismo, el Departamento de Estado les ha negado la visa a las esposas de René González y Gerardo Hernández, privándolos de un derecho que hasta los peores criminales tienen.
Amnistía Internacional protestó ante las autoridades norteñas por dicha medida, que consideró “innecesariamente punitiva y violatoria de las normas para el trato humano de los prisioneros”.
Y mientras la justicia sigue atascada entre tecnicismos legales y argumentos que se contradicen, los Cinco envejecen alejados de sus amores, pero alentados por la esperanza de regresar a una Patria que los considera héroes y no ceja en su lucha por rescatarlos.
(Cubaminrex-Embacuba México-La Jornada)