En las cárceles imperiales
Desde hace 10 años han sido encerrados en las cárceles del imperio cinco cubanos: Gerardo Hernández, Fernando González, Antonio Guerrero, René González y Ramón Labañino, condenados a cadena perpetua, torpemente acusados de conspiración para cometer asesinato que, en ninguna parte del proceso, pudieron probar. En realidad son presos políticos de Estados Unidos, sentenciados porque más que la justicia prevaleció el odio patológico a la Revolución Cubana.
Los jueces han cometido prevaricato, los fiscales consiguieron testigos falsos entre cubanos de las organizaciones mafiosas y contrarrevolucionarias radicadas en Miami, violaron todos los derechos humanos y nunca observaron las más elementales reglas del debido proceso.
Los cinco sufren una condena injusta, ilegal inhumana, cruel y despiadada. En la actualidad se les ha negado, inclusive, las visitas de sus esposas, de sus hijos, de sus madres.
El ensañamiento, simplemente es brutal a pesar de las protestas y solidaridades originadas en todo el mundo.
Los terroristas de la CIA gozan de libertad, pero los cinco cubanos que vigilaban a los terroristas para impedir que maten al pueblo cubano están presos. El absurdo jurídico es monumental y una demostración de la prepotencia y soberbia de quienes se dicen defensores de los derechos humanos y de las libertades.
El abogado internacionalista Leonard Weinglass decía:”Esos hombres han dedicado sus vidas a una noble lucha y a una causa justa”, sin embargo, están presos. El juez chileno Juan Guzmán expresaba que Los Cinco son inocentes y estimó que el Gobierno de Estados Unidos está políticamente interesado en condenarlos.
Hace pocos días, Fidel Castro sostenía: “Hace falta un mínimo de filosofía sobre la necesidad de la modestia. Hay vacas sagradas que pretenden equiparar a nuestros Cinco Héroes, brutalmente separados de su patria y de sus familiares más cercanos e íntimos, con los mercenarios justamente sancionados por traidores y nunca sometidos a ultrajes personales e inhumanos”. A 10 años de injusta prisión, sólo la solidaridad internacional, podría detener tanto ultraje que ofende la conciencia humana. (Cubaminrex- Embacuba Ecuador-La Hora)