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Intervención del co. Alejandro González Galiano, a nombre de los Embajadores cubanos en el Acto de Juramento en el Memorial José Martí el 8 de agosto de 2009.

• Compañero General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
• Compañero Ricardo Alarcón, Miembro del Buró Político y Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular
• Compañero Rodrigo Malmierca, Ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera.
• Compañero José Martí, Jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista de Cuba
• Compañero Bruno Rodríguez, Ministro de Relaciones Exteriores.
• Compañero Juan Carlos Hernández, nuestro valiente embajador en Honduras.
• Compañeros Viceministros y Miembros del Consejo de Dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores.
• Colegas Embajadores
• Familiares y otros invitados
• Compañeras y compañeros

Nuevamente nos corresponde a un grupo de trabajadores el honor de tomar juramento como Embajadores de Cuba, en vísperas de partir a cumplir el honor deber de representar a la nación cubana, a su aguerrido pueblo y a la Revolución socialista iniciada en enero de 1959.

Lo hacemos conscientes de la alta responsabilidad que entraña y de que contraemos un compromiso tanto profesional, como político, ideológico y moral. Ser representantes de Cuba, nos obliga con los valores más profundos de nuestro pueblo, con la custodia indoblegable de la independencia, con el legado de sacrificio y heroísmo de generaciones de cubanos, con la lucha incesante en defensa de la justicia, y con la promoción de la solidaridad y el internacionalismo.

Nos compromete también con la lucha a favor de un mundo mejor, con la causa de los pueblos oprimidos y con la batalla contra el imperialismo. En su carta de despedida al Comandante en Jefe, el Che enfatizó su identificación con los principios de la política exterior de la revolución cubana y sentenció como el “más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté”. Ese deber sagrado, es el nuestro; y la diplomacia, es el arma que hoy nos asignan.

Asumiremos nuestras responsabilidades en una coyuntura de crisis, que pone al descubierto con peculiar crudeza las contradicciones e injusticias de un orden económico internacional insostenible e inequitativo, provocado por un sistema capitalista agotado y en agonía, que ha renovado el debate político e ideológico internacional, del cual Cuba no está ni puede estar ajena.

Nuestra región, aquella con la cual compartimos las más íntimas raíces, tanto de historia y cultura, como de opresión y resistencia, vive un momento político singular. Como pocas veces, se han agudizado las profundas contradicciones entre las ansias de justicia y libertad de los pueblos por un lado, y los intereses de las oligarquías y el gran capital transnacional por el otro. Se trata de un proceso histórico que nos involucra, y con el cual inevitablemente se nos identificará en cualquier rincón del mundo.

Es una coyuntura de vibrante contradicción entre la reacción y el progreso en América Latina y el Caribe; y es un momento revolucionario que no se puede ocultar, que ha dado lugar a formas de interacción, de cooperación, de solidaridad y de integración entre nuestras naciones como lo soñaron nuestros libertadores y con el cual ha estado identificada la Revolución cubana desde sus orígenes. Fue esa la visión de Martí y ha sido el empeño de nuestro Comandante en Jefe.

La batalla de la política exterior es una batalla que incluye el debate de las ideas, de difusión de la información y el esclarecimiento de las posiciones. Esta es una de las responsabilidades más desafiantes de nuestra diplomacia. Enfrentamos en ella a poderosas maquinarias de propaganda y desinformación, que cuentan con recursos y herramientas imposibles de igualar, pero finalmente impotentes frente a la verdad que defendemos.

Comprendemos el reto y conocemos la multiplicidad de frentes en los que nos corresponde representar al país de la intensa actividad que debemos desplegar y de las difíciles condiciones en que desempeñaremos nuestra labor. Las severas implicaciones para el país de la crisis económica global, junto al más leal compromiso con los recursos del pueblo, nos obligan a actuar con austeridad, con presupuestos ajustados y con el mayor celo y rigor en el uso y control de éste.

Nuestra labor, en cualquier rincón del mundo, incluye como deber de primer orden la lucha por liberar a nuestros Cinco Héroes que cumplen injusta prisión el los Estados Unidos. Es una tarea esencialmente política y de movilización de la opinión pública, de apelación a los más puros sentimientos de justicia y de solidaridad. En nombre de los compañeros que hoy tomamos juramento, ratifico el compromiso de no cejar en ese empeño

Otra vez volvemos a este lugar sagrado para los cubanos, a jurar lealtad y servicio humilde a Cuba y a la humanidad.

Sabemos que la condición de Embajador de la República de Cuba, con que se nos inviste hoy, no es un galardón, ni un cargo de representación en la vida profesional de cada uno de nosotros; se nos envía a dirigir embajadas revolucionarias y la historia de Cuba nos enseña con contundente elocuencia que nunca hubo jefe verdadero que no fuera el primero en defender la patria, que no fuera una sola pieza de alma y corazón, que dejara escapar de sus labios palabras que no fueran honestas y mucho menos que esas palabras fueran traicionadas con sus actos.

Al asumir las responsabilidades que nos asignan, reiteramos, junto a los familiares que nos acompañan, nuestro apego al sacrificio, la modestia y el esfuerzo personal; nuestro rechazo al acomodamiento, las prebendas o la ambición; nuestra fidelidad a los mártires de la Revolución y a los principios por los cuales dieron sus vidas, así como nuestro deber con la Patria, con el pueblo que representamos, con el ideario de Martí, la guía imperecedera de Fidel y el liderazgo de Raúl y de la dirección histórica de la Revolución que fue la que nos condujo hasta aquí junto a nuestro heroico pueblo, para que podamos hoy tener a Cuba libre.

¡Viva Fidel!
¡Viva Raúl!
¡Viva el Partido Comunista de Cuba!
¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!
(Cubaminrex)

 

 

 

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