A 30 AÑOS DEL ASESINATO DE CARLOS MUÑIZ VARELA
"Cada día mi papá está más vivo en la gente que lo quiere"
JEAN-GUY ALLARD
"Con el paso del tiempo, empecé a preguntar y a sentirme intrigada de por qué yo no tenía un papá como mis amiguitas..." Yamaira Muñiz Pérez tenía apenas un mes de nacida cuando fue asesinado Carlos Muñiz Varela, hace precisamente treinta años, el 28 de abril de 1979, en Puerto Rico, por terroristas cubanoamericanos.
Nacido en Cuba y llevado a Estados Unidos a la edad de 7 años, en la criminal Operación Peter Pan, Carlos fue tiroteado desde un carro en marcha mientras se dirigía a casa de su madre y murió dos días más tarde. El joven cubano dirigía entonces la Agencia de Viajes Varadero, en la capital puertorriqueña, y se dedicaba a organizar visitas de emigrados a Cuba en el marco de un proceso de acercamiento político rechazado por la mafia miamense.
"A mi padre lo asesinaron cuando yo apenas tenía un mes de nacida", recuerda Yamaira. "Mi hermano, Carlos, tenía entonces cinco años".
¿Cómo supiste de las circunstancias de este crimen?
Evidentemente, los recuerdos que tengo son los que he ido atando, como un rompecabezas, de las historias que mi familia me ha contado, de los artículos de periódicos que reseñaron el asesinato y de un video que hay del entierro, y que lo vine a ver hace apenas dos años más o menos. La verdad es que cuando lo vi me impresioné y emocioné mucho. No tan solo por el cariño, las muestras de respeto y la solidaridad de familiares, amigos, vecinos y compañeros, sino por el sufrimiento y la indignación que expresaban los rostros de mi mamá y de mi hermano. Hoy asumo la muerte como un proceso natural de la vida, pero no sé cómo hubiese reaccionado ante la muerte injusta de mi padre. Por eso, cada día que pasa, admiro más la entereza de mi madre y la valentía de mi hermano.
¿Qué te contó tu madre de estos terribles momentos? ¿Cómo pudo enfrentar tal tragedia, con dos hijos tan pequeños?
Bueno, ella me cuenta que estuvo llorando la muerte de mi papá por varios años. Se iba al balcón, a recordarlo, hasta que un día dijo: "¡Basta!". Creo que fue el momento en que ella lo asumió y decidió recordar a mi padre siempre vivo, en mí y en mi hermano. Dios le dio mucha fortaleza y logró sacarnos, ella sola, a mi hermano y a mí, hacia adelante. Muchas personas que fueron amigos de mi padre y conocen a mi madre me dicen que ha sido una luchadora inalcansable y que admiran mucho su vitalidad y su generosidad.
¿Cuando supiste de las repercusiones políticas del atentado?
Con el paso del tiempo, cuando fui creciendo, empecé a preguntar y a sentirme intrigada de por qué yo no tenía un papá como mis amiguitas. Entonces, mi familia, poco a poco, fue explicándome lo que había pasado y me enseñaban toda una recopilación de documentos, artículos de periódicos y fotos de mi papá, para que lo entendiera mejor. En ese momento, aprendí lo que era un atentado, lo que era la mafia, lo que era la extrema derecha cubana, lo que significaba la palabra "gusanos" (y a quiénes representaba); empecé, también, a leer un poco sobre quiénes eran los asesinos y los motivos irracionales que tuvieron para asesinar a mi papá. Entonces, fui creando conciencia de la injusticia que se había cometido y de que esto no podía quedar impune.
¿A qué edad te diste plenamente cuenta de lo irremediable de lo que había pasado?
No recuerdo exactamente a qué edad, pero yo creo que fue justo en el momento en que asumí que a mi padre lo asesinaron cobarde y vilmente.
¿Cuándo supiste que los autores del crimen eran terroristas? ¿Qué pensamientos tuviste entonces?
Cuando leí un artículo del periódico La Crónica, donde aparece en la portada el jefe militar del comando Omega 7, llamado "Zeta", disfrazado como todo un samurai, bajo el título: "No permitiremos que el diálogo avance" "Dinamita: único idioma con el que vamos a dialogar". Además, de las diversas bombas que la extrema derecha cubana puso en la agencia de viajes, Viajes Varadero, y las amenazas de muerte, a través de llamadas telefónicas a mi casa. Definitivamente, eran seres violentos y cobardes. Estos sí que eran terroristas y mafiosos.
Otra forma en que supe que se trataba de terroristas sin escrúpulos y provocadores fue cuando mi tía me contó que el autor intelectual del crimen, Julito Labatud, quien pagó 25 000 dólares por la cabeza de mi papá, llevó, personalmente, y de manera desafiante y provocadora, un arreglo floral a la funeraria donde velaban a mi padre. Cabe señalar que este señor era dueño de una floristería. Entonces, me cuenta mi tía que cuando Raúl Alzaga desenredó la cinta que traía el arreglo, ésta decía: "Descansa en paz, hijo de...". No nos cabe la menor duda que este tipo de acciones las realizan los mafiosos y los terroristas más poderosos.
¿Cómo puede ser que treinta años después no ha sido dicha toda la verdad?
La verdad es que en estos treinta años lo que ha habido es una falta de voluntad política de parte de los gobernadores de Puerto Rico y los secretarios de Justicia que, teniendo la oportunidad de ordenar el esclarecimiento del caso, con todas las evidencias que se han ido recopilando (grabaciones, testimonios, etc.) se han hecho de la vista larga. Además, las personas involucradas en el asesinato de mi papá son y eran personas muy poderosas que han callado la boca de muchos con dinero y amenazas.
¿Cómo puede ser que el FBI tiene indicaciones precisas, incluso sobre la complicidad en este asesinato de personajes que siguen vivos en Miami, y sin embargo no actúa?
¡Qué se puede esperar de una agencia como esa! Ellos son los primeros cómplices del asesinato de mi padre. ¡Cómo es posible que una institución tan poderosa como el FBI, que se jacta de ser pionera en esclarecer la verdad y la justicia, no hayan entregado, a estas alturas, documentos esenciales para esclarecer el caso! ¿Cuántas personas habrá detrás de la negativa del FBI a entregar estos documentos? ¿A qué le temen? En verdad, tengo más preguntas que respuestas.
¿Tienes esperanzas de que a fuerza de manifestaciones de solidaridad la verdad llegue a triunfar?
Las muestras de solidaridad y apoyo siempre han estado y estarán con nosotros. Yo creo que la verdad va a triunfar cuando exista la voluntad política de resolver el asesinato de mi padre para que no quede impune.
De todos modos, el triunfo más grande que hemos obtenido a pesar de la ausencia física de mi papá, es que cada día está más vivo en la gente que lo quiere y que lo recuerda, mientras que sus asesinos, con la conciencia sucia, caminan derrotados; como muertos en vida.