Tomado de Granma,
3 de junio de 2005
Al intervenir en la primera jornada del Encuentro, Hebe de Bonafini levantó varias veces al auditorio con su verbo encendido y sus convicciones.
Es una de las líderes de las Madres de la Plaza de Mayo. Todos los jueves, desde hace 28 años, se reúnen en ese céntrico punto de la capital argentina para que se sepa el destino de los hijos desaparecidos.
"Entonces no sabíamos nada, ni siquiera si nuestros hijos estaban comprometidos con la lucha. Luego empezamos a escuchar de la Operación Cóndor y nos dio por investigar. Conocimos que los represores se formaban en la Escuela de las Américas, organizada por Estados Unidos, para combatir a los revolucionarios; y que se había creado la Alianza Anticomunista Argentina para matar a nuestros hijos. En nuestro país funcionaron 64 campos de concentración, porque pensaron que ellos eran terroristas. Todo instigado por Estados Unidos, como lo han hecho con Iraq: tratar de acabar con todo un pueblo".
Hoy Hebe siente que de la angustia de aquellos días iniciales el movimiento de las madres ha pasado a la acción, a la realización de un sueño de liberación social efectiva: "Y estamos orgullosas de tener hijos revolucionarios y por eso los reivindicamos. Mi hijo me dijo: `Mira, mamá, lo que importa es para lo que uno vive'; y ellos dieron su vida por un país, por un mundo mejor, y no son cadáveres, y están aquí hoy con nosotros.
"Las madres —expresó desde la más profunda emoción—no vamos a abandonar la lucha, pues mientras haya un solo niño que se muere de hambre, no hay democracia. Todo lo contrario a lo que sucede en Cuba, donde ningún niño se muere de hambre".