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El caso de José Couso

Por Pedro de la Hoz
Tomado de Granma
6 de junio de 2005

José Couso, periodista español del canal Tele 5, murió asesinado por los invasores norteamericanos en Bagdad. El cañonazo que hizo estallar su cuerpo y el del camarógrafo ucraniano Taras Prosiuk, de la agencia Reuters, fue disparado a conciencia. Las secciones G-2 (Inteligencia) y G-3 (Operaciones) de las fuerzas agresoras sabían que en el hotel Palestina se albergaban periodistas y que estos, en aras de reflejar una información objetiva, no seguían el guión dictado por el Pentágono para reportar la guerra.

Javier, uno de los hermanos de José, estuvo en La Habana no solo para denunciar el crimen, sino para poner en evidencia todos los crímenes que los Estados Unidos y sus aliados cometen como parte de la aberrante filosofía de la guerra preventiva.

Cuando intervino este último fin de semana en el encuentro internacional Contra el terrorismo, por la verdad y la justicia, sus palabras calaron hondo. Pocas semanas antes, Javier viajó a Iraq, recorrió la ciudad mártir de Fallujah —devastada en un 70% por la salvaje arremetida de los ocupantes— y supo de la lucha de un pueblo por aferrarse a la vida en medio de tanta muerte. Y de todo ello lo contó, con sintética elocuencia, a los presentes en el foro de la capital cubana.

Al escucharlo, recordé las razones que más de una vez ha expuesto para que se haga justicia en este y otros muchos casos de víctimas del terrorismo norteamericano: "Lo que buscamos es que se acabe la impunidad, más en un país como los Estados Unidos, que va por el mundo hablando de libertad, de democracia, para luego hacerse intocables, que nadie les pueda juzgar. Sabemos quiénes son, tenemos todas las pruebas, sus propias declaraciones autoinculpatorias y no se les puede juzgar. ¿Por qué? Hasta en los códigos de justicia militar existe este delito, el crimen de guerra. Incluso aunque hubiera sido un error, como llegaron a decir y que no es en lo absoluto este caso, deberían investigarlo. Tú tienes un error en la conducción de un auto y tienes que ir a juicio, como si hubieras roto un coche. Pues eso: en este caso lo que se ha roto es una vida".

Todas las semanas, Javier y muchas otras personas desfilan un día frente a la Embajada de EE.UU. en Madrid. No quieren venganza, sino justicia, Y crear conciencia para que la filosofía del terrorismo sea erradicada.

"Todos somos iraquíes", dijo convencido de que esa frase sería interpretada en su más precisa dimensión, que apunta a la posibilidad de que los seres humanos, vivan donde vivan, sean víctimas de las prácticas homicidas del imperio. Pero también lo dijo a sabiendas de que los hombres y las mujeres de este mundo son capaces de resistir y vencer a los gestores del terror.

Por eso lo comprendimos cuando manifestó sentirse hijo de las Madres de la Plaza de Mayo, hermano de las 73 víctimas del avión saboteado frente a las costas de Barbados, familiar de los Cinco Héroes cubanos prisioneros en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo.

Por eso sentimos a José, su hermano de sangre, renacido en el encuentro de La Habana.

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