Por Sven Tarp, de la Dirección Nacional del Partido Comunista Danés
Tomado del diario Arbejderen, de Dinamarca
25 de abril de 2007-04-26
(traducción no oficial)
La semana pasada, la jueza Kathleen Cardone, de El Paso en Texas, puso en libertad al terrorista Luis Posada Carriles con una fianza de 350.000 dólares. De esta manera, tanto el sistema judicial como el gobierno de EE.UU. se han cualificado para la primera división de hipocresía y duplicidad.
Luis Posada Carriles no es un señor cualquiera. Tiene una larga lista de pecados cometidos de tipo terrorista. Hoy en día, una parte de esta lista está documentada gracias a los documentos desclasificados de la CIA y la FBI, entre otras.
Posada Carriles fue uno de los 1.500 mercenarios que en el mes de abril de 1961 participaron en la fracasada invasión, dirigida por los EE.UU., en Playa Girón en Cuba.
En los años posteriores trabaja como agente tanto de la CIA como de la DISIP venezolana. Se especializa, entre otras cosas turbias, en actividades anti-cubanas y acciones terroristas contra el pequeño país caribeño.
En 1976 es uno de los organizadores del atentado contra un avión civil cubano con 73 pasajeros que es derribado con una bomba sobre las costas de Barbados.
Como consecuencia de esta barbaridad, Posada Carriles es detenido y procesado en Venezuela de donde huye en 1982 -antes de terminar el juicio- ayudado por la CIA.
A continuación, Luís Posada Carriles participa en el difamado escándalo de Iran-Contra-Gate y en la organización de escuadrones de muerte en Centroamérica.
En 1997 es en instigador intelectual de una serie de bombas contra hoteles en La Habana que, entre otras cosas, matan al joven turista italiano Fabio de Celmo.
En 2000 vuelve a ser objeto de atención, esta vez en Panamá donde planifica matar al presidente de Cuba, Fidel Castro, con una bomba de 10 kg durante un discurso en un auditorio lleno de estudiantes.
Sin embargo, el mismo Fidel Castro denuncia los planes, y Posada Carriles y tres de sus cómplices son detenidos en Panamá. No obstante, en 2004 son indultados por la corrupta presidenta Mireya Moscoso pocas horas antes de esta deje su puesto y huya del país después de hacer un acuerdo de varios millones de dólares con los EE.UU.
Con tal lista de pecados cometidos –que seguramente también incluye muchos otros crímenes en Cuba, América Latina y los mismos EE.UU.- no es extraño que a Luís Posada Carriles le hayan dado el apodo de «Bin Laden de América Latina».
En 2005, Posada Carriles vuelve a entrar en los EE.UU. Inmediatamente después, el presidente de Cuba, Fidel Castro, documenta en la televisión cubana su entrada y estancia en los EE.UU. y exige que sea encarcelado por sus crímenes. El presidente de Venezuela, Hugo Chavez, sigue en la misma línea.
Al principio, las autoridades estadounidenses niegan la entrada de Posada Carriles. Pero como el mismo Posada Carriles no hace mucho para esconderse, a los pocos días las autoridades se ven forzados a admitir la presencia del visitante poco conveniente.
Después de un poco de tira y afloja, Posada Carriles vuelve a la cárcel, por la primera vez en la tierra prometida de su patrono. Allí se ha quedado hasta que la jueza Kathleen Cardone la semana pasada le puso en libertad. Ahora sólo está acusado de entrar en los EE.UU. de forma ilícita.
En este momento, Posada Carriles se encuentra junto con su novia en su casa (sic) en Miami.
Que Posada Carriles haya cometido acciones terroristas en Cuba, América Latina y Estados Unidos, no es un postulado que sólo viene de países, como Cuba y Venezuela, que no le caen bien al gobierno de EE.UU.
El mismo Posada Carriles, en varias ocasiones, ha sido indiscreto sobre sus hazañas. Además, en documentos desclasificados de la FBI y la CIA se puede encontrar una amplia documentación de sus actividades terroristas.
Que la jueza Kathleen Cardone optara por hacer caso omiso de tal documentación constituye otro escándalo que contribuye a desacreditar el sistema judicial norteamericano como un sistema donde el dinero y la influencia política dominan sobre los párrafos de la ley.
La puesta en libertad de Posada Carriles no solamente constituye una violación de la legislación estadounidense en general sino también de la «Estrategia Nacional en la Lucha contra el Terrorismo» aprobada por la Casa Blanca después del atentado terrorista en septiembre 2001.
En el párrafo 15 de esta estrategia se dice explícitamente «el Estado que acoja, ampare o dé protección a un terrorista, es tan culpable como el terrorista mismo y debe rendir cuentas sobre ello».
O sea, según las palabras de la misma Casa Blanca, tanto el Estado norteamericano como la jueza Cardone deben rendir cuentas después de la liberación del terrorista internacional Luís Posada Carriles.
Si por una u otra razón al gobierno de Bush no le gustara procesar a un anterior (o quizás actual) empleado de la CIA, podría haber optado por otra solución lógica, es decir, su extradición a Venezuela.
Ya hace tiempo que el gobierno de Venezuela, de manera oficial, ha solicitado la extradición de Posada Carriles, que tiene nacionalidad venezolana, para su enjuiciamiento por el atentado contra el avión cubano en 1976. Sin embargo, el gobierno norteamericano ha ignorado esta solicitud de extradición a pesar de que los EE.UU ha firmado, con Venezuela, un acuerdo de extradición de criminales.
La negativa de EE.UU. de enjuiciar o extraditar a Luís Posada Carriles constituye, también de otra manera, una violación de la ley internacional.
El Convenio de Montreal de la ONU, de 1971, trata de la supresión de actos hostiles contra la aviación civil. En su párrafo 7, obliga a los estados firmantes, o a juzgar al acusado de cualquier actividad contra la aviación civil, o a extraditarlo a un tercer país que lo reclame
El presidente de Venezuela, Hugo Chavez, ya ha informado que su país solicitará a la ONU para que investigue si los EE.UU., en el juicio contra Posada Carriles, ha violado la ley internacional.
Si Bin Laden o uno de sus colaboradores fuera detenido y posteriormente puesto en libertad en países como Irán y Siria, internacionalmente se pondría el grito en el cielo.
Los grandes medios de comunicación de Europa y Dinamarca prepararían de inmediato sus primeras páginas para acusar a los dos países de complicidad en el terrorismo. Y tanto el gobierno danés como los gobiernos de los demás países europeos no dudarían en mandar sus protestas más enérgicas a los gobiernos de Irán y Siria.
Sin embargo, la puesta en libertad del Bin Laden latinoamericano no ha suscitado reacciones de tal tipo. «Más vale bien callar que mal hablar» parece ser la consigna en este caso.
De esta manera, la prensa danesa y europea muestra, una vez más, en qué consiste el verdadero contenido de la tal celebrada libertad burguesa de expresión y de prensa: la libertad para callar y manipular.
Y de igual forma, los gobiernos europeos muestran, una vez más, su falta de capacidad y voluntad de condenar, o sencillamente criticar, las acciones del Tío Sam.
Y para el gobierno danés es aún más vergonzante ya que sólo unos días después de la puesta en libertad de Posada Carriles recibe –bajo formas supuestamente «privadas»- a otro futuro terrorista internacional, o sea Caleb McCarry que ha sido nombrado y empleado por el Gobierno de Bush para encabezar el violento desmontaje del sistema socialista en Cuba.
El Partido Comunista Danés quiere manifestar su más profunda solidaridad con todas las víctimas de los crímenes del terrorista Luis Posada Carriles y con todos sus familiares.
Hace solamente dos semanas, una delegación del Partido Comunista Danés visitó Cuba donde, entre muchas otras personas, saludamos al hijo de uno de los pilotos del avión cubano derrumbado por una bomba en 1976. Hoy es director de un teatro de niños que hace pocos años visitó a Dinamarca.
Para poder volver a mirar a los ojos de él y de los demás familiares y víctimas sentimos que es nuestro simple deber ético protestar contra la puesta en libertad de Luís Posada Carriles.
Exigimos al gobierno de EE.UU que o lo enjuicie por sus crímenes o lo extradite para su enjuiciamiento en Venezuela.
Exigimos al gobierno danés que proteste ante el gobierno norteamericano por la puesta en libertad de un terrorista internacional.
Y hacemos un llamamiento a la prensa danesa para que muestre un mínimo de vergüenza y ética.